Ni la llamada final de consolación sirvió para animar a una selección española que aún estuvo pensando en el duelo de semifinales contra Dinamarca. De ello se aprovechó Croacia para llevarse el bronce al ganar por 31-27. España acaba en un cuarto puesto que confirma que se ha consolidado en la élite del balonmano, pero que, tal y como se ha dado el Europeo, deja un sabor amargo. Eso confirma que tienen mentalidad de campeones.