Montgomery, el eximio mariscal inglés, llegó a admirar tanto a su enemigo Rommel que guardaba un retrato suyo enmarcado.
Abraham Lincoln, por su parte, sostenía que la mejor forma de destruir a un enemigo es convertirlo en amigo.
El almirante Andrea Doria solía referirse a su eterno rival, el pirata Barbarroja, como su hermano.
Ha habido también enemistades feroces, como la que sostuvieron Quevedo y Góngora, de la que surgieron versos magistrales.
Ejemplos todos ellos de "estimados enemigos". Sin embargo, más allá de estos ejemplos curiosos, lo cierto es que, al igual que suele resultar sencillo loar a los amigos, es muy difícil hacerlo con los enemigos, supongo que por la misma razón que nos gusta vestir con ropas que nos favorecen y, sin embargo, no deseamos mostrar lo peor de nuestro armario.
Y, sin embargo, de vez en cuando no está mal hacerlo. ¿Por qué no? Venga, hablad de vuestros enemigos más enconados, de aquellos a los que detestáis y por quienes os sentís detestados. Explicad lo que haríais con ellos si os dejaran hacerlo. ¿Os habéis llegado a reconciliar con alguno de vuestros enemigos? ¿Los admiráis en el fondo como hacía Montgomery con Rommel? ¿U os gustaría arrancarles la piel a tiras, sacarles el hígado y coméroslo luego con un poquito de cebolla frita al más puro estilo Hannibal Lecter? Venga, contad, exhibid vuestro reverso tenebroso





,y de reconciliarme no lo he hecho creo que tengo un corazon muy duro girl














