Los cargo cults son unos movimientos religiosos aparecidos en las sociedades tribales de varios lugares de Oceanía —Nueva Guinea, Melanesia y Micronesia— durante el encuentro de dichas sociedades con otras mucho más avanzadas tecnológicamente.
Aunque existen diversos cultos de este tipo, tal vez el más conocido sea el movimiento de John Frum de la isla de Tanna en la república de Vanuatu, que sigue vigente hoy en día. El mismo nombre de John Frum es una incógnita, ya que ni siquiera se sabe si existió una persona de ese nombre, y su etimología tampoco está muy clara. Según las fuentes que consultes apuntan a que puede tratarse de una corrupción de John From America, por habérselo oído a los soldados norteamericanos estacionados en la isla durante la Segunda Guerra Mundial, o bien de John From Jesus Christ, nombre dado a Juan el Bautista. Sea como fuere, sus seguidores esperan el retorno de John un 15 de febrero, aunque no saben de qué año, para traerles de nuevo el “cargamento” de bienes materiales que les devolverá la riqueza y la prosperidad.
Para propiciar el retorno del “cargamento” los nativos copiaron el comportamiento de los soldados norteamericanos. Estos, desde el punto de vista de los nativos, no hacían nada de provecho y, sin embargo, los dioses les enviaban aviones llenos de mercancías continuamente. Así que, dedujeron, el dedicar el tiempo tras una mesa de despacho a mover papeles, el hablar por una radio, construir instalaciones militares o el hacer instrucción debían de ser por fuerza poderosos rituales que satisfacían a los dioses.
Así no nos sorprende que los fieles marchen en formación con rifles de madera al hombro cada 15 de febrero para agradar a sus deidades. O que hayan construido pistas de aterrizaje para los aviones con torres de control y antenas de radar hechas con bambú. O que hablen con unos cocos como auriculares con los dioses a través de “aparatos de radio” que no son más que una caja de madera.
Podemos pensar que se trata de gentes atrasadas e ignorantes y que, obviamente, ni los dioses de esta gente ni ningún otro va a mandarles ningún “cargamento” en respuesta a sus extravagantes ritos. Por supuesto. Igualito que debemos pensar de los que se dan de cabezazos con un muro, los que se flagelan por las calles, los que —ellos se lo pierden— no comen jamón ibérico.




