-Revelemosles la forma de desintegrar el átomo.- La orden asombra a todos los miembros del consejo encargado del Sistema Solar. Todos saben que la mente del hombre es bélica y que ese conocimiento hará tambalear la frágil estabilidad que permite la vida biológica en la Tierra. De forma respetuosa alguien dice:
-Señor; lo primero que harán será aplicarlo en sus contínuas guerras.- Askar contempla al interlocutor con gran serenidad; como no puede ser de otra forma. Askar es el inmortal de más conocimiento. Todo cuanto hay sobre la superficie de Gaia ha sido aprobado por él. Es puro conocimiento. Pura serenidad. Contesta:
-Es evidente. Pero no quiero exterminarlos sin darles la oportunidad de elegir. Amo a esta especie. Es bélica, sí; pero, por otro lado muestran compasión. Mirar como la mayoría de ellos es capaz de no comer para que lo hagan sus hijos. Mirar como la mayoría de ellos cuidan a sus enfermos con total dignidad hasta el fin.- Guarda silencio y contempla uno a uno a todos los miembros del consejo. Y repite en un tono que no admite réplica.- Venga. Que los que vigilan el sector alemán les revelen en sueños la forma a sus científicos.
¡Alemania, el país que estaba exterminando a toda una raza de sus hermanos! El general Boker no salía de su asombro, pero confiaba ciegamente en Askar. Boker había estado bajo su mando desde que el Sistema Solar era una nube de polvo interestelar. Juntos habían diseñado las formas de vida, y sólo los diseños de Askar permanecían en la Tierra; como los cocodrilos y los tiburones. Y no por orgullo del propio Askar, sino porque había quedado claro que eran especies... simplemente perfectas. Así que si Askar había decidido que se revelase a los hombres la forma de producir energía tan tremenda como peligrosa de controlar justo cuando la humanidad estaba inmersa en la mayor guerra de su historia... No lo entendía. Pero transmitió la orden a los que vigilaban los acontecimientos terrenales desde cerca.


