Me encontraba llorando, sentada en el sofá, hasta que me di vuelta y me encontré con tu mirada. Esa fue la primera vez que reparé en tu forma de mirarme, tus ojos brillaban, pero no se despegaban de mí.
Ahí fue cuando te dije:
_Gracias por acompañarme con tu silencio, mí querida perrita.





