por Hydruss » 02 Mar 2010 02:23
Odiar todo lo que parece amable o admirable, disminuir cualquier cosa a fuerza de bufonerías o bajas interpretaciones, ver en todos los asuntos una trampa en la que no hay que caer, decir para todo: “¡Oye tú, hombre mezquino, no te atrevas a pasarte de listo conmigo!”, es signo indubitable de cortedad de inteligencia pero de un máximo de prudencia. ¿Y qué vale más en este mundo rebosante de traidores, piratas, innobles, soplones y farsantes, ser inteligente o prudente; o bien, una combinación de ambos dando preferencia a ésta sobre aquella? Lo más sorprendente en el hombre prudente no es su maldad, sino su imponderable mala voluntad, su capacidad despreciativa incluso de sí mismo.