De entrada, Monike, la palabra "diferente" es subjetiva.
Yo, por ejemplo, tildaría de diferentes a personas con dos cabezas, cuatro brazos y seis piernas, ¡reconocerás que más diferente no se puede ser! y, sin embargo, resulta que puede que solo haya un cromosoma por diferencia.
Pero dado que lo normal y que nos iguala es que tengamos una sola cabeza, dos brazos y dos piernas, o sea, que seamos genéticamente similares, entonces empiezo a hacer diferencias en formas de comportamiento.
No acostumbro a prejuzgar a nadie por apariencia, con frecuencia he podido comprobar en carnes propias que una persona vestida de Gucci no es mejor persona por haberse comprado un traje que está fuera de mi alcance económicamente, como tampoco es peor persona aquel que viste de "emo" o de "gótico", ni tan siquiera es peor persona aquel que se viste de baratillo. A mí la única información que me transmiten cada uno de ellos es su poder adquisitivo o que tienen tendencias diferentes, muchas veces vinculadas a la rebeldía de pertenecer a la "masa" (en los dos últimos casos, claro, en el primero puede permitirse vestirse de lo que quiera y no pertenecer, ya no a la masa, sino a la plebe).
Lo que sí me lo transmite es el trato con la persona, o tener que ser testigo involuntario de su evolución. Y de ahí, Monike, que una persona que intente transmitirme, y transmitir, una imagen de santurrona virginal, me pone completamente en alerta porque, la verdad, los únicos santos que conozco están muertos hace siglos y canonizados por la Iglesia.
Nota: Entiende que estoy hablando con eufemismos.











