Yo entiendo que no, que difícilmente la lógica puede imperar cuando en el campo de batalla tiene como rival y se enfrenta a las huestes de los sentimientos, siempre más poderosos que la razón y ante los que ésta apenas si puede oponer una mínima resistencia. Si la lógica imperase, difícilmente nos enamoríamos nunca, pues ésta nos llevaría por la senda del autocontrol y el equilibrio (difícilmente compatibles ambos con los huracanes del amor). Pero por fortuna no es así y, pese los obstáculos, pese a las desazones, pese a la ansiedad, pese a esas lágrimas que de vez en cuando cobran independencia y brotan solas de nuestros ojos, pese a ese pensamiento que se empecina una y otra vez en acudir a los mismos páramos, pese a los racionales dictados que claman por una vida sin sobresaltos, pese a esa lógica que nos incita al olvido, pese a todo, el ser humano tiende una y otra vez a dejarse pinchar por esas saetas que atraviesan el esternón y se incrustan en el alma.
¿O no?

















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...parece que sea algo en periodo de extinción.




