Quizá sea ésta la canción más bella y convincente compuesta nunca contra la xenofobia y el racismo. Todos somos hijos de Dios. Intenta impregnar tu alma de su espíritu:
Inmaculado Corazón de María, ¡sed mi salvación, Madre mía!
Hombre de otra ribera. Mujer de otro jardín, mujer que al hombre amas de igual manera aunque jures amor con otro nombre.
Soy vuestro hermano mudo si es que mi voz no es clara. Para vuestros oídos soy mudo, pero hermano a quien vuestra muchacha más tímida escuchara si le dijese versos cogida de la mano.
Sabed que vuestras dulces palabras extranjeras no separan las sangres de nuestros corazones: tampoco entiendo al viento cruzando las praderas. ¡Hasta vuestras blasfemias me suenan a canciones!
Sabed que vuestros hijos de raros ojos grises, antes de haber mirado su libro o su bandera, riendo en el idioma de todos los países, podrían ser mis hijos y hablar a mi manera.
Que el aire que aspiráis es aire que yo aspiro, y es idéntica agua el agua que nos baña. Cuando miréis la luna sabed que yo la miro y que en su espejo veo vuestra mirada extraña.
Hombre de otra montaña, de otro mar, de otro río: el sueño de tu pueblo es el sueño del mío. Hombre de otra ribera, de otro mar, de otro monte, ante vuestros soldados, labriegos y poetas, crucificado sobre el horizonte, me alzo -abriendo los brazos- mellando bayonetas.
Plantado en esta patria de sol y de aceituna, recordadme si un día suena el clarín de guerra. Que este desconocido que os citó en la luna dormirá con vosotros bajo la misma tierra.
Hoy vamos a continuar serenando el alma con una buenísima relajación en vídeo.
Tranquilizando el cuerpo se tranquiliza el alma, y tranquilizando el alma se tranquiliza el cuerpo. Están interrelacionados y son una unidad (hasta que se separan en el instante de la muerte y se vuelven a juntar en la resurrección del Juicio Final, con la información material reconstruída -según dice nuestro Credo-).
Por eso las iglesias son silenciosas, tranquilas, sin demasiada luz, velas, soledad, cánticos de notas largas...; por eso Jesús se iba a orar a la cima de un monte; por eso se juntan las manos en una posición simétrica y ordenada; por eso se cierran los ojos... Serenemos el cuerpo y veremos cómo nuestra alma se nos vuelve más dócil y abierta a lo sobrenatural.
Inmaculado Corazón de María, ¡sed mi salvación, Madre mía!
porque vivo en una época en que puedo tener agua en mi casa, porque no necesito ir a buscarla a la fuente de la plaza mayor o al manantial, sino que simplemente giro el mando del lavabo y de la ducha y tengo la que quiero. Y encima a la temperatura que desee. Qué milagro tecnológico de presiones, alturas, caudales, temperaturas, fontanería y albañilería nos has hecho inspirándonos todas estas técnicas, para obtener esta maravilla de la que no suelo darme cuenta cada vez que me ducho o me lavo las manos. Y ayúdanos a que todos nuestros hermanos puedan tener también estas comodidades.
Inmaculado Corazón de María, ¡sed mi salvación, Madre mía!
Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris Recuerda, Hombre, que polvo eres y en polvo te convertirás.
Comienza la Cuaresma para preparar el momento más grande de la Historia, la muerte de Jesús para pagar por nuestros pecados y su Resurrección Gloriosa. Hoy es día de ayuno y abstinencia: hay que hacer sólo una comida fuerte en todo el día, y no se puede comer carne. A lo largo de la Cuaresma, los viernes son de abstinencia, salvo el Viernes Santo, que es de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los catorce años y el ayuno de los dieciocho hasta los cincuenta y nueve años de edad. Tambien están disculpados los enfermos.
El ayuno y la abstinencia no es Ia renuncia por Ia renuncia, sino para el mejor y más equilibrado desarrollo de sí mismo, para vivir mejor los valores superiores, para el dominio de sí mismo. Es la dirección contraria al camino del consumo y del hedonismo que nos invade. El hombre es él mismo sólo cuando logra decirse a sí mismo: No. Así preparamos el alma para recibir a Dios, apartándonos un poquito del mundo y de los placeres y las apetencias, y para reparar al Señor de nuestros pecados.
La vida está llena de vanidad, sólo importa realmente lo que no muere, lo único que nos vamos a llevar tras nuestra muerte: el Amor.
Inmaculado Corazón de María, ¡sed mi salvación, Madre mía!
"El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?"(Lucas 9, 22-25)
Inmaculado Corazón de María, ¡sed mi salvación, Madre mía!
Los padres del pequeño Arturo y el médico que lo estaba operando se encontraban discutiendo cómo podían salir de la que les había caído encima. ¡Y tenían que encontrar la solución inmediatamente!
Arturito, de 4 años de edad, estaba en el quirófano a medio operar. Necesitaba una transfusión urgente, y por un error no quedaba sangre del raro tipo de la de Arturo. Sólo había una persona cerca que tuviera ese tipo de sangre: su hermano Jaime, de tan sólo 6 años.
Tenían que hacer una transfusión de sangre de un hermano a otro. Los padres se habían llevado las manos a la cabeza por lo difícil que todo iba a ser, ya que Jaime tenía un miedo atroz a que le pincharan; solamente con ver las intenciones de un practicante estallaba en gritos y pataleos. Sin embargo, la donación tenía que ser con su consentimiento, porque a esa edad ya sería un delito engañar al niño o adormecerlo para que donara sangre sin su permiso. Si fuera un análisis urgente para su propia salud sí que se podría contra su voluntad, pero no para una donación a otra persona, aunque se tratara de su hermanito.
Sentaron a Jaime en una silla; enfrente, el cirujano y sus padres; y empezaron a explicarle el problema con la mayor habilidad psicológica que pudieron.
_Mira, Jaime, tú sabes qué es la sangre ¿verdad? Te has hecho sangre muchas veces. ¿Y sabes también para qué sirve? Sirve para vivir, la sangre da la vida. Bien, pues tu hermanito Arturo necesita sangre, hay que darle sangre porque si no no se va a poner bien. ¿Tú quieres que tu hermanito se ponga bien, verdad?
Bueno, pues él único que le puede dar sangre aquí eres tú. Tienes que ser valiente y dársela para que se ponga bien, pero hay un problema... ¿Cómo podríamos pasarle sangre a Arturo si tú la tienes en tu cuerpo? Tendremos que poner un tubito para que pase ¿verdad? Y para que pase habrá que ponerte una inyección, un pinchacito pequeñito en el brazo. No te preocupes, porque ese pinchacito no te va a doler casi nada, es como si te picara un mosquito; seguro que te han puesto inyecciones que te han dolido más.
¿Quieres hacerlo, Jaime? Si dices que sí tu hermanito se va a salvar, gracias a tu sangre, gracias a ti. Tú vas a ser el salvador de Arturo. ¿Quieres, pequeñín? ¿Te atreverás?
El niño escuchó asustado y embobado todo lo que le decían y empezó a llorar, pero entre las lágrimas dijo sí, asintiendo con la cabeza. Preguntó -de forma mucho más clara que como se lo estaban explicando- qué pasaría si no le daba su sangre, si acaso su hermanito Arturo se iba a morir si no se la daba. Y le tuvieron que decir que era muy posible, que había que hacerlo para salvar la vida del pequeño.
El niño siguió llorando desconsoladamente, hasta que se volvió a sus padres y al médico mirándolos a los ojos.
_¡Sí quiero hacerlo! -dijo con determinación, entre lágrimas, pero con un gesto muy recio.
Los padres felicitaron al niño, lo abrazaron, lo besaron, le dijeron que era un valiente y procedieron a preparar inmediatamente la transfusión.
Jaime, inesperadamente, no lloró durante la donación. Sin embargo, cuando todo terminó, se quedó abrazado a su madre, cabizbajo, como llorando por dentro más que por fuera. Parecía ya un llanto de hombre, no de un niño de 6 años.
_¡Has sido un valiente, Jaime! Arturo se va a salvar gracias a ti. ¿No estás contento? _Sí, mamá.
Al rato preguntó:
_Mamá... _Dime, Jaime _¿Cuánto falta para que me muera?
El niño había entendido que el hecho de transferirle sangre a su hermanito, la sangre que daba la vida, implicaba que él tenía que morir. Con las prisas de una mala explicación, el pobre Jaime había entendido que le pedían cambiar su vida por la de su hermanito, que le preguntaban si quería sacrificarse y morir a cambio de Arturo.
Y había dicho que sí.
Inmaculado Corazón de María, ¡sed mi salvación, Madre mía!
ILUSTRE COLEGIO OFICIAL DE TITULADOS MERCANTILES Y EMPRESARIALES DE LAS PALMAS
Estimado/a colegiado/a:
Le remito siguiente correo una vez que nuestro Decano Don Juan Ruiz Jiménez ha comprobado que es cierto:
MENSAJE URGENTE DESDE EL HOSPITAL LA FE DE VALENCIA, enviárselo a todos vuestros contactos por favor, no cuesta nada y a mi sí. La vida de mi hijo está en juego. MENSAJE URGENTE DESDE EL HOSPITAL LA FE DE VALENCIA.
Si conocéis a alguien que tuviera el grupo sanguíneo AB dispuesto a donar sangre, decirlo. En el Hospital Universitario La Fe de Valencia hay un niño de 10 años ingresado con LEUCEMIA que necesita urgentemente unos 12 donantes. Este grupo sanguíneo (AB) es bastante raro, de ahí el hecho de la falta de donantes. Los médicos anuncian que si los encontraran sería muy posible salvarla vida de este niño. Por favor, reenvía este correo a quien conozcas.
El teléfono de la madre ( Maria Ángeles 963802408 )
POR FAVOR, REENVÍA ESTE MENSAJE A TODAS LAS PERSONAS QUE CONOZCAS.”
Un cordial saludo Tell.
Pd. Lo he leído hoy y quizá podamos ayudar entre todos.
Pumby, disculpa que haya anunciado lo anterior en este hilo. Me pareció el más acorde para hacerlo después de leer el relato de la donación de sangre entre dos hermanos.