Una mañana de Otoño,
cuando los pájaros que revoloteaban por el parque
habían emigrado hacia otras zonas cálidas,
llegaste tú.
Eras pequeña, casi diminuta,
pero hermosa como una flor en Primavera.
Llegaste a mi vida para darme más vida,
me mirabas con la mirada del alma,
con la mirada de una amiga.
Fuiste mi compañera,
tú me brindabas tu lealtad
y yo devolvía todo ese cariño,
brindándote mi amistad.
Pero el tiempo pasa,
la vejez nos va pesando,
sin darnos cuenta tenías ya dieciséis años.
Dieciséis años no es nada,
pero para una perrita es mucho.
Tus ojos habían comenzado a nublarse,
casi no veías tu camino,
pero en mí tenías a un lazarillo incondicional.
La vejez, querida amiga
te pesaba a cada paso que dabas.
No quería que te marcharas de mi lado,
qué egoísta fui contigo.
No quería reconocer que tú estabas
cansada y que querías ya dormir.
Dormir el sueño eterno,
el sueño que te llevaría a Dios.
Una tarde de verano te ordené egoístamente
que no te marcharas de mi lado,
que no te durmieras, que no me dejaras,
pero en cambio tú me miraste por última vez
como pidiéndome perdón por dejarme,
y te entregaste al sueño eterno.
Lloré, lloré tanto esa tarde,
sólo me quedó el consuelo de que ya estás descansando en paz.
Cuando le rezo a San Roque le pido por ti.
Le pido que estés jugando con los demás perritos ángeles.
que desde que te has ido de mi lado,
has dejado un gran vacío en mi pecho.
que algún día nos volveremos a ver.
También le digo que te quiero mucho,
que te extraño mucho y que nunca te olvidaré...
Querida amiga y fiel perrita Penélope.
cuando los pájaros que revoloteaban por el parque
habían emigrado hacia otras zonas cálidas,
llegaste tú.
Eras pequeña, casi diminuta,
pero hermosa como una flor en Primavera.
Llegaste a mi vida para darme más vida,
me mirabas con la mirada del alma,
con la mirada de una amiga.
Fuiste mi compañera,
tú me brindabas tu lealtad
y yo devolvía todo ese cariño,
brindándote mi amistad.
Pero el tiempo pasa,
la vejez nos va pesando,
sin darnos cuenta tenías ya dieciséis años.
Dieciséis años no es nada,
pero para una perrita es mucho.
Tus ojos habían comenzado a nublarse,
casi no veías tu camino,
pero en mí tenías a un lazarillo incondicional.
La vejez, querida amiga
te pesaba a cada paso que dabas.
No quería que te marcharas de mi lado,
qué egoísta fui contigo.
No quería reconocer que tú estabas
cansada y que querías ya dormir.
Dormir el sueño eterno,
el sueño que te llevaría a Dios.
Una tarde de verano te ordené egoístamente
que no te marcharas de mi lado,
que no te durmieras, que no me dejaras,
pero en cambio tú me miraste por última vez
como pidiéndome perdón por dejarme,
y te entregaste al sueño eterno.
Lloré, lloré tanto esa tarde,
sólo me quedó el consuelo de que ya estás descansando en paz.
Cuando le rezo a San Roque le pido por ti.
Le pido que estés jugando con los demás perritos ángeles.
que desde que te has ido de mi lado,
has dejado un gran vacío en mi pecho.
que algún día nos volveremos a ver.
También le digo que te quiero mucho,
que te extraño mucho y que nunca te olvidaré...
Querida amiga y fiel perrita Penélope.
A la memoria de mi querida e inseparable perrita Penélope.














