" Deseaba no volver a ver jamás a Enrique Feversham después de aquella
noche. Por eso agregó su pluma a las otras tres. (...) Feversham había
recogido las cuatro plumas. Las tuvo entre los dedos como si estuviera a
punto de romperlas. Pero se contuvo. Miró de pronto hacia ella y no
separó la vista de su rostro durante un rato. Luego, con mucho cuidado,
se guardó las plumas en el bolsillo del pecho. Ethne, por entonces, no
se paró a pensar por qué. Sólo pensó que aquel era el final
irrevocable."
A. E. W. Mason. Las Cuatro plumas (Capítulo IV: El baile de Lennon
House")


