Anoche soñé con flores
de aquellas que alguna vez me regalaste,
flores de diferentes colores,
de diferentes aromas…
flores.
Soñé que podía verte a través de ellas
que me sonreías, que me mirabas
que me llamabas con un gesto adusto
pero a la vez hipnotizador.
Las flores, sus pétalos
se abrieron para darte paso
y llegar a mí.
Cuando te tuve frente
pude ver tu bronceada piel
esa piel que enerva cada vez que la miro
cada vez que la acaricio
cada vez que la beso.
Me tomaste entre tus brazos
y me depositaste en el lecho de flores
de pétalos de rosa, de pétalos de colores vistosos.
Envolviste con ellos, todo mi cuerpo desnudo
mientras me mirabas con tus ojos de fuego
ibas quitando cada perfumado pétalo con tu boca.
Llegué al éxtasis de todos mis sentidos
tú besando mi contorno, mis pechos,
mi tesoro preciado era tuyo,
sólo tuyo mientras con tu boca quitabas las flores.
Te posesionaste de mí, de todo mi ser,
bebiste de mi néctar y yo bebí del tuyo
ambos cuerpos entrelazados llegando al clímax
al mayor goce, al mayor placer.
Cuando terminamos te quedaste a mi lado
recostado sobre mi pecho,
tratando de respirar, tratando de reaccionar
de tanta pasión sentida,
mis pechos se hinchaban al sentirte en ellos
no quería despertar de ese letargo
era feliz así contigo, hasta que…
mirándome con dulzura y ternura a los ojos
tomaste una de aquellas flores
y con un beso apasionado
acariciaste mi rostro con ella.









