Es perfecta, aunque ella no lo crea, aunque se empeñe en decirme que no cada vez que le digo que está preciosa, aunque se sonroje cada vez que la miro con el deseo asomado a mis ojos. Maravillosa, una diosa escapada de un onírico harén. Mis labios se pierden en sus sinuosas curvas, las yemas de mis dedos jamás abandonarían si pudieran la calidez de su tacto. Si pudiera… si me permitieran pedir un deseo, querría morirme abrazado a ella. Sumergido en su profundidad…
La amo, la amo tanto que creo volverme loco cuando se aleja de mí. Cuando las horas pasan y no la puedo ver, tocar ni besar. Jamás creí posible amar así, con tanta urgencia, tanto deseo, tanta felicidad y dolor al mismo tiempo. Jamás hasta que la encontré a ella, hasta que encontré la luz de mi vida, el calor de mis días… la mujer por la cual cada vez que despierto me alegro de haber nacido hombre.
Un intento de escribir sin ser yo la protagonista

















. ¡Sencillamente delicioso! Todo un derroche de sensibilidad que se derrama a través de cada frase del mismo modo en que esa lluvia lo hace a través de los zapatos de la protagonista. Te aseguro que me ha conmovido. Y un sabor agridulce quedó en mi alma tras su lectura, por un lado la calidez que de ordinario me procuras los despliegues emocionales de ese calibre, sobre todo cuando son expresados con la vehemencia en que tú lo hiciste en este texto, y por otro la amargura y la desazón derivadas de comprobar como el corrosivo ácido de la soledad puede llegar a licuar un corazón tan extraordinario.



