Hay muchos tipos de silencios. Hay silencios expresivos; silencios clamorosos; silencios sediciosos. Y también hay silencios imperturbables; silencios opresivos y silencios vergonzosos. Hay también silencios que por sí mismo dicen más que todo un torrente de palabras, del mismo modo que hay silencios que al escucharlos (ah, los sonidos del silencio) te hacen añorar las palabras a las que sustituyeron y que terminaron escurridas por algún desagüe oculto. Hay silencios que son dignos de recibir un aplauso, pues no en vano contuvieron a palabras hirientes. Otros, en cambio, no pueden sino merecer la más acerba censura. Y también hay silencios que tienen lugar por cansancio o por la necesidad o el interés de pasar desapercibidos.
Sí, muchas son las clases de silencio, demasiadas tal vez. Es cierto aquello que dicen de que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestros silencios, pero si el silencio se perpetua durante mucho tiempo, se corre el riesgo de olvidar la palabra, porque la palabra es efímera y acostumbra a llevar enganchado a la cintura el jersey del olvido, de modo que si se la relega demasiado, la palabra siente frío y se pone dicho jersey, y olvidar la palabra es olvidarnos de nuestra voz, o sea, olvidarnos de nosotros.
El silencio equivale en cierto modo a no ser, aunque no siempre, claro. Por otro lado, uno puede elegir perfectamente no ser, una opción tan respetable como la de ser, aunque quizá más aburrida.
Personalmente, hay silencios que lamento especialmente haber alargado, del mismo modo que lamento haber dicho palabras que dije y palabras que no dije cuando debería haberlas dicho. Demasiado silencio a veces. Demasiada palabrería otras. Es difícil alcanzar el equilibrio.
Quizá sea que el silencio actúa a modo de abrigo y, como tal, arropa, siendo que arrebujados en su interior nos sentimos a salvo de los demonios que merodean por ahí, debajo de la piel. Aunque a tales demonios les gusta el silencio, me consta. No obstante, es posible también que esos mismos demonios se decidan cualquier día a salir y nos devoren en un infernal holocausto, lo cual ocurrirá, qué duda cabe, en silencio, siempre en silencio.
En fin, amigos, ¿sois más de palabras o más de silencios?






, nadie es perfecto...




, ahora no puedo aportar más porque me retiro de la pantalla, pero seguro que volvere a participar en este hilo más detenidamente 










