Vulgo: Dime, Misántropo, si en verdad sabes de filosofía, ¿qué seré yo después de la muerte? Respóndeme sin tus acostumbrados sofismas, de manera clara y precisa.
Misántropo: Me produce un ingente asco conversar contigo pero contestaré a tus preguntas por única ocasión. Una vez que mueras serás todo y nada.
Vulgo: ¡Aquí vas de nuevo! Como no lo sabes respondes con una contradicción. La trampa está servida.
Misántropo: Eres un imbécil. ¿No comprendes que a cuestiones trascendentes, o sea aquellas que escapan a nuestro entendimiento, el lenguaje inmanente creado por el hombre sólo puede conducir a contradicciones? En verdad me causas repugnancia.
Vulgo: Según tú, el conocimiento inmanente es el que está dentro del mundo, y el trascendente es el que se encuentra fuera de él. ¿Lo he entendido correctamente?
Misántropo: Es una forma simplísima de deducirlo pero sí, es verdad lo que dices, añadiría aún que el conocimiento trascendente sobrepasa el campo de la experiencia y aspira a determinar la esencia de las cosas tal y como ellas son en sí mismas; el conocimiento inmanente, en cambio, es el que se mantiene dentro de los límites de las posibilidades de la experiencia. Ahora bien, tú, en cuanto individuo, no tienes la menor importancia para la especie, pues eres una mera manifestación de ella de la más baja categoría; pero, como tu individualidad desaparecerá con tu muerte, te conviertas en la “nada”. Sin embargo, tu esencia, que es la de todos los humanos, se mantiene invariable, por eso también eres parte del “todo”, es decir de la humanidad en su conjunto.
Vulgo: ¡Pues no te creo nada! Yo soy inmortal, me lo dijo ese sacerdote que ves allí sentado predicando la palabra de Dios a mis hermanos. No daría un céntimo por toda esa retahíla de sandeces metafísicas, afortunadamente yo tengo mi religión, que me consuela y me alienta a ser una buena persona, caritativa, tolerante y afectuosa.
Misántropo: ¿Consideras, pues, tu individualidad tan agradable, perfecta e incomparable que no podría haber ninguna otra mejor, y por eso no querrías cambiarla por ninguna otra ni siquiera si de esta otra se pudiese afirmar que la vida con ella pudiera ser mejor y más fácil?
Vulgo: Yo quiero existir, eso es lo único que me importa, y no me interesa si cuando muera me sobreviven diez millones más de personas.
Misántropo: ¡Pedazo de mierda! Mira a tu alrededor, lo que grita “yo quiero existir” no eres sólo tú, sino todo, absolutamente todo lo que tiene una mínima porción de consciencia. Imagina al hombre más desgraciado, uno que viviese hundido en la miseria, enfermo, sin amigos ni familiares, sin posesiones, sin haber conocido el amor, y sin la menor esperanza de que suerte cambiara, ¿no gritaría contigo exactamente lo mismo? ¡Imploraría alzando las manos por prolongar su desgracia existencial!
Vulgo: Me parece que estabas haciendo una descripción de ti mismo Misántropo.
Misántropo: Chilla y vocifera todo lo que quieras maldito tronco sin inteligencia. Sólo la reflexión podría ayudarte a comprender mis palabras pero eso está muy lejos de tus posibilidades. Tampoco podrías admitir que la individualidad no es una perfección, sino una limitación: por eso liberarse de ella no es una pérdida sino una ganancia. Si en verdad conocieras el auténtico valor de tu vida te percatarías de lo pueril y extremadamente ridícula que es.
Vulgo: Pueril y extremadamente ridículo eres tú y todas tus tonterías. Sólo para pasar el tiempo y para no aburrirme me atreví a interrogarte, ahora me voy porque sigue mi turno para confesarme con el señor sacerdote. Tienes suerte de que un hombre ecuánime como yo haya soportado pasar un cuarto de hora con un loco como tú. Tengo cosas más importantes que hacer, me voy.
Misántropo (para sí mismo): Sólo la violencia o la religión pueden tener influencia sobre el vulgo.




