Roberto y su misteriosa cucharacha
Esta historia comienza en una ciudad moderna de hoy en día , donde miles de almas se confunden en olor y sintonía de una monótona vida llena de desayunos fríos y sábanas solitarias.
Roberto intentaba digerir su café amargo, que recorría su garganta como si fuera una serpiente devorando un ratón, ya que lo solía tomar muy caliente, en cada sorbo su lengua recibía el castigo de un calor insoportable. Era su forma de castigar su cerebro y despertarlo cada mañana mientras miraba a través de los cristales el bullir de un nuevo día.
Era un hombre que existía en perfecta soledad. A pesar de ser atractivo metro ochenta, ojos grandes de mirada intensa color castaño, pelo recio y espeso, de treinta y pocos años, su corazón estaba muerto para el amor. Algunas noches en que el deseo acuciaba por disfrutar de compañía femenina doblegando su voluntad, acudía a un café a intentar conseguir algún ligue sexual, pero cuando alguna mujer intentaba ser amable y se mostraba receptora a las pretensiones más oscuras de su alma, recordaba lo mucho que había sufrido en el pasado, miraba a los ojos de la chica y el vacío que le producía en el estómago era tan intenso que una amargura intensa recorría todo su cuerpo erizándole la piel, no podía soportarlo, apretaba los puños, sonreía ocultando una oscuridad llena de desengaños y apurando el último sorbo, pagaba la copa de la chica y se despedía sin apenas mirar para atrás.
Caminaba calle abajo, respirando profundamente, había amado intensamente a alguien que no merecía su devoción y ahora era incapaz de oler y sorber el sabor de una mujer.
Su vida trascurría llena de mucha gente, era muy atento, dispuesto a realizar cualquier favor a la persona que lo solicitara sin ninguna pereza, regalaba su tiempo sin medirlo porque disfrutaba del reconocimiento ajeno, pero cuando sonaban las nueve en su viejo reloj de cuco que colgaba de la pared del salón de su casa, sentía recorrerle la espalda un escalofrío .El silencio de su casa lo acuchillaba de manera sistemática, ocurría siempre a la misma hora.
Entonces para librarse del fantasma de la tristeza solitaria veía las noticias, siempre los mismos boletines informativos sensacionalistas; muertes, catástrofes naturales, peleas entre partidos políticos, algún que otro cantante o futbolista que había protagonizado la etapa de cámaras y espectáculo del día y poco más. Luego la piel de su cara se tensaba mientras sus dedos amartillaban la mesa con desesperación, el pensamiento de la fría cama lo dejaba muerto antes de acudir al descanso, que se convertía noche tras noche en un suplicio.
Llevaba tiempo durmiendo en el sofá se quedaba parte de la noche, necesitaba dormir acompañado de algo, aunque sólo fuera el murmullo de las tele ventas de la madrugada, de los productos de tele marketing y la publicidad basura que de forma habitual era emitida en todas las cadenas televisivas en las horas intempestivas .
Una noche amaneciente predecesora de un nuevo día, una voz lo despertó de forma inusitada. La dulce melodía de una voz femenina que sonaba cantarina, dulce, envolvente en su oído derecho le hizo dudar sobre la veracidad de su percepción, ya que como de costumbre, se había quedado dormido en el sofá tapado con una manta roja, lo último que recordaba era una hermosa señorita anunciando un cinturón de masaje de efecto gimnasia.
Loco soy, la tele no habla.-se dijo para sí mismo- mientras apagaba el televisor con el mando a distancia, aquí no hay nadie más que la soledad y yo.
Bueno Roberto, se olvida ud. de mí que también estoy aquí y soy la que le ha dicho que vaya ud. a acostarse que de nuevo se quedó dormido en el sofá- Replicó con una voz melodiosa y sonora de mujer joven una sucia y gorda cucaracha que se hallaba en el reposa cabezas del lado de su oído .
Roberto, estupefacto, abriendo unos ojos de un tamaño descomunal no pudo articular más que un : “Repite eso y te dejaré vivir un segundo más estúpida cucaracha de los infiernos“- Masculló la amenaza como un perro de presa con una voz imperante, autoritaria y dura, aturdido por ser la víctima escogida para una estafa de la vida,- una voz de mujer dulce en el cuerpo de un sucio parásito reptante y rastrero, comedor de basuras- era demasiado para él.
Bueno querido amigo, sólo trataba de cuidarte y que descansaras mejor, estoy sorprendida de que puedas oírme, nadie puede escuchar las voces de nosotras, sin duda debes ser un hombre muy especial, con una capacidad auditiva muy superior al resto de los humanos.-Lo amansó la negra cucaracha con una voz aterciopelada que logró descolocarlo e incluso encolerizarlo más, a la vez, pues aquella voz era la que soñaba en su vida día tras día, mientras sus ojos se abrían despertando en una soledad repetitiva tras cada amanecer..
Y acto seguido la fea y sucia cucaracha se convirtió en una mujer de unos treinta y pocos, morena, de grandes ojos negros, entrada en carnes pero atractiva, que lo miraba con un amor intenso, fijamente, enamorada de él desde hacía mucho tiempo, esperando una oportunidad para poder contarle lo mucho que lo quería, sentada en la más estricta desnudez sin pestañear ya que en la transformación se había quedado en cueros, ahora ella no se sentía incómoda por la nueva situación.
Al fin un regalo de Dios- Pensó Roberto- La mujer que necesitaba me la ha enviado Dios- Y sin poder resistir el impulso la abrazó con ternura, con lágrimas en los ojos, mientras no dejaba de articular palabras incoherentes, llenas de locura.
Mónica, que así se llamaba la mágica cucaracha le contó que había viajado en un extraño sueño desde muy lejos. Recordaba haberse dormido en un mar de lágrimas tras un desengaño amoroso y que una cucaracha desde la mesilla le había ofrecido conseguirle un hombre perfecto para ella, a cambio sólo tendría que convertirse en cucaracha y dejar de perseguirlas y aniquilarlas, ya que eran auténticas joyas cumplidoras de deseos.
Aquella mañana las horas del reloj se paralizaron al influjo de los amores aterciopelados, de los dulces besos y abrazos que aquella solitaria casa sudaba desde sus entrañas. Roberto y Mónica disfrutaron de una entrega sin palabras, llena de amor y sexo. Tras la cual ambos se prometieron disfrutar de aquel cálido aroma de rosas que los había cubierto con su precioso manto y cuidarlo regándolo de besos rojos para que nunca se marchitara.
Y para que su talismán del amor durara, cuando veían una pequeña cucaracha vagar por su cocina le dejaban un trozo de pan para que saciara su hambre y continuara su camino hacia el corazón de algún hombre o mujer. Habían descubierto que detrás de un ser repelente y despreciado se puede esconder un ser mágico.
Roberto intentaba digerir su café amargo, que recorría su garganta como si fuera una serpiente devorando un ratón, ya que lo solía tomar muy caliente, en cada sorbo su lengua recibía el castigo de un calor insoportable. Era su forma de castigar su cerebro y despertarlo cada mañana mientras miraba a través de los cristales el bullir de un nuevo día.
Era un hombre que existía en perfecta soledad. A pesar de ser atractivo metro ochenta, ojos grandes de mirada intensa color castaño, pelo recio y espeso, de treinta y pocos años, su corazón estaba muerto para el amor. Algunas noches en que el deseo acuciaba por disfrutar de compañía femenina doblegando su voluntad, acudía a un café a intentar conseguir algún ligue sexual, pero cuando alguna mujer intentaba ser amable y se mostraba receptora a las pretensiones más oscuras de su alma, recordaba lo mucho que había sufrido en el pasado, miraba a los ojos de la chica y el vacío que le producía en el estómago era tan intenso que una amargura intensa recorría todo su cuerpo erizándole la piel, no podía soportarlo, apretaba los puños, sonreía ocultando una oscuridad llena de desengaños y apurando el último sorbo, pagaba la copa de la chica y se despedía sin apenas mirar para atrás.
Caminaba calle abajo, respirando profundamente, había amado intensamente a alguien que no merecía su devoción y ahora era incapaz de oler y sorber el sabor de una mujer.
Su vida trascurría llena de mucha gente, era muy atento, dispuesto a realizar cualquier favor a la persona que lo solicitara sin ninguna pereza, regalaba su tiempo sin medirlo porque disfrutaba del reconocimiento ajeno, pero cuando sonaban las nueve en su viejo reloj de cuco que colgaba de la pared del salón de su casa, sentía recorrerle la espalda un escalofrío .El silencio de su casa lo acuchillaba de manera sistemática, ocurría siempre a la misma hora.
Entonces para librarse del fantasma de la tristeza solitaria veía las noticias, siempre los mismos boletines informativos sensacionalistas; muertes, catástrofes naturales, peleas entre partidos políticos, algún que otro cantante o futbolista que había protagonizado la etapa de cámaras y espectáculo del día y poco más. Luego la piel de su cara se tensaba mientras sus dedos amartillaban la mesa con desesperación, el pensamiento de la fría cama lo dejaba muerto antes de acudir al descanso, que se convertía noche tras noche en un suplicio.
Llevaba tiempo durmiendo en el sofá se quedaba parte de la noche, necesitaba dormir acompañado de algo, aunque sólo fuera el murmullo de las tele ventas de la madrugada, de los productos de tele marketing y la publicidad basura que de forma habitual era emitida en todas las cadenas televisivas en las horas intempestivas .
Una noche amaneciente predecesora de un nuevo día, una voz lo despertó de forma inusitada. La dulce melodía de una voz femenina que sonaba cantarina, dulce, envolvente en su oído derecho le hizo dudar sobre la veracidad de su percepción, ya que como de costumbre, se había quedado dormido en el sofá tapado con una manta roja, lo último que recordaba era una hermosa señorita anunciando un cinturón de masaje de efecto gimnasia.
Loco soy, la tele no habla.-se dijo para sí mismo- mientras apagaba el televisor con el mando a distancia, aquí no hay nadie más que la soledad y yo.
Bueno Roberto, se olvida ud. de mí que también estoy aquí y soy la que le ha dicho que vaya ud. a acostarse que de nuevo se quedó dormido en el sofá- Replicó con una voz melodiosa y sonora de mujer joven una sucia y gorda cucaracha que se hallaba en el reposa cabezas del lado de su oído .
Roberto, estupefacto, abriendo unos ojos de un tamaño descomunal no pudo articular más que un : “Repite eso y te dejaré vivir un segundo más estúpida cucaracha de los infiernos“- Masculló la amenaza como un perro de presa con una voz imperante, autoritaria y dura, aturdido por ser la víctima escogida para una estafa de la vida,- una voz de mujer dulce en el cuerpo de un sucio parásito reptante y rastrero, comedor de basuras- era demasiado para él.
Bueno querido amigo, sólo trataba de cuidarte y que descansaras mejor, estoy sorprendida de que puedas oírme, nadie puede escuchar las voces de nosotras, sin duda debes ser un hombre muy especial, con una capacidad auditiva muy superior al resto de los humanos.-Lo amansó la negra cucaracha con una voz aterciopelada que logró descolocarlo e incluso encolerizarlo más, a la vez, pues aquella voz era la que soñaba en su vida día tras día, mientras sus ojos se abrían despertando en una soledad repetitiva tras cada amanecer..
Y acto seguido la fea y sucia cucaracha se convirtió en una mujer de unos treinta y pocos, morena, de grandes ojos negros, entrada en carnes pero atractiva, que lo miraba con un amor intenso, fijamente, enamorada de él desde hacía mucho tiempo, esperando una oportunidad para poder contarle lo mucho que lo quería, sentada en la más estricta desnudez sin pestañear ya que en la transformación se había quedado en cueros, ahora ella no se sentía incómoda por la nueva situación.
Al fin un regalo de Dios- Pensó Roberto- La mujer que necesitaba me la ha enviado Dios- Y sin poder resistir el impulso la abrazó con ternura, con lágrimas en los ojos, mientras no dejaba de articular palabras incoherentes, llenas de locura.
Mónica, que así se llamaba la mágica cucaracha le contó que había viajado en un extraño sueño desde muy lejos. Recordaba haberse dormido en un mar de lágrimas tras un desengaño amoroso y que una cucaracha desde la mesilla le había ofrecido conseguirle un hombre perfecto para ella, a cambio sólo tendría que convertirse en cucaracha y dejar de perseguirlas y aniquilarlas, ya que eran auténticas joyas cumplidoras de deseos.
Aquella mañana las horas del reloj se paralizaron al influjo de los amores aterciopelados, de los dulces besos y abrazos que aquella solitaria casa sudaba desde sus entrañas. Roberto y Mónica disfrutaron de una entrega sin palabras, llena de amor y sexo. Tras la cual ambos se prometieron disfrutar de aquel cálido aroma de rosas que los había cubierto con su precioso manto y cuidarlo regándolo de besos rojos para que nunca se marchitara.
Y para que su talismán del amor durara, cuando veían una pequeña cucaracha vagar por su cocina le dejaban un trozo de pan para que saciara su hambre y continuara su camino hacia el corazón de algún hombre o mujer. Habían descubierto que detrás de un ser repelente y despreciado se puede esconder un ser mágico.
Fin





