Justo cuando estaba estudiando la forma de matar a otras persona sin ser capturado por la justicia de los hombres se dio cuenta de lo ridículo que es asesinar cuando se empieza a vislumbrar la verdad. Y he aquí que de experto en el arte de matar cual ministro de la muerte experimenta un cambio de conciencia que le hace desear con todas sus fuerzas el ministerio de indicar a cuantos le rodean la dirección en la que deben mirar para romper sus cadenas. Pero... se da cuenta de otra cosa: las palabras de los hombres, a la hora de describir la verdad, son tan burdas como burdo es el intento de viajar a la luna a bordo de un barco.
Este hombre está en el barco y en la luna. Quiere que montemos con él para llevarnos a la luna. ¿Podrá?
Vayamos...
"Hemos estado en la cara oculta de la luna.
Todo cuanto pueda pasar en la tierra, por málo que sea, pasará sobre el cuerpo del cual forman parte los humanos.
Cuando salimos al expacio exterior y nos ponemos en órbita a la madre la seguimos viendo. Cuando nos alejamos más nos damos cuenta de su fragilidad, belleza y... el enorme expacio que se extiende en todas direcciones. Pero miramos a ella y nuestro corazón late de júvilo.
En la cara oculta de la luna no vemos a la madre. Vemos un expacio carente de ella. Ahí... en ese silencio, en esa soledad absoluta hemos estado. Y ahí comienza un nuevo paso hacia el camino que nos hace dioses."






