
No todos podemos gozar del sonido de un buen motor turbo y su válvula de descarga, sobre todo en motorizaciones gasolina de baja cilindrada. Un coche que suena a turbo suele sonar bien, pero, ¿qué pasa si careces de este elemento? Existen dos soluciones, una práctica y una económica.
La solución práctica es instalarle el turbocompresor, intercooler y retocar el motor para que el ajuste sea bueno. Pero eso puede ser muy caro, así que existe otro apaño, que cuesta 20 dólares. Se trata de un pequeño kit hecho en aluminio que se instala en cuestión de segundos en el final de escape.
Cuando se pise el acelerador fuerte, el caudal de gases de escape resultante provocará presión en un silbato que tiene el invento y voilá, ya tenemos turbo. Las prestaciones serán las mismas (técnicamente deberían bajar pero no será apreciable), pero el sonido será más molón.



