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Yo también te leo brisita.....espero impaciente el siguiente capitulo amiga.
Jue Abr 17, 2008 6:35 pm
Brisa Marina
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Ya lo pongo, lo busco y lo pongo, gracias Xena por leerme.
Jue Abr 17, 2008 6:42 pm
Brisa Marina
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Capítulo III
Siete años después...
1997- Buenos Aires- Argentina.
Después de aquel hermoso momento vivido con William, cuando me regaló a Penélope, continuamos viviendo en Seattle un año más, puesto que cierto día el jefe de mi esposo le propuso trasladarse a Argentina, para desempeñar allí el mismo empleo, pues había surgido una intercambio de personal en la empresa. Willy luego de consultarlo conmigo, decidió aceptar la oferta laboral. A mí me parecía fantástico, puesto que allí residían nuestras familias y así, podríamos vernos todo el tiempo que quisiéramos.
El viaje fue muy emocionante; no íbamos solos, Penélope también nos acompañaba; el recibimiento de nuestros familiares nos dio la sensación de que ya estábamos en casa, al fin con nuestras raíces.
Y el tiempo fue pasando de aquella llegada, como si una ráfaga de viento hiciera volar las hojas que contenían los meses del año en el calendario.
También hubo muchas alegrías y también demasiadas tristezas, nuestra relación con William había comenzado a sufrir ciertos roces, pero nada grave que no pueda ser superado por el gran amor que sentimos el uno por el otro. Después de todo en cualquier matrimonio pueden haber pequeñas rencillas, que con mucho diálogo y afecto pueden ser solucionadas, hay que ser realistas, la vida no es siempre color de rosa.
Entre algunas de las alegrías que nos sucedió, éstas fueron pequeños momentos de ternura, de afecto, de emoción; como cuando nuestras familias comenzaron a festejar con nosotros todos juntos y unidos las fiestas Navideñas y de Fin de Año; el ascenso tan ansiadamente esperado por Willy, de gerente general a presidente de la empresa en la que trabajaba, la llegada de una nueva compañera para Penélope, una dálmata a la que llamamos Dalila, una gran compañera de juegos para ella, también se sumó a nuestra familia “mascotera” un pequeño can blanco, de los que se le dicen “marca perro” que un día encontré en la calle, muerto de hambre, de frío y enfermo, al que adoptamos y que le pusimos de nombre Jamincho; en realidad ese nombre se lo puso William en recordatorio a su fiel perro de la infancia y este can para recompensar el gran cariño recibido, dio grandes crías a las perritas precisamente de una de esas crías, nació un cachorrito igual a su padre, lo llamamos Pirincho, pero tanto para Jamincho como para Pirincho, Willy siempre decía sonriendo, que para las perritas de la zona ellos se llamaban Jazmín y Pirin.
¡OH! y tantos otros momentos lindos hemos vivido, que quedarán por siempre guardados en un lugar del pequeño cofre de los recuerdos en nuestro corazón.
Pero así como las alegrías vividas, también hemos padecido lamentablemente, muchas tristezas que fueron tiñendo nuestro sensible corazón de gris, un embarazo de tres meses que habíamos recibido con gran alegría y júbilo por William y por mí; por nuestras familias también, si hasta el nombre del bebé habíamos elegido. William si era varón lo iba a llamar Emmanuel David y yo, si era mujer Florencia Victoria, pero quién sabe por qué, por aquellas vueltas de la vida no pudo ser, perdí al bebé que llevaba en mis entrañas producto de nuestro gran amor con Willy a los tres meses de gestación, y desde ese triste día no pude quedar embarazada nunca más, la depresión en la que me vi hundida sólo pudo ser superada gracias al cariño de mi amado esposo y de nuestras familias.
Se dice que cuando se halla un año bisiesto en el almanaque de la vida, muchas tragedias se pueden desatar; pues no sé si será así, pero, en el año mil novecientos noventa y dos, año bisiesto, hubo tres fallecimientos en nuestra familia: el 3 de febrero de ese año falleció la madre de William, una gran mujer, un gran ser humano, su pérdida aun hoy, es profundamente sentida por nosotros; el 26 de abril del mismo año falleció mi padre, él no estaba enfermo como lo estaba la madre de mi esposo al morir, su deceso se produjo por muerte súbita, el médico que lo atendió nos dijo que él no se dio cuenta en ningún momento de que se moría, yo siempre seguiré pensando que mi padre no se despidió de mí, fue todo tan repentino que no pudo llegar a despedirse, aunque sé que él y la madre de William nos están cuidando y protegiendo desde el cielo.
De mi padre guardo los más gratos recuerdos; cuando me llevaba junto a mi madre al doctor cuando yo enfermaba, los regalos que siempre me traía a la salida del trabajo, cuando me llevaba en auto a mí y a mis amigas a bailar, siempre él estuvo a mi lado, siempre escuchando mis problemas, alegrándose por mis éxitos. A mi padre yo le decía, júrame que nunca morirás y él siempre me repetía, que iba a estar a mi lado toda la vida. Pero mi querido padre, pobre, ahora entiendo, nunca iba a poder cumplir con esa promesa, pues nadie en esta vida es inmortal.
Y en Noviembre de aquel fatídico año, también falleció uno de los hermanos de William. Nos costó verdaderamente reponernos de aquellas tragedias que enlutaron a nuestro entorno, pero con mucho esfuerzo pudimos salir adelante.
En mil novecientos noventa y ocho, William gracias al esfuerzo de su trabajo, pudo independizarse de la empresa naviera y de apoco comenzó a hacer realidad el sueño tan ansiado por él, convertirse en el dueño de una gran cadena de hoteles de turismo en la provincia de Córdoba. Este gran emprendimiento nos llevó a tomar la decisión de irnos a radicar allí. Junto a mi madre y nuestras mascotas, emprendimos el viaje hacia esa imponente provincia.
No sé si será por todo lo que habíamos pasado en Buenos Aires, que día a día la relación entre nosotros iba prosperando, sería tal vez por la pasión sentida o por el compañerismo que había encontrado en mi querido esposo, que todo se empezaba a ver más positivamente. William, es un ser excepcional, con un carisma único, él es mi fiel compañero, amante, esposo, amigo, padre, todos estos calificativos resumidos en uno solo, un hombre.
En Villa Giardino encontramos la paz que tanto anhelábamos, la gente del pueblo nos abrió sus puertas como si nos conocieran de toda la vida, buenas personas la de esa provincia.
Fin del capítulo III
Jue Abr 17, 2008 6:48 pm
Brisa Marina
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Hasta ahora son sólo presentaciones de diferentes lugares y secuencias que cada uno de los personajes va pasando. A partir de la llegada de Cristal y William a aquella provincia majestuosa, sus vidas poco a poco van ir cambiando, dando un giro de 180 grados su matrimonio tan feliz.
Jue Abr 17, 2008 6:54 pm
Brisa Marina
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Capítulo IV
Un año después...
Desde nuestra llegada a este gran lugar la vida nos comenzó de a poco a sonreír, lo necesitábamos, nos afincamos William y yo en una hermosa cabaña muy cerca del llamado “Camino de los Artesanos”, a dos cuadras de nuestro nuevo hogar vivía mi madre, ya comenzábamos a ser conocidos por los lugareños, casi todos nos saludaban al pasar, muy propio de pueblo de provincia. Mi madre comenzaba a mejorar por la gran pérdida de mi padre, William trabajaba todo el día y volvía a casa al anochecer donde con mis mascotas, lo esperábamos muy ansiosos.
Cierta vez cuando nos encontrábamos con Willy tomando café, sentados frente al hogar de leña que nos cobijaba del frío, William acariciando mi corta cabellera con gran ternura me preguntó:
-Cristal, querida, ¿no te aburres estando todo el tiempo sola, inactiva?
-Willy, desde que dejé el empleo en Seattle, no he hecho nada más, me gustaría por supuesto, realizar alguna tarea.
-Pues piensa en algo en qué distraerte, en que te sientas cómoda, ya sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.
-Lo sé querido, desde que te conocí lo sé, había pensado en realizar algún curso, ya sabes que soy Docente; pero como la educación se va modernizando con el correr de los años, pensé... si comienzo un curso de formación docente para poder instalar un Jardín de Infantes.
-¡Pero Cris me parece genial!
Luego de decir esto, encendió dos cigarrillos, uno para mí y otro para él y continuó diciendo:
-Cristal, lo que más quiero en el mundo es que te sientas bien, que estés bien, que seas feliz, que te sientas verdaderamente realizada, eso es lo único que me importa, en este momento tú y tu madre son mi única familia.
-¡OH William, gracias, te amo tanto!
El apasionado beso que le di a mi esposo nos hizo estremecer, así es el amor, un beso apasionado lo puede llevar a uno a las estrellas ida y vuelta mil veces y más.
Al día siguiente, después de desayunar, me encaminé hacia el centro del pueblo, buscando el lugar apropiado para perfeccionarme en la carrera que había elegido hace tantos años atrás. Ya había caminado más o menos diez cuadras y de pronto detuve mi mirada en un gran cartel que decía: “CEBA, Casa de Estudios de Buenos Aires” y también “Cursos de Formación Docente”, pensé en aquel momento que ese era el lugar perfecto para lo que estaba buscando. Y allí me inscribí, dictaban clases todo el año, como estábamos en Agosto pude igualmente ingresar.
William se puso feliz cuando le comenté mi iniciativa y mi madre también estaba contenta.
Llegó el día del inicio de las clases, tímidamente subí las escaleras del gran edificio y me senté en el primer banco, me encontraba un poco nerviosa; hacía mucho tiempo que no estudiaba, era para mí como un comenzar de nuevo. Cuando la preceptora, entró al aula para pasar lista, entre tantas chicas que estaban en el curso conmigo, no me había podido dar cuenta de que se encontraba entre ellas una persona que me resultaba familiar, cuando ésta fue nombrada y ella contestó “presente”, me asombre, no lo podía creer, se trataba de Sofía Roldán, una gran amiga mía de la infancia. ¡Qué increíble! pensé, después de tantos años encontrarnos aquí.
A la salida del curso la intercepté y vergonzosamente le pregunté:
-¿Sofía Roldán?
-Sí.- me respondió asombrada al verme.
-¡Hola!, soy Cristal Smith, ¿te acuerdas de mí?
-¡OH, OH, Cristal- me abrazó- querida amiga del alma!, pero, ¡qué cambiada estás!
-Tú también- le respondí.
-Pero tenemos que recuperar el tiempo perdido, ¿tienes que hacer algo ahora, podríamos ir a tomar un café?
-No, mi esposo no regresa hasta el anochecer.- le respondí.
-¿Tu esposo, te has casado?
-Sí, Sofía.
Nos encaminamos hacia el pub de enfrente, al entrar nos sentamos, y pedimos a la camarera un café cada una; comenzamos la charla, teníamos tanto de que hablar, yo tenía dieciocho años cuando ella se mudó del barrio donde vivía en Bs. As. y desde ese tiempo no la vi más.
-Cuéntame Cristal, ¿cómo te va la vida?
-¡OH muy bien!, estoy casada, no tengo lamentablemente hijos; a pesar de estar bien con mi familia necesitaba estar activa, por eso comencé de nuevo los estudios, ¿y a ti, cómo te va la vida?
-No tan bien como a ti, estoy en esta Provincia, “escapando” de lo que me sucedió hace pocos meses, ¿te acuerdas de aquel muchacho que era mi novio, David?
-¡Ah!, sí, me acuerdo.
-Bueno, pues nos estábamos por casar, él se había recibido de piloto de aviación.
-¡Qué lindo! ¿y qué pasó?
-Pues, pasó que un día él despegó con el avión de la empresa donde trabajaba y un desperfecto técnico hizo que el avión se vaya a pique, estrellándose y, lamentablemente falleció.
-¡OH que pena, pobre muchacho!- le dije apesadumbrada.
-Y bueno, que se le va a hacer- dijo, brotándole una lágrima de sus ojos y continuó diciendo- pero no quiero recordar más esa triste tragedia; ya he derramado tantas lágrimas que casi se me han secado las pupilas, mejor cuéntame ¿cómo está tu familia, dónde conociste a tu esposo?
-Mi familia está bien, mi madre está viviendo aquí muy cerca de nosotros, lamentablemente mi padre falleció.
-¡OH, pobre Cristal!, ¿cuándo sucedió?
-El 26 de Abril de 1992.
-Lo siento tanto Cristal.
-Yo también Sofí- respondí con un dejo de tristeza.
-¿Y cuándo conociste a tu esposo?- repreguntó.
Ante su pregunta, le comenté cómo había conocido a William, en qué circunstancias y demás detalles.
Sofí es una gran amiga, de esas que ya no es frecuente encontrar, la invité a mi casa para que conociera a William, ella aceptó amablemente. Cuando lo conoció quedó encantada con él, es que mi esposo es en realidad un verdadero señor con todas las letras, a él le gusta que yo tenga amigas, no es egoísta, él siempre me quiere ver feliz.
El tiempo fue pasando de aquel alegre encuentro, mi matrimonio iba marchando sobre rieles, la paz tan ansiada había llegado por fin a nuestras vidas; yo continué con mis estudios viendo periódicamente a Sofía, ella es una persona tan dulce, es un remanso después de la tormenta.
Cierto día con Sofí nos dirigíamos muy apresuradas al Centro de Estudios, cuando se nos cruzó por el camino una gitana; en Villa Giardino reside una gran colectividad de gitanos, éstos son personas muy respetuosas y humanas. La gitana al vernos movió su mano derecha en señal de saludo, se nos acercó haciéndonos detener el paso pues ya se encontraba frente a nosotras, cuando la miramos se dirigió a mí diciendo:
-¡Buenos días, niña de ojos color almendra!, ¿quieres que te lea la mano?
Cuando la escuché hablar, sonreí, Sofí que se encontraba a mi lado también lo hizo, es que estábamos un poco tentadas, pero tratábamos de disimularlo. Aunque respetaba mucho a esa colectividad, no creía en eso de leer las manos y saber el futuro, entonces le respondí:
-No gracias, es que estamos un poco apresuradas, estamos llegando tarde, en otra oportunidad podría ser con mucho gusto.
Le mentí, le dije una pequeña mentira piadosa para no herir su sensibilidad.
-¿En otra oportunidad?- me preguntó asombrada.
Yo no sabía qué contestar, Sofí me miraba y sonreía a la vez.
-Pues, sí, es que le vuelvo a repetir que estamos demasiado retrasadas con el tiempo.
-Yo no creo niña que va a ver otra oportunidad- respondió tajante.
-Claro que la habrá.- le contesté un poco cansada- Mire, si usted lo que en realidad está necesitando es dinero, tal vez yo le podría dar...
-Es que no se trata de dinero niña, quiero leerte la mano nada más, no quiero tu dinero, puedes guardártelo.
Ante la insistencia de esa misteriosa mujer, me vi en la posibilidad de preguntar:
-¿Y por qué a mí, y no a ella?- señalando con mi mano derecha a Sofía.
-Porque sé que tú me necesitas más que ella, en este momento.
No tenía otra salida, si seguía disintiendo con aquella gitana llegaríamos en verdad tarde al Centro de Estudios, así que no me quedó otra opción que aceptar su pedido.
-Bien niña, extiende tu mano derecha con la palma hacia arriba- me dijo prácticamente ordenándome.
No me encontraba nerviosa en aquel momento, porque ya sabía lo que me iba a predecir, lo de siempre, que voy a tener una larga vida, que voy a realizar un viaje, y tantas otras predicciones que se pueden decir, es que yo no creía en las videncias.
La gitana miró atentamente la palma de mi mano, puso la suya sobre la mía y cerrando los ojos, con un eterno suspiro dijo:
-¡OH niña de ojos color almendra!, tu eres una persona muy especial, tendrás una larga vida siempre y cuando puedas llegar a torcer el destino, eres realmente feliz, tienes un marido que te ama de corazón, realizarás un viaje, pero aun no, en el futuro podrá ser.
Escuchando atentamente las palabras de aquella misteriosa mujer, que salían de su boca como si fueran letras formando palabras de sabiduría, interrumpí su relato diciendo:
-Disculpe usted, pero en mi forma de pensar, el destino es simplemente el destino, ya está marcado en cada uno de nosotros cuando venimos a esta vida, de modo que no creo que se pueda llegar a torcer.
La gitana al interrumpirla, abrió sus ojos, y mirándome dulcemente me dijo:
-Mira niña, el destino es así como lo describes, pero ante ciertas circunstancias de la vida, cuando te encuentras entre la espada y la pared y entre la vida y la muerte, con mucho coraje y fuerza interior puedes llegar a torcerlo.
Qué sabiduría poseía aquella mujer pensé y atenta volví a escuchar la videncia:
-Veo también,- dijo cerrando los ojos nuevamente y sosteniendo la palma de mi mano con la suya- que tu felicidad que tan bien encausada está, de pronto, cierto día de tu vida, no te puedo precisar cuándo, comenzará a derrumbarse de a poco, se sentirán tú y tu esposo en una gran encrucijada... una mujer de mediana edad aparecerá en sus vidas, te brindará amistad sincera al principio, pero con el paso del tiempo te hará sentir muy apesadumbrada, desmoronada, sin fuerzas, con mucha bronca e ira contenida; casi te diría que en algún momento querrás bajar los brazos, pero niña no debes dejar que te derrote, deberás ser muy fuerte y valiente, como una leona defendiendo su cría.
-¿Cuándo va a suceder eso?- le pregunté impactada por las palabras que había escuchado.
-No te lo puedo decir, pues no lo sé, sólo quiero advertirte y nada más.
-Pero, ¿cómo advertirme y nada más?- la increpé enojada- Usted, ¿quién se cree que es?, que viene así nomás a decirme un montón de cosas horribles y luego dice que quiere advertirme nada más.- le grité con una ira contenida.
-Pues niña, eso es nada más lo que te puedo decir- me contestó seria y tranquila.
En aquel momento dirigí mi mirada hacia donde se encontraba Sofí, ella estaba parada a mi lado, había escuchado atentamente la videncia de aquella gitana pero no reaccionaba, sólo me miraba sin decir ninguna palabra, creo que estaba más asombrada que yo por lo escuchado.
-Lo siento niña- repitió casi buscando mi disculpa- quería que lo supieras y que Dios y que la Virgen de la Macarena te protejan.
Se despidió de nosotras y se fue alejando con paso firme pero sereno, dejándonos sorprendidas por aquella misteriosa presencia.
Fin del capítulo IV
Vie Abr 18, 2008 4:19 am
Brisa Marina
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Capítulo V
Después de aquella misteriosa conversación, Sofí reaccionó preguntándome:
-¿Quieres Cristal ir a estudiar todavía?
-No Sofí, prefiero ir a casa y reflexionar- le respondí apesadumbrada y triste, casi al borde del llanto.
-Te acompaño, no voy a dejarte sola en este momento.
Nos encaminamos silenciosamente hacia mi casa; el mutismo que reinaba entre nosotras era interminable, las palabras de aquella misteriosa gitana retumbaban en mis oídos una y otra vez, cuando al fin llegamos le ofrecí a Sofí un café, entonces ella me dijo:
-Deja Cris, yo lo preparo, veo que no estás en condiciones de hacer nada, siéntate en el sofá del living y descansa, luego conversaremos.
Ella fue hacia la cocina y yo hacia el living, cuando Sofí ya había preparado el café se dirigió hacia donde me encontraba desmoronada en el sofá llorando desconsoladamente, estaba hipersensible; al verme en ese estado Sofí dejó la bandeja que contenía las tacitas de café sobre la mesa ratona y sentándose a mi lado me tomó de la mano diciendo:
-¡No Cristal, no te pongas así, no le hagas caso a lo que dijo esa gitana, son todas mentiras!, ¿Quieres que llame a tu esposo para que venga?
-No, gracias Sofí, William trabaja tanto por nuestro bienestar que no quiero molestarlo.-respondí entre sollozos.
-Bueno, está bien querida amiga, pero trata de calmarte y toma el café que está bien calientito.
-Sí.- respondí como si fuera una pequeña niña de seis años obedeciendo a su madre.
-Mira Cristal, si quieres hablar de lo sucedido te escucho, pero si prefieres no hacerlo te comprenderé, soy tu amiga y te quiero, me gustaría quedarme por lo menos hasta que tu esposo llegue.
En ese preciso momento al oír las cálidas palabras de Sofí, me sentí un poco más aliviada, qué amiga leal es ella, pensé.
William llegó de su empresa más temprano de lo esperado, nos encontró charlando en el living, al vernos nos saludo animadamente y se sorprendió al ver mis ojos que aun estaban enrojecidos por tanta lágrima derramada.
Miró a Sofí y haciéndole una seña ésta se reincorporó del sofá y se dirigió hacia él, le contó lo sucedido, entonces Willy vino hacia mí y acariciando mi cabello me dijo:
-¡Querida, no debes creer en esas cosas!, lamento tanto lo que te sucedió, pero trata de olvidarlo.
-Trato William, pero no puedo, si la hubieras escuchado parecía tan convincente, muy segura de lo que decía...
-Me imagino- me interrumpió- pero no debes creer todo lo que te dicen, cariño.
-Entiendo querido, pero no lo puedo superar, quiero hacerlo sí, pero no puedo, sus palabras retumban una y mil veces en mis oídos.
William sentándose a mi lado me abrazó fuerte, en realidad lo necesitaba, necesitaba el abrazo del hombre que amo.
-A ver, vamos a hacer una cosa.- dijo luego de ponerse de pie.
-¿Qué?- preguntamos al mismo tiempo Sofí y yo.
-¿Por qué no vas a visitar a tu madre?, hablas con ella de sus cosas y así te distraes un poco y te olvidas de lo sucedido, que yo te esperaré aquí.
-¡Claro Cristal, William tiene razón!, yo te acompaño, hace rato que no veo a tu madre, que me gustaría saludarla.- dijo Sofí dulcemente.
-Está bien, creo que ustedes dos son mis Ángeles de la Guarda.- dije sonriendo.
-Eso, sonríe Cristal, que no cualquiera tiene a dos Ángeles custodiándolo.- dijo William besándome.
Tres meses después...
Un tiempo después del encuentro con aquella misteriosa gitana, mi vida continuó normalmente, la imagen y las palabras de esa mujer ya se habían borrado totalmente de mi mente; continué con mis estudios, con Sofía ya nos veíamos más asiduamente, ya sea en el Centro de Estudios, como en las reuniones que realizábamos en casa o simplemente cuando paseábamos juntas por el pueblo.
William había empezado a delegar algunas tareas al personal que había empleado en su empresa, así que él tenía más tiempo para estar conmigo.
Y así casi sin darnos cuenta, nos encontramos en el principio de mi historia, exactamente en el punto de partida o sea en Diciembre de 1999.
Pronto en mis estudios comenzarían las vacaciones estivales y junto a ellas el pueblo sería otro, la tranquilidad pueblerina pronto cambiaría por el auge rítmico de la llegada del turismo proveniente de todos los puntos del país.
Qué hermosa estación del año es el verano, la gente parece diferente, se la nota más alegre, las aves en esta época ya han empollado, sus pichones revolotean alrededor de las montañas y qué valioso ejemplo nos brindan, el ejemplo de la libertad, ellas en su vuelo majestuoso se sienten libres y la libertad es un tesoro que jamás dinero alguno podría comprarla. Hasta las plantas se ven diferentes, su verdor envuelve el paisaje serrano, de noche la brisa cálida de verano nos brinda el poder de la amistad, pues se puede ver a la gente reunirse en el patio o en la vereda de alguna vivienda, para charlar, tomar algún refresco; mientras a lo lejos un tímido grillo comienza a tocar con su violín dulces melodías que son acompañadas por la danza de las luciérnagas con sus linternas titilantes, hasta el cielo de noche en verano cambia, se pueden apreciar las estrellas formando numerosas constelaciones, las tres Marías, la Osa Mayor, la Osa Menor y tantas otras.
Mi vida junto a William prosperaba con el paso del tiempo; nos amamos y eso basta para poder sobrellevar cualquier inconveniente, mi madre se sentía mucho mejor, siempre dependiendo de mi compañía pues soy lo único que tiene sobre la Tierra.
Sofía había viajado de vacaciones a la costa Atlántica, se quedaría allí los tres meses estivales.
Cierto día antes de desayunar me encaminé hacia el centro del pueblo, deseaba comprar algo dulce y rico para compartir con William mientras tomábamos mate, mate sí, la gran infusión Argentina; el mate acompaña, forma amistades, comparte charlas, es el confidente de nuestros secretos y nos enseña el valor del compartir, pues al cebar uno el mate, lo va pasando al otro y luego al otro y así se va compartiendo.
Me dirigí hacia una panadería que hacía poco que se había inaugurado, entré en aquel negocio e inmediatamente me atendió la empleada del lugar, a ésta se la notaba muy amable y simpática.
-Hola ¿qué tal, qué desea llevar?- me preguntó amigablemente.
-Buenas tardes, este... no sé, quisiera comprar algo rico para el mate, ¡ah ya sé!, facturas, voy a llevar media docena de facturas.- le contesté.
-Bien, media docena de facturas.- dijo mientras se disponía a colocarlas sobre una bandeja para después envolverlas.
-Este... perdón pero te estás equivocando- le dije al observarla.
-¿Equivocando, en qué me equivoco?
-En que te pedí media docena o sea seis facturas y tú estás colocando siete o sea una de más.
-¡Ah tienes razón!, bueno ahora ya está, la séptima te la regalo.
-¡Gracias, qué amable!
Aboné y después de saludarla salí del negocio para retomar el camino hacia mi casa. Iba caminando con paso apresurado pues William seguramente ya había preparado el desayuno. Mirando las vidrieras de los negocios, cuando de pronto me pareció haber visto reflejado en uno de los vidrios, el rostro de aquella gitana que tiempo atrás había encontrado; voltee para verla mejor y exactamente ella estaba a unos metros de mí parada mirándome fijamente, inmediatamente bajé la vista y continué con mi camino pasando cerca de ella sin mirarla, pues su presencia me perturbaba un poco.
Cuando llegué a casa William me recibió con un beso y un reproche.
-¡Cómo has tardado, Cristal!
-Disculpa Willy, es que fui a comprar a la panadería que inauguraron hace poco en el centro, ¡sabes qué buena atención tiene la empleada que atiende ahí, es simpática y muy amable, hasta me regaló una factura de más!
-¡Mira qué bien!, creo que yo también voy a ir conocer un día de estos esa panadería- me dijo con una sonrisa picarona.
-¡William, no te pases!- le dije abrazándolo.
Desde aquella vez siempre iba a comprar a ese negocio, de a poco iba conociendo aun más a la empleada del lugar.
-Buenos días, ¿cómo te va?- me saludaba cuando me veía llegar.
-Hola, estoy bien ¿y tú?- contestaba.
-Muy bien, ¿sabes que todavía no sé tu nombre?, lo que pasa es que no soy de aquí, soy de Buenos Aires.
-¡Qué casualidad, yo también soy de allí y mi nombre es Cristal!
-¡Cristal, qué lindo nombre!, el mío es Clara.
-Clara también es lindo nombre, ¿qué haces aquí tan lejos de tu casa?
-Estoy por el empleo, pues tengo dos nenas.
-¡Qué bueno!, ¿cómo se llaman?
-Jazmín de cinco años y Celeste de siete, las cuida una señora mientras trabajo, porque mi familia está en Buenos Aires. ¿Y tú, no tienes hijos?
-¡OH yo no!, no puedo.
-¡Ay que lástima, lo siento tanto!
-No importa, ya me acostumbré, aunque me hubiera gustado haberle dado por lo menos un hijo a mi marido.
-¿Estás casada?
-Sí, ¿y tú?
-No, yo me separé del padre de las nenas hace poco tiempo, así que no tengo tu suerte.- dijo sonriendo.
-¿Cómo se llama tu esposo?- preguntó.
-William.
-¿Qué es extranjero, por el nombre?
-No, él es Argentino, pero tiene descendencia Inglesa.
-¡Ah!- me miró asombrada.
Miré mi reloj y le dije:
-¡Ay qué tarde se hizo, mi esposo me va a matar!, él siempre me dice que cada vez que vengo aquí me quedo tanto charlando que siempre tiene que preparar de nuevo el desayuno. Adiós Clara.
-Adiós Cristal, saludos a tu esposo.
-Gracias, besos a tus nenas.
Siempre que salía de aquel negocio me encontraba con aquella gitana parada en el mismo lugar, solamente mirándome.
Fin del capítulo V
Vie Abr 18, 2008 8:29 pm
Brisa Marina
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En este capítulo aparece Clara en escena, personaje esencial para que la vida de la Clara y William comience a transformarse en una tragedia.
Vie Abr 18, 2008 8:30 pm
Brisa Marina
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Capitulo VI
El almanaque de la vida va pasando de manera vertiginosa, ya nos encontrábamos en Febrero.
Una mañana cuando entré al negocio que atendía Clara me encontré con una pequeña sorpresa...
-¡Hola Cristal!,¿cómo estás?- saludó con simpatía.
-¡Hola Clara, qué calor sofocante que está haciendo!
-¿Viste?, está anunciado lluvia para esta noche.
-Si llueve por lo menos va a refrescar un poco, pues este calor no te deja respirar.
Inmediatamente después de decir esto, apareció una pequeña niña que me miraba con ojitos de asombro, Clara me la presentó como su hija menor de cinco años, la saludé afectuosamente:
-¡Hola linda!, ¿cómo te llamas?
-Jazmín.- me contestó vergonzosa abrazando a su madre por la cintura.
-¡Qué lindo nombre!, ¿estás acompañando a tu mamá?
-Sí.
-¡Qué bonita eres!- le dije con afecto.
Luego de atender mi pedido, me despedí de Clara y de su pequeña hija.
Cuando comencé a caminar por las calles del pueblo, iba con la imagen de aquella pequeña niña grabada en mi mente; recién la acababa de conocer, no tenía aun cierta química con ella, pero presentía dentro de mí que algún día aquella chiquilla iba a ser una personita muy importante en mi vida.
Caminaba distraída pensando en aquella niña de cabello oscuro, corto y con flequillo, de tez blanca y ojos color café, cuando de pronto me crucé con la gitana que siempre se encontraba parada frente a mí, al verla me decidí a preguntarle:
-Señora, disculpe pero... ¿por qué cada vez que me retiro de aquel negocio, usted siempre se encuentra frente a mí mirándome fijamente, como queriendo comunicarme algo?
-Niña, no te incomodes por favor te lo pido, es que yo estoy aquí para protegerte.
-¿Protegerme, de qué se puede saber?- pregunté un poco furiosa.
-No te lo puedo decir aun, pero a veces las personas no son como tú crees, las apariencias engañan.
-Mire, usted es una gitana muy misteriosa, hasta me hace sentirle temor; aun no sé su nombre, ni dónde vive y usted me persigue como si me conociera de toda la vida, no sé hasta dónde quiere llegar con esta actitud.
-Disculpa niña, mi intención no es molestarte te comprendo, tú no sabes nada de mí, mi nombre es Amparo López, resido en la colectividad gitana del pueblo y te repito, estoy para protegerte.
-Está bien la disculpo, pero por favor, le ruego que no se interponga más en mi camino.- le dije, más calmada.
-Niña de ojos color almendra, si crees que mi presencia te pone de ese modo...
-Si.- la interrumpí.
-Pues no me volverás a ver más en tu camino, pero cuídate sabes, cuídate mucho, no creas en la fantasía que se presenta ante tus ojos; te lo suplico y si algún día me llegaras a necesitar búscame en la colectividad que allí me encontrarás.
Dijo esto y se alejó de mí con paso apresurado.
Nunca antes le había contado a William de la presencia insistente de la gitana; se lo había ocultado para que no se preocupase por mí, él siempre se preocupa por todo y si le contaba era capaz de contratar un custodio para que me acompañase, pero igualmente no pude más y se lo conté, él no lo tomó de buena manera, así que se ofreció él mismo hacer las compras y que yo preparara el desayuno.
Cierto domingo de mañana, William salió de casa para comprar el periódico, después se dirigió al negocio donde atendía Clara para comprar algo para el desayuno; yo le había dicho que fuera allí, así podía conocerla pues le había hablado tan bien de ella que quería saber qué opinaría él de Clara.
Clara al verlo lo saludó muy amablemente, ella es así, conversa amigablemente con todos los clientes del lugar y William también es muy conversador; pero una cierta timidez sale de su ser cuando conoce a alguien por primera vez, cuando ya existe una cierta confianza ya se suelta un poco más, lo que pasa que Willy es muy divertido y parlanchín.
-Buenos días.- saludó William entrando al negocio.
-Buenos días, ¿qué va a llevar?- le respondió el saludo Clara.
William apoyando el periódico en el mostrador, sin soltarlo realizó el pedido. Antes de atender a William, Clara le pidió prestado el periódico, pues como el día anterior había jugado a la lotería y quería saber qué número había sido favorecido, cuando lo tomó observando la contratapa vio la foto de una mujer con poca ropa, al mirarla detenidamente le dijo a William:
-¡Ay, este tipo de mujeres con muy poca ropa, son las que más les interesan a los hombres, por eso es que me separé de mi marido!
-No todos los hombres son iguales.- le respondió Willy.
-Estas mujeres con pinta de rameras son las que tienen suerte, la mujer seria parece no interesarle al hombre. Bueno voy a ver el sorteo y le devuelvo el periódico.
-Está bien, mírelo tranquila.
Después de atender el pedido de William, éste le abonó y Clara le quedó debiendo cierto dinero, puesto que no tenía cambio para darle. Luego Willy se retiró del lugar saludándola amablemente.
William al regresar a casa, con un beso me sorprendió, puesto que me encontraba distraída preparando el desayuno. Cuando nos sentamos a desayunar le pregunté si había ido al negocio de Clara, él me respondió que sí y agregó:
-La verdad Cristal, es que me cayó muy bien como persona, es muy conversadora y simpática.
-¡Viste Willy, es divina, es una mujer muy avasallante!
-Sí amor, pero tú eres mejor.- me dijo tomando mi mano derecha y dejando sobre ella un chocolate que había comprado en el camino.
-¡Gracias William, eres tan bueno conmigo, te amo!- dije dándole un apasionado beso.
Los días fueron pasando y con ellos Clara iba conociendo cada vez más a William; cuando lo veía pasar frente al negocio siempre lo saludaba con su mano abierta. Pronto se acercaría la fecha del cumpleaños de mi esposo, le quería preparar para ese día una linda fiesta, le pregunté a William a quién quería invitar y él me respondió:
-No sé Cris, invitaré tal vez a las personas que siempre vienen; mis amigos, los empleados de la empresa, tu madre; mi familia no creo que pueda viajar, así que no cuento con ellos...
-Pero seguramente te llamarán por teléfono.- interrumpí.
-Y sí, seguro que me llamarán. También voy a invitar a tu amiga Sofía.
-¡Pero William, si Sofía está de vacaciones!
-¡Ay, cierto me había olvidado!
-¿Y a Clara no la vas a invitar?
-No sé, ¿tú qué dices?
-A mí me gustaría invitarla, ¿quieres que la invite yo?
-Como quieras Cristal.
-Bueno, yo la invitaré.
Dos días después de la conversación que mantuve con mi marido, entré al negocio donde Clara seguía trabajando; la saludé en forma afectuosa y nos dispusimos a conversar:
-¿Cristal, cuánto hace que no te veo?
-Hace mucho, ¿no?- contesté.
-Sí, ya estaba creyendo de que te encontrabas de vacaciones.
-¿Clara?
-¿Sí?- me respondió.
-No sé tú, pero yo ya te considero mi amiga, quería invitarte para el cumpleaños de mi marido.
-¡OH, me siento muy halagada!, yo también te considero mi amiga, ¿cuándo es el cumpleaños?
-El jueves 2 de Marzo, pero lo festejamos el viernes 3.
-Quédate tranquila que voy a asistir y no te preocupes por la torta que yo se la regalo.
-¡Gracias, pero no te pongas en gastos, por favor!
-No es ningún gasto, lo hago con gusto.
Luego me despedí de ella diciéndole que no nos vaya a fallar esa fecha y cuando me acordé la miré y le dije:
-¡Ah!, me olvidaba, ¿tienes a mano el dinero que le debes a mi marido?
-¿Dinero, qué dinero?
-El que le quedaste debiendo el día que vino a comprar, él estaba con un periódico en la mano y tú le pediste que te lo prestara para ver el número que había salido en la lotería y también dijiste algo referente a la foto que estaba en la contratapa.
-¡OH sí, ya recuerdo!, ¿ese señor es tu esposo?- me preguntó demasiado asombrada.
-Sí.- le contesté.
-La verdad, ¡qué buen mozo es tu marido, te felicito!
-¡OH gracias!, bueno, cuento contigo, ¿no?
-Sí, quédate tranquila y toma el dinero.
-Gracias, adiós Clara.
-Adiós Cristal, saludos.
-Bueno.- le respondí ya cerrando la puerta de entrada del local.
Estaba tratando de abrir la cerradura de la puerta de mi casa, cuando de pronto escuché que estaba sonando el teléfono; me apresuré, logré entrar y atender antes de que se corte.
-¿Hola?- dije cuando levanté el tubo.
-¿Con la casa de la señora Cristal Smith?- me respondieron.
Esa voz me resultaba familiar...
-¿Sofía?, ¿Sofía, eres tú?
-¿Y quién otra podría ser?
-¡Qué alegría!, ¿dónde estas, estás en la Costa todavía?- no podía contener la emoción.
-No querida amiga, estoy justamente parada frente a la puerta de tu casa.
Me asomé por el ventanal y la vi con su celular en la mano; sonriendo colgué el tubo e inmediatamente corrí a abrir la puerta, cuando estuve frente a Sofía la abracé fuertemente y juntas entramos.
-Pero déjame verte bien. ¡Qué linda estás, y qué bronceada!
-Gracias Cris, tú también estas muy linda.- me respondió.
-Pero, ¡qué alegría, no te esperaba todavía y yo como una estúpida te preguntaba si estabas todavía allá!- al decir esto nos reímos.
-Siéntate, ponte cómoda, ¿qué te sirvo de tomar?- continué diciendo.
-Si quieres, podemos tomar un café.
-Bien, ya lo preparo y así nos ponemos a charlar tranquilas.
Me dirigí hacia la cocina, preparé el café y lo llevé al living, me senté al lado de Sofí, encendí un cigarrillo y le pregunté:
-Pero cuéntame, ¿cómo te ha ido en tus vacaciones?
-Bien, excelente; tuve tiempo para descansar, aunque extrañaba un poco, uno se acostumbra, viste.
-Y sí, ¿conseguiste novio?
-No Cristal, el hombre ideal existe una sola vez en la vida y yo ya lo tuve aunque lo perdí, prefiero seguir sola, así estoy bien.
-Pero, aunque te comprendo eres una mujer joven, bonita, inteligente, no te puedes quedar sola.
-Yo elegí esta forma de vida, Cristal.
-Esta bien, no me voy a poner insistente.
Sofí sacó de su enorme bolso un paquete envuelto con un hermoso papel de regalo y un gran moño color esperanza (color verde).
-Es para ti y para William.- dijo al entregármelo.
-¿Qué es?
-Ábrelo y verás.
Rompí el papel de regalo, porque se dice que cuando se recibe un obsequio, se tiene que romper el envoltorio para que le de suerte. Me encontré con un cuadro pintado al óleo, la pintura tenía el fondo del mar, con muchos hipocampos, peces, delfines, algas y estrellas de mar, ¡era tan bello ese cuadro!
-¡Gracias Sofí!- le dije emocionada.
-De nada, cuando lo vi en la vidriera me acordé inmediatamente de ustedes; sé que te gustan tanto los animales y el hipocampo y el delfín simbolizan la fidelidad, fidelidad que quiero que exista entre ustedes para que siempre estén juntos, amándose hasta que la muerte los separe.
-¡Pero qué gran gesto has tenido, Sofí!
-Es que los quiero tanto, son como una familia para mí, en ustedes encontré a la hermana y al hermano que no tengo.
-¡Gracias Sofí, pero esto es demasiado costoso!
-Nada es costoso Cris, si se lo adquiere con afecto y cariño.
Qué dulce y tan cálida es Sofía, ella siempre tiene la palabra justa para todo y con la delicadeza que se expresa.
Mientras tomábamos el café, seguimos con la charla.
-¿Y cómo está William?, todavía no te había preguntado por él.
-¡OH!, él esta bien, está trabajando menos pues contrató más empleados en su empresa.
-¿Y tú cómo estás Cristal?
-Y yo bien, bien, ¿sabes conocí a una persona muy especial?
-¿No me digas?
-Sí.- contesté.
Le conté de Clara, de cómo la había conocido y demás detalles; lo que había sucedido con la gitana, a la que no había vuelto a ver más. Que me encontraba muy ocupada preparando la fiesta de cumpleaños de Willy.
-¡Supongo que vas a venir!
-Y, ¿por qué crees que no?, si porque me acorde de su cumpleaños es que volví.
Seguimos charlando hasta la llegada de William, cuando él regresó nos invitó a cenar para festejar la vuelta de Sofí; fuimos a un hermoso restaurante, la verdad que pasamos una estupenda velada juntos recordando momentos pasados, riéndonos en familia como había dicho Sofí.
Al fin llegó el día del cumpleaños de William, yo me había encargado de todo; de los invitados, del adorno de la casa, un montón de guirnaldas colgaban del techo, de los árboles del parque, las había colocado por todos lados acompañadas por globos de hermosos colores, que tenían un grabado que decía: “Feliz Cumple William- 2/03/2000”, también había colocado unos trescientos globos tomados de un gran moño en el centro de la piscina; el servicio de Catering ya había llegado, todo estaba ya preparado para recibir a los comensales. El nuevo milenio nos había encontrado cada vez más consolidados, William recorría cada rincón de la casa mirando los adornos. Sólo faltaba cambiarme para recibir a los invitados, había elegido para la ocasión un vestido largo con dos tajos de cada lado, negro de seda con detalles de tul, un poco escotado de frente y sin espalda, parecía un solero; me maquillé delicadamente, me peiné recogiendo mi cabello pues ya lo tenía un poco más largo, me calcé un par de sandalias negras de taco alto, también llevaba puesto algunas de las joyas que me había regalado William, una gargantilla de perlas cultivadas, una pulsera haciendo juego y otra pulsera de oro que era un Rosario Vasco. William se había puesto un traje negro, camisa blanca y corbata rosa, zapatos negros de charol, estaba muy elegante y seductor.
Cuando me vio vestida, se acercó y me dijo al oído:
-¡Qué linda estás mi amor, estás espléndida!
-Tú también estas muy elegante William.
Nos besamos con mucha pasión, justo en ese momento nos interrumpió la llegada de la primera invitada, le había abierto la puerta un empleado del servicio de catering.
-¡Qué lindo verlos así!- dijo Sofía.
-¡Sofía, qué alegría verte!- la saludó William.
-¡Feliz Cumple!, esto es para ti.
-¡Gracias Sofía!, no te hubieses molestado.
-¡Cómo iba a venir a tu cumple sin un regalo!- le respondió saludándome.
-¡Cristal estás hermosa esta noche!, William cuida mucho a esta mujer que vale oro.
-Y crees que no lo sé, ella es mi princesa y muchas gracias es hermoso tu obsequio.
Sofí, le había regalado una camisa y una corbata espectaculares.
-Pero soy la primera en llegar.
-Mejor- le dije- así charlamos un rato antes de que lleguen los demás invitados.
Nos dirigimos al parque, una brisa tibia hacía que la noche se presentara para tal evento.
-Cuéntame Cristal, ¿la invitaste a esa tal Clara?
-Sí.
-Y, ¿qué te contestó?
-Que va a venir, ella le va a regalar la torta.
-Ah claro, si ella trabaja en una panadería.
Justo en aquel momento me llamaron porque habían llegado más invitados.
-Sofí, ponte cómoda ya sabes que estas en tu casa, cualquier cosa que precises le pides a los mozos que enseguida vuelvo.
-Ve tranquila amiga.
Cuando llegué a la puerta de entrada me encontré con William que estaba saludando a Clara, a mi madre y a sus empleados que ya habían llegado; fui hacia ellos y los saludé también, luego Clara, mi madre y yo, nos dirigimos hacia el parque, mientras William le iba mostrando la casa a los empleados de su empresa.
-Sofí, te presento a Clara, a mi madre ya la conoces.
-Encantada, Sofía Roldán.
-Mucho gusto, Clara Salguero.
Fin del capítulo VI
Sab Abr 19, 2008 8:17 pm
Brisa Marina
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Capítulo VII
Sofía y Clara se saludaron muy amablemente, las dejé solas charlando.
-Cristal me habló mucho de ti, de cómo te había conocido.- le dijo Sofí.
-¡OH sí!, ella es muy buena y muy simpática.
-Ella es la más buena del mundo, no conozco otra igual, es muy especial y carismática.
-Sí, y su esposo también es muy amable.
-William es una gran persona, ama profundamente a Cris, es capaz de dejar la vida por ella, yo los quiero mucho a los dos...
-Mi hermana también se llama Sofía, como tú.- interrumpió un poco incómoda por las palabras de Sofía.
-¡Así, mira tú!
-¿Se encuentran a gusto?- las interrumpí- sírvanse lo que quieran, mi deseo es que se sientan como en su casa.
Luego de la recepción llegó la cena; ésta se sirvió en el amplio parque cerca de la piscina, allí se encontraba armada una gran carpa de color blanco, muy grande y de cada lado estaba colocada una antorcha. El fuego de las antorchas más el adorno de la gran mesa, con velas flotantes encendidas dentro de unos copones, daba un toque romántico a la velada. Mientras cenábamos, un fotógrafo nos sacaba muy lindas fotos, mientras todos éramos filmados. William estaba sentado en la cabecera de la mesa, a su lado estaba yo y a mi lado estaba sentada Clara, que me había pedido anteriormente por favor sentarse a mi lado pues ella es muy vergonzosa y no conocía a nadie; frente a mí se encontraba Sofí y los demás invitados. En cierto momento de la velada, Sofía se puso de pie y pidió un brindis por el homenajeado y también que William dijera algunas palabras alusivas. Se produjo el brindis deseándole lo mejor para William y luego él se puso de pie y dijo:
-¡OH!, estoy muy emocionado, es el cumpleaños más lindo que he tenido en mi vida; veo a todos los aquí presentes, a mis afectos cerca de mí, me siento muy pero muy feliz y también le quiero agradecer a mi querida y amada esposa Cristal, por haber convertido mi cumpleaños en un gran sueño, sueño del que no quisiera nunca despertar; no sé qué haría sin ti amor, gracias por todos los días de dicha que me brindas y gracias por este gran festejo, TE AMO.
Todos los presentes aplaudieron, mientras William me abrazaba y me besaba sin vergüenza al qué dirán. Yo realmente estaba feliz de ver a aquel hombre disfrutar de la velada.
Después de la cena, vino el baile, con cotillón, papel picado y demás, bailamos todos juntos, saltamos, nos reímos. Mientras observaba a William divertirse, comportándose como un niño con un juguete nuevo, pensé, sí, en realidad él estaba feliz.
William se sacó fotos con cada uno de los presentes, ya sea en pose o bailando, se sacó fotos también con Sofí y con Clara.
Cuando el reloj que colgaba del living ya había dado las cinco de la mañana, los invitados se habían retirado a sus hogares; Clara fue la primera en irse pues al otro día tenía que trabajar. Sólo habíamos quedado Sofí, William y yo. Con Sofí nos sentamos en el living a charlar, nos interrumpió William, que estaba tan cansado y ya se retiraba, le preguntó a Sofí si se quedaba a dormir y ella aceptó, ya era demasiado tarde para irse.
-Ya vengo Sofí, voy a acompañar a Willy al cuarto y vengo enseguida, ponte cómoda.- dije.
-Ve tranquila- contestó.
William y yo subimos las escaleras, entramos al cuarto, mientras preparaba la cama para que se acostara él me tomó por detrás de la cintura y besó mi oreja.
-¡William, qué amoroso eres!- le dije dulcemente.
Sin querer trastabilló y nos caímos en la cama, William no paraba de reír.
-¿Estás contento amor?
-Sí querida, gracias por esta noche tan maravillosa e inolvidable.
Cuando quise reincorporarme él no me dejó, me llevó hacia él diciendo:
-Quédate conmigo,¿sí?
-William no puedo, está Sofía esperándome abajo.
-Que se vaya a dormir Sofía y así te quedas conmigo.
-¡Ah, picarón! ya adiviné tus intenciones, pero será mejor que descanses, me parece que se te subió un poco la champaña a la cabeza.
-¿Quieres decir que estoy ebrio?
-Sí.
-Bueno, estoy ebrio, pero ebrio de amor por ti.
Fueron pasando los días de aquella gran fiesta de cumpleaños; a la semana de aquel acontecimiento William recibió la visita de uno de sus amigos, se encontraban los dos en el parque, sentados a la orilla de la piscina tomando un refresco, cuando escucharon a los perros que ladraban insistentemente ambos dirigieron sus miradas hacia el portón de entrada y William divisó a Clara que estaba llamando, se dirigió hacia ella, la saludó amablemente y la invitó a pasar.
-Vine porque ya que estaba de paso, quería ver si ya habían revelado las fotografías del cumpleaños.
-Si, las fotos ya están acá.- le contestó
-¿Y cómo salieron, las puedo ver?
-Mira, Cristal ahora no está en casa, pues ella misma te las quería mostrar, así que si la quieres esperar ella no va a demorar mucho...
Clara lo interrumpió.
-¡Ay!, es que estoy con mucha prisa, dejé a las nenas solas en casa, pues como hoy no trabajo, ¿no me las podrías mostrar tú?
-Bueno, está bien.
William subió a la habitación, tomó las fotografías que estaban guardadas en el placard y bajó con ellas en la mano; la invitó a sentarse en el parque, le hizo una seña a su amigo para que lo esperara un poco y comenzó a mostrarle las fotos.
-¡Qué lindas están!
-Sí.- sólo dijo él.
Luego de verlas muy detenidamente, Clara le preguntó:
-Acá falta una foto, ¿no?
-¿Una foto?- respondió William haciéndose el desentendido.
-Sí, yo me acuerdo que nos sacamos una foto tú y yo bailando, con tu mejilla pegada a la mía.
-¡Ah!, esa foto.- respondió él.
-Sí, esa foto.
William no sabía mentir, no le gustaba para nada la mentira.
-Bueno, pues la rompí.
-¿La rompiste?
-Sí, es que cuando vimos las fotografías con Cristal, al ver aquella me sentí con vergüenza; es que aquella noche yo estaba con una copa de más, recuerdo sí, el momento en que la tomaron, pero yo no quiero tener problemas, no soy una persona irrespetuosa y sentí que sin querer te estaba faltando el respeto o me había tomado demasiada confianza contigo, así que la rompí.
-¡Ay qué lástima, pero si no me estabas faltando el respeto!
-Yo lo sentí así, seré divertido, pero conozco los límites de la diversión; te pido disculpas si te incomodé aquella noche, no fue mi intención.
-¡Ay William no me digas eso, en ningún momento sentí que me incomodabas!
-Bueno está bien, pero, ¿puedo pedirte un favor?
-Sí, dime.
-No le cuentes a Cristal que ya has visto las fotos, ella te las quería mostrar y no quiero que se ponga triste.
-Está bien quédate tranquilo, secreto guardado, ¿sí?
-Sí, está bien.
-Bueno William, ya debo retirarme, dale mis saludos a Cristal capaz mañana vengo a verla.
-Bueno, se lo diré.
Se despidieron y luego William volvió a retomar la charla con su amigo que lo estaba esperando.
Al otro día de tarde sonó el timbre, me dispuse a atender y al abrir la puerta de entrada me encontré con Clara que venía a visitarme.
-¡Clara, qué grata sorpresa!
-¡Hola Cristal!, como hoy no fui a trabajar, pensé en venir a visitarte.
-Pensaste bien, pasa, pasa tranquila.
-Gracias.
Nos sentamos en el parque debajo del viejo caqui que nos brindaba una gran sombra, pues el calor era sofocante. Serví dos refrescos y comencé a ver la revista que había traído Clara, ella vendía lencería por catálogo. Le encargué unas cuantas prendas, ella estaba muy contenta por ello.
Yo quería demasiado a aquella amiga, la escuchaba cuando me contaba de sus cosas, de las nenas, de su ex esposo, de lo mal que la trataba, de que no recibían las niñas ni un peso de parte de él; yo sólo le podía brindar mi oreja para escucharla y algún que otro consejo, con la condición de que ella era libre para tomarlo o dejarlo. Me agradaba su compañía, como era tan parlanchina siempre se hablaba todo ella, apenas yo podía decir alguna palabra, pero igual me encantaba estar con ella.
-¡Ah!, Clara ya tengo las fotos del cumpleaños de William, te las voy a mostrar.
-¡Así!- me contestó disimulando que ya lo sabía.
-¿Quieres verlas?
-Bueno.- sólo me contestó.
En realidad yo la estaba probando, probando su lealtad, pues William me había comentado que ella había estado en casa y que ya había visto las fotografías; William no sabe mentir y tampoco le gusta la mentira, el es mi esposo fiel y le pareció muy importante contármelo, él es así.
Le comencé a mostrar las fotos, en ningún momento Clara me comentó de que ya las había visto, disimulaba demasiado bien.
Justo en el momento de terminar de verlas llegó William de su empresa, saludó a Clara y los dejé un rato solos, pues me dirigí a la cocina a buscar un refresco para él.
-Vi de nuevo las fotos.- dijo Clara.
-Ya me he dado cuenta.
-Quédate tranquilo William, no le dije nada a Cristal que ya las había visto.
-Gracias.- sólo le contestó.
Cuando regresé con el refresco, Clara miró su reloj y me dijo:
-¡Ay Cristal!, me tengo que retirar, tengo que ir a buscar a las nenas al colegio.
-¿No quieres pasar a la vuelta por aquí?, si no tienes nada que hacer.
-Bueno, así conocen a las nenas.
-¡Qué lindo!, ¿no, William?
-Sí amor.- me contestó.
-Bueno, ahora vuelvo.- dijo Clara.
-Te acompaño hasta la puerta.- dije.
Cuando Clara regresó con sus hijas, éstas me saludaron muy cariñosamente, a Jazmín ya la conocía, a Celeste de siete años no, se la notaba más tímida que su hermana, eran hermosas esas niñas.
William después de saludarlas, a pesar del cansancio que tenía comenzó a jugar con ellas, corrían por el parque, se reían, se empujaban, él parecía un niño más. Él estaba asombrado de lo dulce y bellas que eran, mientras preparábamos la merienda Clara me dijo:
-Pero, ¡mira cómo juegan!
-Viste, William si fuera padre sería el mejor.
-Ya lo creo.- respondió Clara.
Pasamos una tarde espléndida con ellas, cenamos y luego las acompañamos a su casa.
Desde aquella grata visita de Clara y sus hijas, el tiempo fue transcurriendo como una ráfaga de viento; casi sin darnos cuenta ya estábamos en vísperas de las Pascuas, el verano ya le había cedido el paso al otoño, junto a él la tibia brisa de verano se transforma en una gran ráfaga fría de viento; el verdor del paisaje serrano había comenzado a cambiar, las hojas de los árboles, de a poco comenzaban lentamente a caer, las aves con sus pichones ya crecidos comenzaban a emigrar hacia otros horizontes y junto a ellas se iba retirando el turismo, devolviéndole al pueblo la tranquilidad y paz pueblerina. Junto al otoño viene el inicio de las clases.
Volvimos a retomar la relación de amistad con Sofía más diariamente, ya que antes eran algunas visitas esporádicas las que realizábamos.
Clara y las nenas en cambio, periódicamente venían a casa a visitarnos, aunque con cierta rareza nunca nosotros las habíamos visitado a ellas. Yo había comenzado a notar un leve cambio en la actitud de Clara; ella había tomado por costumbre venir a casa cuando no me encontraba, siempre tenía alguna excusa para visitar a William, venía siempre sola, sólo traía a sus hijas cuando me encontraba en casa, mi relación con las nenas era maravillosa sobre todo con Jazmín, empezaba a quererla demasiado a esa pequeña.
De a poco comenzaba a darme cuenta de lo que le estaba sucediendo a Clara, aunque nunca no se lo había dicho, ya me incomodaba su actitud.
Había llegado la víspera de mi cumpleaños, el 2 de Mayo; William había preparado una sorpresa para mí en ese día, él solo se había encargado de todo, sólo faltaba que llegara la fecha del evento.
Pero antes de mi cumpleaños, se cumplía un nuevo aniversario del fallecimiento de mi padre, el 26 de Abril; en esa fecha siempre se estremecía todo mi interior, ya hacía ocho años que mi padre no estaba más a mi lado, a veces lo extrañaba tanto, extrañaba su sonrisa, el beso que yo le daba en la frente, su voz. ¡Ay con qué doloroso dolor, se extraña a un ser querido que se ha puesto alas para volar hacia el cielo!
Ese día William me encontró escribiendo en la computadora, me preguntó que estaba haciendo, le contesté que estaba escribiendo un relato en honor a mi padre, él muy cariñosamente se sentó a mi lado, acarició mi cabello y me pidió que se lo leyera, y esto surgió...
Fin del capítulo VII
Dom Abr 20, 2008 8:37 pm
Eire
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Jo, vaya historia, yo también la sigo impaciente
Dom Abr 20, 2008 11:54 pm
Brisa Marina
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Gracias
Lun Abr 21, 2008 12:20 am
Xena
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Mensajes: 392
Ubicación: En el país de los sueños
Estoy enganchada a tu historia amiga Brisa, espero impaciente el siguiente capitulo. Me gusta como escribes.
Lun Abr 21, 2008 11:12 am
Brisa Marina
Registrado: 11 Abr 2008
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Gracias a tod@s, luego pongo el otro capítulo.
Lun Abr 21, 2008 7:51 pm
Brisa Marina
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Capítulo VIII
Conversando con Dios
Conversando con Dios, le pregunté:
-Si los seres que no están más con nosotros, ¿se encuentran contigo?
Entonces ÉL me contestó:
-Si fueron buenas personas y también virtuosas con los demás, estarán en todos lados.
En el mar, en la montaña, en el bosque, en el aire que respiramos.
Entonces, al escuchar la respuesta fui al mar y le pregunté:
-Querido mar: ¿Has visto tú a mi padre?
-Tal vez si, tal vez no.- me contestó.
Fui a la montaña y le pregunté:
-Impetuosa montaña: ¿Has visto tú a mi padre?
-Tal vez si, tal vez no.- me contestó.
Fui entonces al bosque y le pregunté:
-Frondoso bosque: ¿Has visto tú a mi padre?
-Tal vez si, tal vez no.- me contestó.
Rendida, volví a mi punto de partida, llamé a Dios, y con los ojos llenos de lágrimas, le comencé a narrar lo que me habían contestado el mar, la montaña y el bosque.
Entonces Dios se infló tanto, tanto, que casi explota al largar una carcajada llena de corazoncitos de dulzura. encontrándome asombrada, fue lo que me llevó a preguntarle:
-¿Qué es lo te causa tanta risa de mi relato?
ÉL entonces me contestó:
-¡No hay motivo para llorar, está todo tan claro ante tus ojos, que no te has dado cuenta!
Me explicó con su dulzura y protección, que mi padre se encontraba en todos lados a la vez, por eso no me supieron responder el mar, la montaña y el bosque si mi padre se encontraba en ellos.
Que había olvidado un detalle muy importante, preguntarle al aire; él si me hubiera contestado que lo vio, porque el alma de mi padre al morir se dividió en un montón de trocitos de brisa, de brisa de mar, de montaña, de bosque y es esa brisa la que me despierta por las mañanas, la que me ayuda a seguir viviendo, la que me hace soñar con un mundo mejor lleno de paz, armonía y amor; y es esta brisa la que me rodea de protección y afecto como un Ángel envolviéndome con sus alas.
Luego de leerle el relato, a William le pareció una narración muy personal, muy conmovedora y hasta le hizo recordar a su madre fallecida. Más de una vez mientras lo narraba, a él le brotaba una lágrima de sus ojos.
Y llegó por fin la tan ansiada fecha de mi cumpleaños, se realizó una gran velada íntima con nuestros allegados; William se había encargado de todo, aunque mi cumple era muy similar al de él, me encontré de pronto con grandes sorpresas. Ese día, Clara me había invitado a su casa, pues William me había comunicado días antes que no se iba a realizar ninguna fiesta, porque los invitados no iban a poder asistir; ni Sofía iba a poder pasar a saludarme ese día, así que yo creía que sólo se realizaría una cena con Clara y las nenas, nada más.
Cuando regresé a casa, noté que en mi hogar reinaba la oscuridad, eso no me extrañó porque se podría haber cortado la luz, pero al entrar toda la casa se iluminó; mientras comenzaba a sonar nuestra canción. William y todos los presentes comenzaron a cantarme el cumpleaños feliz mientras me saludaban, me encontraba tan asombrada que sólo atiné a llorar de emoción, hasta Sofía había venido, William se acercó a saludarme y nos fundimos en un apasionado beso de agradecimiento.
Luego de la recepción, llegó la cena y después de la cena, el baile y después la torta; cuando estábamos a punto de brindar justo William había desaparecido, quise ir a buscarlo pero Sofía y Clara me lo impidieron, cuando de pronto comenzó a sonar una bella melodía que provenía del parque, era una linda melodía mexicana, cuando salí a ver qué sucedía me encontré frente a cinco mariachis mexicanos que estaban entonando Las Mañanitas para mí, y en medio de ellos se encontraba William con un ramo de flores, el cual me lo entregó con un gran beso; estaba tan emocionada, no entendía nada, parecía que me encontraba en el cielo junto a un coro de Ángeles. Los mariachis brindaron un gran show, con William bailamos casi todas las canciones.
Pero todavía faltaba una sorpresa más, cuando los mariachis ya se habían retirado retomamos el brindis, entonces Clara se puso de pie y mirándome dijo:
-Cristal, te quiero desear todo lo mejor en este día, quisiera que si me lo permites hacerte un gran regalo y espero que lo aceptes, quisiera que seas la madrina de bautismo de mi hija Jazmín, eso si tú aceptas.
Ante aquellas inesperadas palabras, me reincorporé de la silla y la abracé agradecida, nunca voy a olvidar el día en que conocí a Jazmín, siempre presentí que esa pequeña personita iba ser muy importante en mi vida.
-¡Ahh!,- dije secándome las lágrimas- claro que acepto, si ella quiere.
-¡Claro que quiero que seas mi madrina, Cristal!- dijo Jazmín dándome un fuerte abrazo y un gran beso.
Brindamos por el nuevo acontecimiento, me sentía feliz; qué más se le puede pedir a la vida pensé, tengo una familia que me quiere, un esposo maravilloso, una madre que me ama, un montón de conocidos que me aprecian, dos amigas leales y una niña que es puro amor.
Más tarde cuando fui a despedir al último invitado, como Sofí se había quedado en el parque conversando con William, me quedé parada en la puerta de calle observando las estrellas, como el cielo estaba limpio sin una sola nube se podían apreciar bien las constelaciones. De pronto cuando me encontraba distraída mirando hacia arriba, apareció de la nada aquella gitana que tiempo atrás me había perturbado tanto y a la que yo ya había olvidado, al verla frente a mí me asusté, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, sólo me dijo:
-¡No aceptes niña de ojos color almendra, estás todavía a tiempo, no aceptes por favor!- dijo en un tono desesperado.
-¡Oiga señora!, ¿cómo era su nombre?- dije temblorosa.- ¡Ah ya recuerdo!, Amparo López, ¿no?
-Sí niña, soy la misma que viste y calza.- respondió.
-Y dígame, ¿cómo supo mi dirección, quién se la dio?
-Yo lo sé todo, lo vi aquel lejano día en tu mano, niña no aceptes por favor, te lo ruego.
-Pero, ¿qué es lo que no tengo que aceptar?- mi corazón comenzaba a palpitar tan fuerte que casi quería explotar.
-No aceptes a esa niña, la de esa mujer.
-¿Usted se está refiriendo a Jazmín, la hija de mi amiga Clara, no es cierto?
-Sí niña, esa mujer no es tu amiga, amistad es lo que te hace creer que siente por ti; pero esa mujer es una muy mala persona, te quiere ver mal, te lo advertí cuando leí tu mano y no me quisiste escuchar, esa persona va a sembrar la desgracia en tu hogar.
-¿Clara?, ¡pero por favor, si no mata ni una mosca!
-Eso es lo que te hace creer a ti, pero es el vivo demonio en persona, por favor niña, te lo suplico, no aceptes a esa pequeña como tu ahijada.
-¿Y usted cómo sabe todo eso, estuvo espiando?
-Yo no espío, sólo puedo ver más allá que cualquier ser humano.
-Pero, si Jazmín es una inocente pequeña de cinco años.
-Claro que sí, pobrecilla de ella, pero su madre, de su madre es que te tienes que cuidar mucho.
-¡Bueno, ya basta, no quiero escucharla más, así que la invito a que se retire, si no tendré que llamar a mi esposo y a la policía!
-Eso no es necesario, me voy sola pero por favor niña no aceptes por el amor de Dios, acércate a tu amiga Sofía que ella sí es una verdadera amiga y te quiere y a tu esposo, pero aléjate de esa mujer, por favor.
Dijo esto y se alejó corriendo, traté de seguirla pero cuando corrí unos metros la perdí de vista, regresé cansada a casa y en la vereda estaban Sofía y William que habían salido a buscarme; estaban desesperados pues no me encontraban por ningún lado. Les conté lo sucedido con aquella misteriosa mujer, William trató de calmarme; estaba asombrada y apesadumbrada por lo que había escuchado.
Cuando William se retiró a dormir, nos quedamos en el comedor con Sofía conversando y tomando café.
-Cristal, no te desesperes, ¡pero no te parece extraño la presencia de la gitana!, justo este día y lo que te dijo.
-Mira Sofía, ya no entiendo más nada, qué quieres que diga.
-¿Vas a aceptar a Jazmín como tu ahijada a pesar de todo lo que escuchaste?
-Sí voy a aceptar, yo adoro a esa niña desde que la vi, la quiero demasiado, no quiero perderla.
-Pero aunque yo no creo nada, por las dudas, ¿y si es verdad lo que te dijo aquella mujer?
-Eso no lo sé, pero igual voy a seguir adelante.
-¿Viste lo que te dijo de Clara?, a mi no me cae muy bien ella pero, ¿será capaz de cometer todo lo que se dijo de ella?
-Mira Sofí, quisiera confesarte algo que puede ayudarte a develar algunas de tus dudas, pero quisiera pedirte un favor antes.
-Dime.
-Quisiera que lo que te cuente quede entre tú y yo, por favor.
-Sabes Cristal, que yo nunca develo los secretos que me cuentan.
-Bueno te lo voy a contar, desde hace mucho tiempo atrás sé que Clara está enamorada de William.
-¿No te lo puedo creer, cómo te has dado cuenta?
-Bueno es simple, soy mujer.
-Tienes razón, pero para llegar a esta conclusión tienes que haber observado algo raro en ella.
-Claro, me di cuenta por sus actitudes, no sé si te acuerdas del cumpleaños de William.
-Sí, ¿y?
-Ella ese día se quedó deslumbrada por él, tú sabes, una mujer primero se deslumbra por un hombre y después se enamora.
-Sí lo sé, ¡con razón yo notaba algo raro en ella!, pero nunca imaginé que pueda llegar a enamorarse de tu esposo.
-Sofí, la he observado desde el primer momento que ella puso el primer pie en esta casa; he observado su manera de hablar con William, como lo mira, sus ojos tienen un brillo diferente cuando lo ve, también la he observado cuando lo sigue hacia donde él va, sé también que ella se acerca más a casa cuando yo me encuentro en el estudio y William está solo, tantas otras veces la he observado.
-¿Y William lo sabe?
-Sí, yo misma se lo dije.
-¿Qué, se lo dijiste?- me preguntó asombrada.
-Entre William y yo, no existen los secretos.
-¿Y qué opina él de todo esto?
-Él dice que sólo son fantasías mías, pero en realidad son fantasías de ella hacia él, William dice que lo que yo pienso no puede ser, que sólo lo digo porque estoy celosa de ella.
-Y si estuvieras celosa, sería comprensible.
-Por supuesto, estaré celosa pero soy mujer igual que tú, igual que ella y sé desde el fondo de mi ser que ella se enamoró de él.
-Y a pesar de todo lo que intuyes, ¿vas a aceptar la proposición que te hizo Clara?
-Y sí, la pequeña no tiene la culpa de lo que siente su madre.
-Cristal, ¿no tienes miedo de que ella pueda ir más allá?
-Confío ciegamente en el esposo que tengo, a Clara para describírtela en una sola frase: “Es una pobre mujer enamorada”.
Inmediatamente después de mi cumpleaños, comenzaron los preparativos para el bautismo de Jazmín, pues pronto llegaría Junio y el 17 de ese mes se celebraría el evento.
Con William habíamos empezado a ayudar económicamente a Clara, ya sea con víveres o con dinero en efectivo, porque ella se encontraba en un momento en el que no tenía plata para solventar los gastos de sus hijas; como William es muy solidario con cualquier persona que necesite, él mismo se ofreció a ayudarla.
Aunque con el paso del tiempo Clara comenzó a cambiar, o tal vez a mostrarse tal cual era; creo que si una persona recibe una gran ayuda ya sea de dinero o de cualquier otra cosa, sin que el que la está ayudando no pida nada a cambio, esa persona lo mínimo que puede hacer es agradecer el favor brindado; Clara hacía todo lo contrario, siempre estaba disconforme, si recibía cincuenta pesos, quería cien, si recibía cien, quería doscientos, eso era algo increíble, y lo más ilógico de todo era que ella nunca le devolvía a William el dinero que le prestaba.
Como yo me había encargado de comprar y reservar todo para el bautismo y aunque le mostrara a Clara para ver su parecer, pues la invitaba a que diera su opinión, porque ella no iba a quedar afuera de todos los preparativos, sólo recibía como respuesta un “no me gusta”, o “¿no hay otra cosa mejor?”, como aquel día que le compré a Jazmín, el vestuario completo para la Iglesia y la fiesta, cuando se lo mostré a Clara, me miró y asombrada me dijo:
-Yo esperaba algo mejor, este vestido no me gusta.
-Pero Clara, si la nena ya tiene cinco años, no se le puede comprar un vestido que pronto cuando crezca le va a quedar chico.
-Sí, tienes razón, pero igual no me gusta.
Yo le había comprado un hermoso vestido con una capelina, medias blancas y zapatos de charol negros, me sentía al escucharla tan impotente, hasta me daba ganas de decirle: “¿Por qué no se lo compraste tú, si tienes el dinero?, encima que te estoy ayudando, no te gusta.”
Llegó el día tan ansiado para Jazmín y para mí; entramos a la Iglesia junto al padrino de la niña, que era el cuñado de Clara, lo raro de todo era que la familia de ella había puesto innumerables excusas para no concurrir. En la Iglesia sólo estábamos Clara, las nenas, William, Alex (el padrino), Sofía y yo. Luego de la ceremonia nos dirigimos a mi casa para realizar la pequeña fiesta, digo pequeña, porque solamente estábamos los anteriores nombrados menos el padrino de Jazmín, que a la salida de la Iglesia se excusó y se fue.
Clara en tan poco tiempo había cambiado, casi no se la reconocía, ya no era más la Clara simpática, amable, conversadora que había conocido, se había propuesto despreciar todo lo que yo podía brindarle a ella y a sus hijas.
Sofía más de una vez fue testigo presencial de sus desplantes y desprecios, con quien Clara tenía buena química era con William, con él sí se reía, conversaba amablemente, ella quería ser el centro de atracción de él, como por ejemplo: cuando ya nos habíamos quedado solos el día del bautismo, en cierto momento entró Celeste a la cocina en donde con Clara estábamos preparando la comida y a mí se me dio por preguntarle dónde estaba William, cuando Celeste me contestó que estaba en el parque, Clara dejó lo que estaba haciendo y salió con paso apresurado diciendo:
-¡Ah, William!, ¿dónde está William, dónde está William?- desesperada.
Y yo me quedé sola, diciendo mientras movía la cabeza:
-¡Qué bárbaro, qué bárbaro!- indignada por su descares.
O como cuando llegó el momento de cortar la torta del bautismo y Clara al verla cuando la saqué del refrigerador, me preguntó asombrada:
-¿Esa es la torta?
-Sí, ¿qué estabas esperando?- contesté un poco enfadada.
-Yo esperaba algo mejor, ¿no había otra torta que sea más bonita y más costosa?
En aquel momento quería gritarle que ya me tenía harta, harta de su desagradecimiento, de su descares, pero me contuve y le contesté:
-Creo que cuando una persona hace algo por otra, sólo por el simple hecho de sentirse agradecida y se encuentra con un cuestionamiento como el tuyo, esa persona se sentiría muy impotente como me siento yo en este momento.
-¡Ay Cristal, qué melodramática eres!
-¿Yo melodramática?, pero si he comprado la torta más linda para mi ahijada en su día, a parte ¿qué esperabas una torta de tres pisos, si somos “cuatro gatos locos”?
-Está bien, tú mandas con tu dinero, no hablemos más del asunto.- dijo con desgano.
Desagradecida quise gritarle, pero no pude, no pude por Jazmín, pensé primero en ella.
Desde aquel momento todo había dado un vuelco de ciento ochenta grados para mí.
Una vez, William al llegar del trabajo, me dio una noticia que no me agradó para nada...
-Amor, ven siéntate a mi lado que te quiero contar algo.
-¿Sí Willy?
-Le di empleo a Clara en la empresa, pues como ella está pasando por muchos apremios económicos, la quise ayudar.
-¡Ah!- sólo le contesté frunciendo el ceño.
-¿No te pones contenta por la noticia?
-¿Quieres que te conteste con la verdad o que te mienta?
-Pues con la verdad, como siempre.
-Pues la verdad es, que no me gusta para nada.
-Pero, ¿cómo que no te gusta?- me preguntó asombrado.
-No quiero que Clara esté tan cerca de ti, no me gusta.
-Pero amor, si ella es tan buena contigo, ¿qué es lo que te está sucediendo Cristal?
-Ella no es más buena conmigo, desde que tú apareciste en escena.
-¿Qué es eso de que yo aparecí en escena?
-¡Ay, querido William!, tienes un frondoso árbol delante de tus ojos que no te deja ver el bosque.
-¿Puedes explicarte mejor, por favor?
-Es que ese puesto que tú le has dado, le viene de maravillas para estar más tiempo cerca de ti, sin que yo esté en el medio incomodándola.
-Pero, ¿qué locura estás diciendo?
-No es una locura, es la verdad.
-No, no, y no, no quiero hablar más del tema contigo Cristal, me estás agobiando, creí que te alegraría la noticia, pero veo que estás empecinada siempre en lo mismo.
-Como quieras, pero reconoce de una vez por todas que ella está enamorada de ti.
William se puso el sobretodo y salió a la calle con rumbo desconocido tratando de encontrar una solución al problema. Pensó, repensó, mientras caminaba hasta que se le ocurrió una idea y volvió para comentármelo:
-Cris querida, sabes todo lo que te amo, mi corazón te pertenece a ti.
-William yo también te amo.- le contesté, cayéndome una lagrima de mis ojos.
-Pues pensé, si te parece, ¿qué tal si vienes tú también a trabajar conmigo?
-¿En serio?
-Si amor, quiero que no riñamos más.
-Acepto William, a mi tampoco me gusta reñir contigo.
Fin del capítulo VIII
Lun Abr 21, 2008 10:41 pm
Brisa Marina
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Capítulo IX
A partir de ese día Clara y yo empezamos a trabajar en la empresa de William, al principio reinaba la armonía entre nosotras, ella estaba más amable conmigo nos estábamos llevando mucho mejor, a William eso le causaba mucha alegría y tranquilidad. Pero, como dice el dicho: “El zorro pierde el pelo, pero no las mañas”, la armonía entre nosotras duró lo que dura un suspiro, pues Clara había vuelto al ruedo con sus desprecios y ahora se había convertido en una gran mitómana.
Cierto día cuando me encontraba en casa estudiando para un examen, escuché a los perros ladrar, me asomé por el ventanal y divisé a Clara, le abrí la puerta y ella entró saludándome, se sentó en el living y me dijo:
-¡Cristal, William está insoportable!
-¿Qué sucedió?
-No quiere que hable con nadie.
-¿Cómo que no quiere que hables con nadie?
-Es que si le cuento de mi ex pareja, se enoja, si le cuento de un novio que tuve después de separarme, también se enoja, si hablo con los demás empleados también se enfada conmigo.
-¿Y no se te ocurrió preguntarle por qué tiene esa actitud?
-No, se enoja tanto que no me atrevo, William está hecho un “guardabosques”.
-Bueno, deja que yo voy a hablar con él.
-Gracias Cristal.
-De nada.- le contesté con desgano.
-Bueno ya me voy, vine a decirte eso nada más.
Claro, es como la serpiente, primero tira el veneno y luego se va, pensé.
Cuando William llegó a casa, me encontró distinta a otras veces.
-Cariño, ¿te sucede algo?
-Hoy estuvo Clara en casa.
-¡Así!
-Sí, vino a verme.
-¡Qué bien!, me alegra.
Tenía unos nervios, en aquel momento quería gritarle, pero pensé y pregunté serena:
-¿Así que no dejas que ella hable con nadie?
-¿Cómo?
-Ella vino a decirme que tú no la dejas hablar con nadie, ni de su ex pareja, ni de un novio que tuvo, ni con los empleados, que estás hecho un “guardabosques”.
-¡Eso no es cierto!- gritó.
-Baja la voz por favor.
-Lo que sucede es que se llena la boca hablando de su ex pareja y de su ex novio, que son los mejores y ella no se da cuenta de que ellos no están haciendo nada por ella y por las nenas, que si yo no le doy el empleo pasa necesidades, eso no vale para ella parece.
-Claro que vale, ¿no te has dado cuenta que ella quiere que te pongas celoso?
-¿Yo celoso, de ella?
-Sí, eso le levanta la autoestima, el ego, de esa manera al enfadarte cuando habla de este o del otro, su intención es ponerte celoso y tú querido con tu actitud la estás ayudando inconscientemente.
-¡Está loca si ella piensa que yo estoy celoso!
-No está loca, está perdidamente enamorada.
-Otra vez con lo mismo.
-Siempre te lo voy a decir, voy a estar en mi lecho de muerte y agonizando y te lo voy a seguir diciendo porque es así, yo soy mujer y sé cómo piensan las mujeres y ella quiere verme lo más lejos posible de ti, William.
-Lo dices tan convencida pero no lo puedo creer, ella es tan fría, calculadora, tiene el signo pesos en la cabeza.
-Pues, qué mejor que sacarme del medio a mí y quedarse contigo, que no le va a faltar nada a ella y a las nenas.
-Pero entonces no está enamorada, entonces me quiere por conveniencia.
-No, ella está enamorada de ti y de tu dinero.
-¡Ay Cristal, no puedo contigo!
-Viste amor.
Clara exactamente se encontraba muy enamorada de William, aunque yo me daba cuenta, le dejaba pasar todo lo que hacía porque no quería perder a Jazmín; a pesar de todo soportaba su descares porque en el fondo, pero muy en el fondo de mi ser la seguía queriendo, qué ironía de la vida a pesar de que ella me hacía sentir que mi autoestima se encontrara por el suelo la seguía queriendo.
William continuaba ayudándola a ella y a las nenas, pero siempre estaba disconforme con todo; había comenzado a tratar mal también a William si él no cumplía con su demanda, de a poco Clara se había posesionado de él, se había formado una fantasía tan inmensa, que hasta ella misma se la había creído. William le explicaba que él la apreciaba mucho como amiga, que no tenía ningún compromiso con ella para que lo absorbiera de esa manera, que lo que él podía realizar por ella era solamente por amistad. Pero Clara no comprendía, o su gran fantasía de mujer enamorada no la dejaba comprender, su amor hacia William se había convertido ya en una obsesión, ahora no sólo estaba enamorada de él sino que también estaba obsesionada. Pero ella nunca se lo había dicho, se guardaba bajo siete llaves sus sentimientos, aunque la enfurecía la sola idea de que William hablara siempre bien de mí; ella callaba lo que sentía por él, como tratando de esconder su amor hacia un hombre comprometido. Inconscientemente se había formado una gran competencia entre ella y yo y como único trofeo estaba William.
Cierta vez se encontraron en el pueblo Clara y Sofía, se saludaron amablemente...
-¿Hacia dónde vas Sofía?- preguntó Clara.
-A la casa de Cristal, me mandó a llamar William.- contestó.
-Cristal está en el trabajo.
-Sí ya lo sé, es que voy a ir a su casa para hablar con William.
-¡Ah!, ¿y qué quiere hablar contigo?- preguntó nerviosa.
-No lo sé, me enteraré cuando vaya, ¿quieres venir?
-No gracias, debo ir a casa porque tengo muchas cosas que hacer.
Clara estaba enfurecida, a ella no le gustaba que nadie le quitara su lugar, a penas me podía soportar a mí hasta un cierto punto. El sólo hecho de que Sofía estuviera a solas con William la irritaba, no lo podía soportar.
Sofí se despidió de Clara y se dirigió hacia mi casa, tocó el timbre de entrada y William amistosamente la invitó a pasar.
-¡Hola William!
-¡Hola Sofía!
-Cuando venía para acá me encontré en el camino con Clara.
-¡Ah!, esa loca esquizofrénica.
-¡William!, parece que ella no te cae muy bien.
-¡Ay Sofí, sabes cómo me gustaría encontrar una persona de confianza para contarle todo lo que me sucede!
-Sabes que en mí puedes confiar, si no fuera por ti y por Cristal yo no sé qué haría, son como una familia para mí, la familia que no tengo.
-Gracias Sofía, te lo voy a contar.
-Soy toda oídos.
-Ya no sé qué hacer con Clara, me vive acosando continuamente; no se conforma con nada, quiere que esté pendiente de ella todo el tiempo, no entiende cuando le explico que yo no tengo nada que ver con ella, que no soy ni su marido, ni su amante, ni nada; que solamente las aprecio mucho a ella y a las nenas, porque cuando nos reunimos, ellas dialogan mucho con nosotros y hacen tanto bullicio que la casa parece más alegre; pues a veces con Cristal nos sentimos un poco solos, pero ella no me deja tranquilo, yo tengo una esposa a la que amo con alma y vida y a la cual no quisiera perder por las locuras de Clara.
-Mira William esa mujer está perdidamente enamorada de ti, te ama demasiado, hay que tener mucho cuidado con una mujer que está enamorada y no es correspondida; puede llegar a ser un arma de doble filo, puede llegar a ser muy peligrosa, así que si yo fuera tú, le diría de frente lo que siento, porque ella está muy ilusionada contigo.
-¿Tú también me dices que ella se siente atraída hacia mí?
-Pues sí, William trata de solucionar lo antes posible esta situación, antes de que llegue a mayores.
-Lo haré, gracias Sofí.
-De nada, sólo estoy dando una opinión, tú tienes la decisión de tomarlo o dejarlo.
-Esta bien, ahora que me he desahogado un poco te diré para qué te invité a venir.
William le comentó a Sofía que como notaba que yo estaba un poco deprimida, pensó en darme una sorpresa y necesitaba para ello la ayuda de ella.
-Cristal no lo sabe, pero pienso darle una gran sorpresa y necesito de tu complicidad.
-Bien, dime ¿qué debo hacer?
-El sábado a la noche necesito que lleves a Cristal a tu casa, no sé, dile que la precisas para algo; lo que se te ocurra, así la entretienes para que yo pueda preparar todo tranquilo, luego te llamaré para que vengan, que Clara y las nenas la estarán esperando a Cristal.
-¡Ah, va a venir Clara!
-Es la comadre de Cristal, lamentablemente no puedo dejar de invitarla.
-Y... ¿no echará todo a perder?
-No creo, ella sabe lo que le conviene.
-Bueno, puedes contar conmigo, ¿a qué hora debo pasar a buscar a Cris?
-Más o menos a las ocho de la noche.
-¿Podría saber cual es la sorpresa?
-Es sorpresa Sofía.- le contestó sonriendo.
-Bien, quedamos así.
Después de haber hablado con Sofía, William se dirigió a su empresa a buscarme; como le surgió un trabajo urgente decidió que yo me retire antes, que él cuando terminara iría a casa.
Cuando ya me había ido, entró a la oficina de William, Clara muy nerviosa y con su rostro desencajado.
-¿Está Cristal?- preguntó.
-Buenas tardes, Clara.
-¿Cristal está?
-No quieres saludarme por lo visto, ¿qué te sucede?
-Nada, quiero ver a Cristal.
-Pues Cristal recién acaba de retirarse, si quieres ve a casa que allí la encontrarás.
-¿Así que invitaste a tu casa a Sofía, no?
-¿Qué te sucede, estás celosa?
-A mí no me importa lo que hayan hecho.
-¿Lo que hayamos hecho dices?
-Sí, seguro que tienes algo con ella, claro, es muy bonita, simpática y dulce.
-Mira Clara, yo no tengo por qué darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer, pero igualmente no es lo que piensas.
-De todas maneras, no me importa.- le contestó seria.
-Lo único que te pido, por favor si la ves a Cristal que no le cuentes nada de la visita de Sofía a casa, ella está muy deprimida y no quiero causarle preocupaciones, después yo le contaré.
-Está bien William, adiós.
-Adiós Clara.
Al otro día cuando Clara ingresó a la empresa, se dirigió a mi despacho, yo me encontraba preparando un café, al verla la saludé, le pregunté por las nenas y la invité a sentarse y tomar un café conmigo.
-¿Así que ayer a la tarde Sofía fue a visitar a William?- preguntó con un tono irónico.
-¿Qué, que Sofía estuvo ayer en casa?
-¡Ay!, me parece que metí la pata, lo siento.- volvió a decir con tono irónico.
-No, está bien, lo único que me resulta raro es que William no me lo haya comentado.
-Yo la encontré ayer en el pueblo, me dijo que William la había llamado para hablar con ella.
-¿Y qué sería lo que William quería hablar?
-¡Ah! no lo sé, pero esa situación me dio mucha bronca.
-¿Bronca, por qué?
-Bueno, pensé que mientras tú estás acá trabajando todo el día, él está de fiesta con ella, lo siento Cristal, pero me dio mucha pena por ti.
-¿Tú estás pensando que entre Sofía y William, pasa algo amoroso?
-Seguramente, por eso me apené al enterarme.
Justo en aquel momento llegó William, amablemente nos saludó y se sirvió un café.
-William, ¿así que ayer estuvo Sofía en casa, cómo no me lo contaste?
William al escuchar mis palabras, miró asombrado a Clara que se encontraba a mi lado sonriendo irónicamente.
-No, Sofía ayer no fue a casa- mintió.
William quería matar a Clara por lo que había hecho.
-Pero, si Clara me contó que ayer la vio en el pueblo y que Sofía le dijo que tú la habías mandado a llamar.
-No, yo no la llamé, tal vez ella tenía la intención de pasar por casa, pero no vino, ni yo la llamé.- volvió a mentirme.
-Entonces Clara, ¿por qué te habrá mentido Sofía?, ¡qué raro!, ¿no?
Clara no respondió a mi pregunta, bajó la vista y se quedó en silencio, William la miraba con su ceño fruncido. Luego los dejé solos porque me llamó uno de los empleados.
-Clara ¿qué hiciste, no te pedí por favor que no le contaras nada a Cristal?
-Conmigo no vas a jugar William.
-¿Jugar contigo, quién está jugando contigo?
-Yo no soy estúpida, sé que ayer estuvieron los dos solos, seguro que hicieron el amor o ¡tal vez jugaron como dos niños!- dijo enojada.
Las palabras de Clara hartaron a William, en aquel momento él se transformó; fuera de sí la tomó del brazo y la tiró contra la pared, tomó de su cuello y con las dos manos le apretaba la garganta, Clara no podía respirar, se estaba ahogando, William quería matarla, no la soportaba más, si no fuera porque en ese momento yo volví a mi despacho y los vi en esa situación, no sé que hubiera sucedido.
Me acerqué a él corriendo y le grité mientras trataba de separarlo de Clara.
-¡¡William!!- grité- ¡Déjala por favor, déjala, la vas a matar, por Dios!
William al escucharme reaccionó, la soltó y comenzó a gritarle todo tipo de palabrotas, estaba enceguecido de furia, nunca en todos los años de casados que llevábamos lo había visto así.
-Prostituta, ramera, sinvergüenza, descarada, desagradecida...
-¡Basta William, por favor!, Clara vete, vete por favor.
Clara llorando se retiró.
Cuando había podido calmar un poco a William, nos sentamos y le pregunté qué había sucedido.
-¿Qué sucedió William?, estabas irreconocible, me dio pánico verte así.
-Esa ramera, ya me tiene harto.
-Pero, ¿por qué, qué te ha hecho, por qué la insultas de ese modo?
-Nada Cristal, lamento tanto haberte asustado, tú que no estás bien, yo no soy así lo sabes, pero ella me sacó, no pude contenerme.
-Pero ¿cómo nada?, algo ha pasado amor para que actuaras de ese modo y le dijeras tantas palabrotas.
-Con el tiempo te vas a enterar Cristal, ahora no es el momento, no te preocupes que yo te lo voy a contar, te amo, te amo tanto Cristal.
Me abrazó llorando, lloraba desconsoladamente, nunca lo había visto así.
Dejé a William descansando en mi despacho y fui a buscar a Clara, la encontré en su oficina, estaba llorando desconsoladamente, al verla de ese modo traté de calmarla, la abracé fuertemente y le dije:
-¡Ya está, ya pasó, cálmate Clara por favor, toma un vaso de agua!
Lo que son las vueltas de la vida, la persona a la que Clara detesta, fue la que la salvó, la que estaba a su lado consolándola, la que la abrazaba, ella que tanto me hacía sentir su desprecio en todo momento, ahora me estaba debiendo su vida, pensé con tristeza.