Con el tiempo esa sensación de gozoso miedo fue desapareciendo, sin que ni siquiera los cuentos de la abuela ni los vientos impetuosos que agitaban las ramas de la higuera lograran hacérmela recuperar. Es lo malo de crecer.... Más adelante yo mismo empecé a urdir historias y cuentos, aunque casi nunca los escribí ni los conté de miedo, supongo que consciente de que jamás superaría a los de mi abuela.
¿Y a vosotros? ¿Os contaban también de pequeños cuentos e historias de miedo? ¿Os fascinaban tanto como a mí?






Pero mira que tiene sombra esta Shari. Un beso, ratita 







adornados por una puesta en escena trabajadísima, con "voces" de ultratumba que nos levantaban de la cama y acababan en risas, cuando habían conseguido que el miedo nos causara verdaderas crisis de histeria. Normalmente, al final, las bromas terminaban bien, con conciliadores gestos y abrazos entre "asustadoras" y "asustadas"



Yo los años que he pasado en un internado no viví situaciones de miedo, el colegio era nuevo y muy moderno, lo que tal vez dába menos pié a historias escabrosas, además por la noche una monja dormía con una ventanita de su habitación abierta hacia nuestro dormitorio y nos vigilába.


