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Capítulo X
Clara comenzó a calmarse, cuando ya estaba mejor le pregunté:
-¿Qué ha sucedido entre ustedes dos, Clara?
-No sé, cuando tú te fuiste William se puso como loco, me comenzó a insultar y después pasó lo que viste.
-Pero yo conozco a William; él no es así, es la persona más dulce, más tierna que existe sobre la Tierra, ése que vi no era el William que yo conocí, estaba irreconocible; algo debe haber sucedido para que se enfureciera de esa manera.
-Él dice que yo te mentí, pero el que está mintiendo es él, yo sólo te dije la verdad y lo que pienso de Sofía y de él.
-Entre William y Sofía no pasa nada, sólo son grandes amigos nada más, y si la mandó a llamar sería porque la necesitaba para algo y si no me lo comentó es porque seguramente se habrá olvidado; después de todo William no está obligado a comentarme todo y a él tampoco le gusta la mentira.
-Está bien, yo solamente te quise hacer un bien porque te quiero.
-¡Por favor Clara no mientas, tú no sientes eso por mí, sé sincera aunque sea una vez en tu vida, si me quisieras no me tratarías tan mal!
Clara bajó la vista y no dijo nada al escuchar mis palabras.
A partir de aquel día Clara le retiró el saludo a William; cuando se cruzaban se miraban con una mirada de rencor, de bronca, de ira, así estuvieron varios días, hasta que Clara no pudo con su genio y fue a hablar con él.
-¿Puedo pasar?- preguntó Clara parada en la puerta del despacho de William.
-Pasa.- contestó serio.
-No quisiera William estar enemistada contigo.
-Si no hubieras hecho lo que hiciste, todo estaría bien.
-Lo sé.
-¿Por qué quisiste dañar a Cristal, te pusiste celosa?
-¿Celosa yo?, ¡no, por favor!
-Entonces ¿por qué lo hiciste?
-No lo sé, soy una estúpida, pensé que querías engañar a Cristal.
-¿Cómo voy a hacer eso?, yo amo a mi mujer.
-¡Qué loco eres William!, está bien, no importa.
-Me sacaste Clara, no me pude contener, es que no sé lo qué quieres de mí.
Clara no le respondió, ella no iba a exponer tan fácilmente sus sentimientos ante él.
Desde ese día ellos retomaron la amistad; creo que tiene que estar perdidamente enamorada una mujer para continuar siendo amiga de alguien que le había causado daño.
Llegó el sábado, Sofía me pasó a buscar por casa; quería que la ayude con la decoración de su hogar, cuando estábamos trabajando, sonó el teléfono, era William para avisarle de que ya podríamos regresar; volvimos y al entrar me encontré que también estaban Clara y las nenas, cenamos todos juntos y después de la cena William nos invitó a todas a pasar al living, se colocó frente a mí y me pidió que extendiera mi mano derecha con la palma hacia arriba, introdujo su mano en el bolsillo del saco y extrajo de él una llave con un hermoso llavero, la depositó sobre la palma de mi mano diciéndome:
-Esta llave es para ti, mi amor.
-¿Y esta llave?- le pregunté asombrada.
-¿No te imaginas para qué puede servir?
-¡No!- contesté sorprendida mirando a todos.
-Pues ve hacia la ventana y mira hacia fuera, allí encontrarás la respuesta.
Me dirigí hacia el ventanal, descorrí el cortinado y vi estacionado en el cordón de la vereda un hermoso automóvil descapotable gris, con un gran moño en el techo, me di vuelta y le pregunté a William:
-¿Qué es eso?
-Un auto, amor.- me contestó sonriendo.
-¿Un auto para mí?
-Sí cariño, ¿te gusta?
-¡OH William es precioso, gracias, te amo tanto!- contesté besándolo.
-¡Cristal! te felicito, no cualquiera tiene un esposo como William.- dijo Sofía.
-¡Qué lindo, madrina!- dijo Jazmín.
-¡Es hermoso!- dijo Celeste.
-La verdad, es muy bonito.- sólo dijo Clara con desgano.
-A ver, ¿cuándo nos invitas a dar una vuelta?- preguntó alegre Sofía.
-Cuando pueda sacar la licencia de conducir.- contesté sonriendo.
Aquella velada fue maravillosa para mí; jamás hubiera pensado en tener un automóvil para mí sola, estaba eternamente agradecida con Dios, por haber conocido a ese hombre tan generoso y gentil que es William, el amor de mi vida.
El tiempo fue pasando desde aquella inolvidable noche; ya nos encontrábamos en primavera, qué fascinante es esta estación del año, en mi hogar que está conformado por una gran arboleda, gran cantidad de plantas y muchísimas flores, parece más bella.
Con los cálidos días de primavera, la gente se muestra más alegre, el sol con sus rayos ardientes nos brinda su tibieza y hasta las plantas tienen otro color, son más verdes, se llenan de flores multicolores, también revolotean las mariposas de flor en flor y las aves empiezan su ritual para luego demostrarnos el milagro de la procreación.
En mi hogar hay miles de aves, todo el año, pero en primavera hay muchísimas más (Jilgueros, horneros, calandrias, gorriones, etc...), vienen emigrando de todos lados; anidan en nuestras plantas y árboles, siempre William para esta época del año, encuentra escondido en alguna mata de plantas del cantero o en la copa de algún árbol nidos con huevitos, a veces tres, otras cuatro, algunas veces cinco, pero tanto él como yo amamos la naturaleza y todo lo que la conforma; no les hacemos daño, al contrario, tratamos de no acercarnos a ellos para que el ave pueda empollarlos.
Qué maravillosa es la interacción que se forma entre la naturaleza y la vida en esta estación del año.
En algunos nidos ya han nacido los pichones, los padres de éstos vuelan buscando el alimento para ellos y un majestuoso Picaflor siempre se da una vuelta por casa saludándonos con el revoloteo de sus ágiles alas.
De noche el calor comienza a disminuir, pero siempre sopla una tibia brisa que roza nuestras mejillas cuando nos encontramos sentados debajo del viejo caqui después de cenar. Cuando el silencio sólo deja paso para escuchar el tímido canto del grillo o el croar de algún sapito, de pronto comienzan a rodearnos unas pequeñas lucecitas, son las luciérnagas o “Bichitos de Luz” que vienen a visitarnos con sus linternas que intermitentemente prenden y apagan en su alegre danza.
Cuando el reloj da las cuatro de la madrugada, desde un frondoso Paraíso, llega a nuestros oídos el canto del zorzal; despertando tímidamente a los demás pajaritos.
Nuestra vida continuó normalmente, salvo por algunas arrogancias de Clara todo seguía igual. Clara seguía riñendo con William, se peleaban, se amigaban, ella estaba pendiente de él, si pasaba un día sin verlo se moría, necesitaba aunque sea verlo de lejos, para poder respirar. Ya no quería que William le llevara los víveres a su casa, ella misma a las seis de la mañana todos los días venía a casa a buscarlos y de paso a charlar con William; a él le agradaba su conversación, porque en el fondo la apreciaba y a las nenas también, pero se sentía agobiado cuando ella se ponía insistente para que cumpla con todos sus deseos; ella venía a esa hora porque sabía perfectamente que yo me encontraba durmiendo y de ese modo no la podía estorbar. A William le daba lástima decirle que se fuera, que lo incomodaba esa situación y ella se aprovechaba de eso, pues sabía que si William la rechazaba, él y yo perderíamos a las nenas, porque no nos dejaría verlas nunca más. Clara tendría que agradecer a Dios, por haberse encontrado con una mujer como yo, comprensiva, humana, con sentimientos, que le soportaba todo lo que hacía y decía, es que yo lo hacía por no perder a mi querida ahijada, si hubiera sido otra mujer no le hubiera importado nada y la habría echado hace mucho tiempo de su vida.
Cierto día a la misma hora Clara vino a casa y comenzó a discutir con William.
-¡Dale William, préstame el dinero, por favor!
Casi siempre todas sus discusiones eran por su acoso y por dinero.
-No, te he dicho que no, ¿no puedes entender?
-Dale, yo te lo voy a devolver.
-¡Pero Clara, qué descares!, si ya que te estás reconciliando con tu marido,¿por qué no le pides a él?, yo ya no tengo más nada que ver, te he ayudado bastante en todo este tiempo, porque tú no te podías solventar sola; lo hice sin pedirte nada a cambio, desinteresadamente, ahora ya que estas solucionando tus cosas con él, que él te ayude, es su obligación.
-¡Ese, qué me va a ayudar!- dijo despectivamente.
-Entonces, ¿por qué vuelves con él?
-Por conveniencia nada más, por las nenas, pero yo a él no lo quiero.
-Ese es tu problema, así que no insistas.
-William, no me puedes hacer esto.- le dijo desesperada.
-Mira Clara, ¿por qué no te vas?, no quisiera verte nunca más, ya me hartaste.
-¿Me estás echando?
-Sí, quiero que me dejes vivir en paz, vete por favor por las buenas.
-¿Y si no me quiero ir, qué vas a hacer?
-Clara, no me busques que me vas a encontrar.
-Sabes William, aunque me eches, yo siempre voy a ser tu sombra.
William la tomó del brazo y empujándola la llevó hacia la puerta de entrada, mientras Clara le gritaba toda clase de insultos.
-¡Cállate, que Cristal se va a despertar!
-¡Que me importa, que se despierte, así nos ve juntos!- le contestó con ironía.
William la empujó con todas sus fuerzas y le cerró la puerta en la cara.
Me desperté sobresaltada al escuchar los gritos y el ruido de la puerta de entrada; me levanté apresurada, bajé las escaleras y al llegar al living me encontré con William, se lo notaba muy apesadumbrado y abatido.
-¿Qué sucedió amor?
-Nada Cristal.- sólo respondió.
-¿Cómo nada?, si a mi me despertaron los gritos y el ruido de la puerta, algo debe haber pasado.
-Mira no me molestes, no estoy bien, déjame tranquilo.- dijo frunciendo el ceño.
-¿Cómo que te deje tranquilo?, acabo de despertarme sobresaltada por tanto bullicio, es comprensible que quiera saber qué sucedió.
-No sucedió nada, me voy.
-¿A dónde vas, por qué me tratas así William?
-Estoy harto de todo, entre tú y Clara me van a terminar enfermando.
-¿Y qué tengo que ver yo se puede saber, Clara estuvo aquí, no?
-Sí, ella vino a verme y tú tienes que ver mucho, porque siempre me estás recalcando que ella está enamorada de mi, que está obsesionada conmigo; hasta te enfermaste por eso, así que puse punto final a todo este enredo y la eché, simplemente la eché, la eché de mi vida, de la tuya y si no te conformas con eso puedes irte y dejarme vivir en paz.
-¡William!, ¿cómo puedes ser capaz de decirme eso?, estás irreconocible este último tiempo, pareces otro hombre has cambiado tanto, ya no eres el William sereno, tranquilo, dulce, del que enamoré.
-Pues este de ahora es el resultado de lo que han hecho Clara y tú.
-No, no, no quiero escucharte más, tus palabras me hieren, me hacen mucho daño.- comenzaban a brotar lágrimas de mis ojos.
William de una manera fría, sin sentimientos hacia lo que me pasaba se fue dando un portazo; mientras yo me había quedado llorando desconsoladamente, en aquel momento odié tanto a Clara, por su culpa habíamos reñido, ella era la culpable, la odiaba tanto en ese instante; mientras de mis ojos caía una lluvia de lágrimas de dolor, yo que siempre había estado del lado de la armonía y la paz de pronto y sin jamás pensarlo, me encontraba sintiendo todo lo contrario, sentía mucha bronca y odio, sentimientos que nunca antes había conocido.
También comenzaron a retumbar en mi cabeza las palabras que me había dicho Amparo, aquella gitana, cuánta razón tenía y que tercamente no quise escuchar.
Tomé el teléfono, necesitaba hablar con alguien, llamé a Sofía, ella sí era mi verdadera amiga.
-¿Hola?- atendió Sofía.
-Hola Sofía, soy Cristal.
-¡Ah hola Cristal, tanto tiempo!
-Estoy desesperada Sofía, no tienes idea de lo me sucedió.- dije nerviosamente.
-¡Cálmate Cris, por favor!, cuéntame, ¿qué te pasó?
-Tuve una gran discusión con William por culpa de Clara.- dije llorando.
-¿Qué pasó?
-Clara estuvo hoy en casa, vino a ver a William, no lo deja tranquilo, lo acosa todo el tiempo, él dice que se cansó de ella y la echó.
-¿La echo?- preguntó asombrada.
-Sí, y dice que si yo no lo dejo tranquilo también me va a echar a mi y lo peor de todo es que reñimos por culpa de ella; cuánta razón tenía Amparo, que necia soy por no haberle echo caso, ahora William no me quiere más.- dije llorando.
-¡Pero Cristal!, ¿cómo vas a decir eso?, él te ama como nadie en este mundo puede llegar a amar, sólo tuvo un ataque de cólera y se la tomó contigo, pero quédate tranquila que él te ama demasiado.
-No pareciera ser así como dices, él se enamoró de Clara, ella lo hechizó, la odio, la odio, la odio con todo mi ser, no sé que sería de mi vida si él se va con ella, creo que moriría.
-No, estás equivocada, antes de la sorpresa que te dio William él me citó a escondidas tuya para que yo sea su cómplice en la misma y conversando con él me dijo que ya no la soportaba más a Clara y me dejó bien especificado que él te ama a ti, a ella la aprecia como amiga nada más.
-¡Con razón! ella me contó que William te había mandado a llamar, era por el asunto de la sorpresa, ahora veo con más claridad, entonces ella me utilizó.
-¿Cómo que te utilizó?
-Claro, ella me lo contó aún sabiendo que William le había pedido por favor que no me dijera nada y como ella pensó que entre ustedes estaba pasando algo amoroso, le atacaron unos celos sicóticos bárbaros y ante la impotencia de que ella no podía recriminarle nada a él, entonces habrá pensado en que yo sí podría decirle algo porque soy su esposa, ¿entiendes?
-Entiendo, pero Clara debe de estar verdaderamente enferma para sospechar algo así.
-Clara es una mujer despechada y yo no voy a dejar que ella me robe el amor de mi vida.
-Cristal debes ser fuerte de ahora en más, la lucha va a ser ardua, no debes bajar los brazos, William te ama y deberás luchar por él con uñas y dientes.
Después de hablar con Sofía me sentí un poco mejor, no entendía cómo mi felicidad que creía que era indestructible, casi sin darme cuenta se estaba hundiendo despaciosamente como el Titánic.
Cuando William regresó, se dirigió al escritorio, encendió la computadora y se puso a trabajar; apenas me miró al pasar seguía enfadado conmigo, yo no sabía cómo encarar esta situación, nunca antes me había pasado algo así, sí, alguna que otra vez habremos reñido pero eran por minucias, peleas del momento que pronto se solucionaban, me dirigí hacia donde él se encontraba y le pregunté:
-Cariño, ¿te preparo un café?
-No.- seguía enojado.
-¿A dónde fuiste?
-¿Qué te importa?, son cosas mías.
-Pero, ¿no me vas a contar?- pregunté casi al borde del llanto.
-Cristal estoy trabajando, ¿puedes dejarme tranquilo?
-Ya has dejado de amarme, ¿no William?
-Cállate Cristal.
-Te has enamorado de ella, ¿no?
-Cállate, que no me dejas trabajar.
-Quiero que me contestes William.
-No quiero hablar contigo Cristal.
-Bueno, está bien, no voy a moverme de acá hasta que me contestes.
-Insistente como tu comadre Clara, toma una silla y siéntate porque te vas a cansar de esperar porque no va a salir una sola palabra de mi boca.
Me quedé un largo rato mirándolo, esperando de él una respuesta, tal vez la respuesta que no quería escuchar; él seguía trabajando ignorándome, pero yo sabía que él no estaba bien con esta situación y no se podía concentrar. De golpe, me levanté de la silla en la que me encontraba sentada y me dirigí hacia el cuarto, comencé a sacar toda mi ropa del placard, estaba preparando la valija para irme de casa, de pronto sentí que alguien me tomaba de los hombros, di vuelta mi cabeza y vi a William parado detrás de mí, sin soltarme me preguntó:
-¿Qué es lo que estás haciendo?
-Preparando mi maleta, me voy.
-¿Te vas?
-Sí, me voy, Clara ha ganado, le cedo mi lugar.
-¡Deja de decir pavadas, tú no te vas a ningún lado!
-Sí me voy, ella ganó, le corresponde obtener su trofeo.
-Mira Cristal, tú no te vas de aquí, comienza a desarmar todo y déjame trabajar tranquilo.
Desde aquel día ya nada fue igual, William y yo nos hablábamos lo justo y necesario; estuvimos semanas sin hablarnos, yo había comenzado a tener ciertas pesadillas que me despertaban a la madrugada con la cara empapada de llanto, soñaba que William y yo estábamos en un bosque, debajo de un árbol había una mesa con un mantel negro, arriba del mantel un montón de velas prendidas, estaba también Clara, él me decía que estaban preparando mi funeral pues yo debía suicidarme. William me daba una cuchilla para que lo hiciera, ellos se reían, yo no quería hacerlo, ellos me obligaban, luego de eso me despertaba muy acongojada llorando; William también se despertaba, pero no me decía nada. Todos los días tenía una pesadilla diferente, soñaba siempre con ellos queriendo que me suicidara, también soñaba con serpientes, con autos que me perseguían por una carretera oscura, ellos siempre estaban presentes en mis sueños, William nunca me socorría y ella siempre estaba riendo.
Fin del capítulo X
Mie Abr 23, 2008 9:27 pm
Brisa Marina
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Capitulo XI
Cierta vez conversando con Sofía sobre lo que me estaba sucediendo me pregunto:
-¿Qué te parece Cristal, si vamos a ver a Amparo, tal vez ella pueda ayudarte?
-¿A Amparo?, no, no me atrevo.
-Pero Cristal, si ella misma te dijo que si la necesitabas que la fueras a ver a la colectividad.
-Sí me dijo eso, pero no, no quiero ir.
-Dale Cristal, vamos, te va a hacer bien conversar con ella, es muy sabia.
-Bueno está bien, te paso a buscar mañana por la mañana.
Al otro día pasé a buscar a Sofía con mi auto, ella al entrar me preguntó:
-¿Sabes la dirección?
-No, ella no me la dio.
-¿Y entonces, cómo llegaremos?
-Preguntaremos por ella en la colectividad.
Nos dirigimos a ese lugar, la colectividad gitana estaba compuesta por apenas más o menos diez casas muy bonitas, al llegar nos recibieron unos hombres que salieron a nuestro paso tratando de que le venda mi auto.
-¡Oye niña!, ¿cuánto pides por él?- preguntó uno.
-Pago lo que sea.- dijo otro.
-Fija el precio, que te lo pago en el acto.- dijo el tercero.
Esa situación me hacía sentir incómoda, se atravesaban frente a mí, tenía que tocarles bocina para poder avanzar mientras le iba contestando:
-No gracias, no está en venta, por favor serían tan amables de ceder el paso.
Miré fijamente a Sofía, ella sonreía.
-No sé lo que te causa tanta gracia, mira en donde nos hemos metido.
-Es que ellos Cristal, viven comprando autos, es su trabajo, es su pasión.
-Mira Sofía, esta situación me está rebasando, voy a estacionar en aquella casa y preguntaré si conocen dónde vive Amparo.
-Bueno, está bien.
Cuando toqué el timbre de la puerta de entrada, inmediatamente salió a atenderme una joven mujer gitana, detrás de ella en fila iban saliendo de a uno siete niños, al verme ella me preguntó:
-Buen día niña de ojos tristes, ¿en qué te puedo ser útil?
-Disculpe señora la molestia, necesitaría saber dónde se encuentra la casa de Amparo López.
-A ver, déjame pensar, Amparo López, no, no la conozco, acá en la colectividad no existe ninguna gitana con ese nombre, dime ¿cómo es físicamente?
-Es de contextura mediana, delgada, más o menos de un metro setenta de altura, de cabello largo oscuro y de ojos verdes.
-No, no la verdad niña, no existe ninguna gitana aquí con esas señas, tal vez te habrá mentido, me hubiera gustado mucho haber podido ayudarte, si quieres te puedo leer la mano, no te cobraré mucho, es muy raro ver por estos lados una paya como tú.
-¿Una qué?
-Una paya, paya le decimos a las personas que no son como nosotros o sea que no son gitanos.
-¡Ah! no gracias, no quiero que me lea la mano, pero espere ahora vuelvo.
Fui hacia el auto y saqué de mi cartera algo de dinero, Sofía me miraba a mí y al dinero con asombro, luego regresé y le dije mientras se lo entregaba.
-Tome, esto es para usted y para sus hijos.
-Pero niña, si no te he leído las manos, ¿cómo me vas a dar dinero?
-Pues su amabilidad al atenderme me bastó para saber que usted es una persona de buen corazón, acepte por favor esto.
-Gracias te lo acepto, creo que a ti te ha mandado un Ángel, ojalá puedas encontrar a esa mujer y que Dios y la Virgen de la Macarena te bendigan siempre.
Regresé al auto y emprendimos de nuevo el viaje tratando de encontrar a Amparo.
-¿Le has dado dinero a esa gitana sin que te diga adónde podremos localizar a Amparo?
-Sofía, no viste en qué condiciones estaban viviendo esos niños, tal vez ese dinero sirva para poder subsanar algo de sus necesidades básicas.
-¡Ay Cristal, qué generosa eres!, me siento feliz por ser tu amiga.
-Mi mejor amiga.
Cuando habríamos hecho unas dos cuadras, escuchamos un ruido que provenía del exterior del auto.
-¡Chis, chis!, ¿eh niña?
-¡Amparo, allí está Amparo!- gritó Sofía.
Estacioné el auto al lado de ella.
-¡Amparo, cómo me costó encontrarla!- le dije.
-Gracias a Dios que te vi, niña.
-Es que nadie la conoce aquí.
-Es que yo no vivo aquí, vivo en la colectividad que está cerca de la puerta principal del cementerio.
-¡Ah, con razón no la conocían!
-Exacto, pero déjame ver tu carita, ¡qué ojos tan tristes tienes!, te has peleado con tu esposo ¿verdad?
-Sí, usted tenía razón, Clara es una muy mala persona, quiere robarme a mi esposo, la odio por ello.
-¡Ya, tranquila Cristal querida, pero eso te pasa por no haberme hecho caso!
La manera casi maternal en la que Amparo se dirigía a mí me hacía sentir que ya la conocía de antes, desde hace muchos años y también sentía la calidez de sus palabras, parecía que siempre me estaba protegiendo, como lo puede hacer una madre o un padre.
-¿Amparo, usted me podría ayudar a recobrar a mi esposo que ha cambiado tanto en este último tiempo, que ya está irreconocible o tal vez él no me quiera más?
-Tranquila niña, dame tu mano, a ver... ¡OH!, ha sucedido una gran discusión entre él y tú, en verdad fue por culpa de Clara; ella es el vivo demonio te lo he dicho niña, tu esposo te ama demasiado, nunca se separará de ti, él se siente acorralado por todo el daño causado por esa mujer, ella ha sembrado la semilla de la discordia entre ustedes, pero quédate tranquila que él te ama hasta dar su vida por ti si fuera necesario.
-Es que Clara es tan...
-Ella está enamorada y obsesionada por tu esposo,- interrumpió- no va a parar hasta conseguir lo que quiere, verlos separados; hizo bien tu esposo en echarla, pero no te creas que ya ha terminado todo, ella por un largo tiempo no los va a molestar más, pero eso va a ser hasta que ella se reponga y vuelva al ruedo y cuando eso suceda niña, deberás estar muy atenta, porque tratará de engañarte otra vez demostrándote su “amistad”; es que ella está dispuesta a todo, hasta de dejar su vida con tal de ganarte esta batalla y obtener su trofeo tan deseado, por eso tú deberás ser fuerte para derrotarla.
Sacó del bolsillo de su blusa una cadena con una medalla.
-Esta es la Virgen de la Macarena, ella te protegerá del mal, llévala siempre contigo, nunca te la quites y que ella siempre te proteja.
Me despedí de Amparo afectuosamente, llevaba colgando de mi cuello aquella medalla que me había obsequiado.
Cuando llegué a casa William se encontraba sentado en el sofá leyendo el periódico, lo saludé y él me respondió con un simple “Hola”. Ya no soportaba más esta tirantez en nuestra relación, nunca antes habíamos estado así, tan peleados.
Al día siguiente de mañana temprano sonó el despertador, me levanté para alistarme para ir a trabajar, William seguía durmiendo, Clara ya hacía mucho tiempo que había renunciado a su puesto en la empresa y a nosotros y por ende ya no podíamos ver más a las nenas.
Luego de prepararme, dejé sobre la almohada una carta que había escrito la noche anterior, despaciosamente salí del cuarto y me dirigí hacia el trabajo.
Durante mi jornada laboral no dejaba de pensar en William, en qué sentiría cuando leyera la carta; la incertidumbre que sentía no me dejaba concentrar, la ansiedad me iba ganando cada vez más, quería saber ya qué me respondería William, había escrito esas palabras para él con tanto sentimiento y deseaba con el alma que ellas pudieran llegar a su corazón.
A mi regreso, me encontré con él trabajando en su escritorio, no quería molestarlo así que tan sólo lo saludé aunque mis nervios me estaban jugando una mala pasada.
-Hola William.
-Hola Cristal.
Me dirigí hacia el cuarto para cambiarme de ropa y ponerme algo más cómodo, de pronto sentí unos pasos que se iban acercando hacia mí, era William me tomó de los hombros y abrazándome me dijo:
-¡Perdóname Cristal, te amo tanto, tanto, que no sé qué haría sin ti!
-Yo también te amo.- sólo pude decir con asombro.
-Por favor, perdóname cariño, perdóname por favor, he leído tu carta, tus palabras han llegado a remover cada una de las fibras de mi interior, me han hecho recapacitar, nunca he querido que te vayas de mi lado, te amo a ti Cristal.- le brotaban lágrimas de sus ojos.
-¡OH William!, había llegado a creer que ya no me amabas, con esta situación me sentía morir.
-Perdona amor, nunca fue mi intención hacerte daño, te amo tanto, perdóname por favor, me la tomé contigo, tú mi frágil princesa que no tenías nada que ver, te prometo que a partir de ahora volveré a ser el William de antes, del que te has enamorado.
Nos fundimos en un apasionado beso para sellar nuestra reconciliación.
Fin del capítulo XI
Vie Abr 25, 2008 2:16 am
Brisa Marina
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Capítulo XII
Tres años después...
Después de la reconciliación entre William y yo todo volvió a ser como antes, como cuando Clara no existía en nuestras vidas, seguimos con nuestras rutinas, pero esta vez en paz y armonía.
Sofía periódicamente nos venía a visitar, todo estaba ya encauzado, Clara había desaparecido definitivamente, de vez en cuando me la cruzaba en el pueblo nos saludábamos pero nada más.
Ya nos encontrábamos en el año 2003, había pasado demasiado tiempo, comenzaba a extrañar a las nenas, hacía tanto que no las veía, después de consultarlo con William fui a la casa de Clara.
-Hola Clara, ¿puedo pasar?- dije tímidamente.
-¡Hola Cristal!, pasa.
-¡Hola niñas!
-¡Hola Cristal!- contestaron al mismo tiempo.
-Venía a visitarlas, no sé Clara ¿por qué te retiraste de nuestras vidas?, porque si te he hecho algo malo te pido perdón.
-Tú no me hiciste nada Cristal, yo me retiré de tu casa porque la relación de amistad entre William y yo se había vuelto insostenible.
-¿Qué sucedió?
-Pues él se había obsesionado conmigo, no me dejaba en paz.
Con qué descares mentía Clara, yo ya sabía lo sucedido por medio de William; ella me dio tres versiones de su retiro: primero me dijo que William la quería abrazar y besar, después que William si ella no se retiraba a tiempo la iba a abrazar y besar y la tercera que William la abrazó y la besó y que ella no quería que yo sufriera por lo que hacía él, que él le había dicho que si ella no era de él no iba a ser de nadie, que estaba enloquecido por ella.
Clara no podía darse cuenta de que yo estaba soportando sus mentiras por no perder nuevamente a Jazmín.
-¡No puede ser, entonces voy a hablar con él!- dije fingiendo enojo.
-No Cristal, mejor que quede entre nosotras lo que te conté.
-Está bien.- mentí.
Cuando regresé a casa William me preguntó cómo me había ido con Clara, yo le conté lo que me dijo y entonces él indignado me juró, me juró por los huesos de su madre que eso no era cierto, que Clara estaba mintiendo, que era todo al revés.
A partir de ese día Clara volvió a visitarnos; se hablaba con William con cierta timidez al principio, como queriendo demostrar arrepentimiento por todo lo que había hecho, por todo el daño causado.
William que es una persona frontal, una vez en que se encontraban solos la encaró.
-Dime Clara, ¿por qué me ensuciaste mintiéndole a Cristal?
-Porque quise adelantarme, por si tú hablabas mal de mí.
-¡Qué mente perversa tienes Clara! yo sería incapaz de mentir, sabes que no me gusta la mentira y tampoco hablar mal de nadie.
-Bueno, yo quise adelantarme nada más.
-Clara, si tú quieres seguir viniendo a visitarnos como hasta ahora de buena fe, deberás decirle a Cristal que le has mentido y te disculparás con ella.
-¿Y si no quiero hacerlo?
-Pues tendré que tomar la drástica determinación de echarte nuevamente de mi hogar.
-Está bien William, tú ganas, se lo diré.
-Ahora mismo.- ordenó.
-¿Ya?
-Sí.
Clara se dirigió hacia donde yo me encontraba, me pidió hablar conmigo y me dispuse a escucharla...
-Cristal, viste, tú sabes, no sé...
-Clara dime.
-Bueno, ¿te acuerdas cuando te conté el por qué yo no venía más a tu casa?
-Sí.
-Bueno, lo que te dije ese día eran todas mentiras.
-Lo intuía, sabía que William no es como tu me lo describiste.
-¿Podrás perdonarme?
-Claro que sí Clara, quédate tranquila.
-¡Gracias Cristal, eres una muy buena persona.
Cuando Sofía se enteró del regreso de Clara, se puso como loca, comenzó a gritarme, nunca antes la había visto así.
-¿Por qué te enfadas conmigo, Sofía?
-¡Tú eres tan necia, no quieres escuchar a las personas que te quieren ver bien, te lo dijo Amparo y no le hiciste caso, por favor Cristal!
-Sé lo que me dijo Amparo pero ¿qué querías que hiciera?, extrañaba tanto a las nenas.
-Cristal, no puedes darte cuenta de lo que puede llegar a suceder, esa mujer tiene una mente enferma, es capas de armar una tragedia con tal de obtener lo que quiere.
-Entiendo perfectamente Sofía, pero ella ha cambiado un poco, hasta me pidió disculpas, tal vez sea todo de otra manera.
-Eso no lo sé, pero por las dudas le pediré a un amigo mío que trabaja en la INTERPOL de Buenos Aires que la investigue.
-¡Sofía!, ¿serías capaz de hacer eso?
-Sí, Clara oculta algo extraño y quiero saber de una vez por todas de qué se trata.
-Como quieras, pero no creo que sea para tanto.
-¡Cristal! no puedo creer que seas tan crédula, o no te acuerdas de lo que te ha hecho Clara, yo voy a averiguar igualmente.
-Sofía, te noto un poco enojada conmigo.
-Sí, no me gusta para nada lo que has hecho.
-Pues si no puedes comprenderme, será mejor que no hablemos más del asunto.
-Mejor Cristal, me voy.
-¿Te vas?
-Sí, no soporto que perdones tan fácilmente lo que te han hecho.
-¡Sofía, por favor no ve vayas!- rogaba.
Después de escuchar mis súplicas, se marchó.
William me notaba tan triste desde aquel día, pero él no podía hacer nada, este problema lo tenía que arreglar solamente yo. Pensé en escribirle algo, algo que le llegara al corazón, que le demostrara lo tanto que la quería, que ella era mi única amiga fiel.
Le mandé una carta a Sofía a su casa, la carta decía así:
“Sofía:
Lamento tanto haberte hecho enojar, quisiera amiga mía que me perdones y escribí este relato para ti.
Al leer mis más sentidas palabras Sofía me llamó por teléfono.
-Cristal, ¡qué hermoso relato me escribiste, gracias, muchas gracias!
-De nada Sofía, sólo quería que no estuvieras más enojada conmigo y entonces escribí lo que siento por ti amiga.
-¡Gracias, eres mi mejor amiga!
-Tú también Sofí.
Desde aquel momento volvimos a ser las amigas de antes; aunque mucha confianza no le tenía a Clara, Sofía igual le hablaba amablemente lo justo y necesario, claro, ella lo hacía para verme bien a mi.
La relación entre Clara, William y yo iba mejorando notablemente; Clara ya no estaba tanto tiempo pendiente de William, sino que hablaba más conmigo, me contaba de sus cosas, de las nenas, de la nueva separación de su marido, de la vida.
Sofía aunque soportaba su presencia, observaba cada movimiento que realizaba Clara.
Clara resultaba en realidad ser un misterio, un misterio a develar como había dicho Sofía.
Un día que no tenía mucha tarea para hacer, me acordé de lo que nos habían enseñado en el curso de formación docente del cual ya me había recibido. Una de las materias que habíamos estudiado era Sicología General; fui hacia mi biblioteca y busqué los apuntes de esa materia, tratando de poder entender un poco la psiquis de Clara, de lo que le sucedía, quería saber si en realidad no estaba errada en lo que pensaba de ella.
-A ver, vamos a leer un poco, ¿qué dice aquí?-comienzo a leer.
“La sicología es una ciencia, porque tiene objeto y método. Ésta de divide en dos niveles: En la Filosófica( estudio del alma) y la Experimental o Científica( la conducta). La sicología, estudia los fenómenos psíquicos del ser humano. La parte psíquica, física y emocional. O sea estudia también la conducta del ser humano, que antes se le decía pasiones.
El nivel Filosófico, se dedica al estudio del alma. También estudia el pensamiento, sensaciones y el espíritu del individuo. El nivel Científico o Experimental, se dedica a estudiar la conducta, el comportamiento del individuo en relación con los demás. Las reacciones del sujeto frente a situaciones externas a él, Pavlov, experimentó con su perro el reflejo condicionado, en lo que el animal salivaba según las situaciones que se le presentaban.
El Yo, es individual, los fenómenos físicos ocurren en el mundo exterior del Yo, se rige por el placer del Yo, todo apurado. Evitar el displacer del Yo. Las funciones son: Pensamiento, juicio. Por ejemplo: caer hojas, florecer flores, etc... Los fenómenos psíquicos son los que ocurren en la psiquis, es decir en el interior del Yo, y este Yo se divide en dos partes: El Superyo, que es la conciencia moral, y en el Ello, donde se encuentran los impulsos sexuales y agresivos, este Yo puede ser inconsciente o conciente. En 1923, Freud establece el desarrollo del inconsciente, la parte agresiva y la sexualidad, son las dos energías que como seres sociales y cultos, la escondemos. Los celos, la sexualidad primitiva, están reprimidos. La represión es inconsciente.
Para conocer mejor la psiquis humana, es necesario recurrir a los métodos modernos de análisis, como puede ser los Test, que son pruebas variadas cuya finalidad es hallar las cualidades y deficiencias psíquicas del individuo. Éstos deben ser rigurosos, se debe evaluar por edades. Hay dos grandes grupos de Test, los cuantitativos, que se son con números, y los cualitativos, que son con cualidades. Los cuestionarios y respuestas, son interrogatorios orales y escritos, también son formas de Tests.”
-Esto puede servirme pero, tiene que haber alguna información más, a ver... ¿qué tenemos por aquí?, puede ser que esto me sirva:
“EL DESCUBRIMIENTO DEL INCONSCIENTE: A partir del tratamiento a sus pacientes Freud, estableció que las dificultades que estos tenían para recordar algunos acontecimientos o sentimientos conflictivos se debían a un mecanismo al que llamó Represión. Estos conflictos reprimidos parecían olvidados, sin embargo aparecían en forma disfrazada y ocasionaban diversos trastornos psicológicos. Estos conflictos estaban contenidos en el Inconsciente. El inconsciente es algo psíquico, no está en un lugar atómico determinado. Se llega al conocimiento del inconsciente a través de distintas manifestaciones como ser los sueños, los actos fallidos, algunos chistes y por los llamados síntomas neuróticos. Cuando el sujeto presenta alucinaciones y delirios, entendidos como manifestaciones del inconsciente, nos encontramos dentro de la patología mental( Paranoia, Psicosis, etc...)
Ausencia de contradicción: Los deseos o sentimientos contradictorios pueden coexistir en el ICC. sin que resulte conflictivo para el sujeto. También podrían ser las relaciones amorosas, basadas en la ambivalencia pulsional: Amor y Odio.
Según Freud, el sueño es entendido como una realización de deseo(ICC), tiene que ver con el cumplimiento de deseos ocultos, al cumplirlos vía sueño, satisfacción pulsional. Los deseos se relacionan con contenidos: Incestuosos, reprimidos y de índole psicosexual al deseo conciente.
El sueño es una realización de los deseos. El sueño manifiesto es el que recuerda al despertar.
En el sistema preconsciente, se encuentran aquellos sentimientos, pensamientos, fantasías, etc... que no están presentes en la conciencia, pero que pueden hacerse presentes en cualquier momento.
Fantasías: La imaginación combinadora, que no sigue más regla que la del propio albedrío recibe el nombre de fantasía. Hay individuos que tienen una fantasía desbordante.”
-¡Eso, eso, Clara tiene fantasías guardadas o reprimidas en su inconsciente! y más aún que sus fantasías son sexuales con relación a William, las reprime, pero a veces se les escapa aunque trate de disimularlo. La verdad es que ella está verdaderamente enferma mentalmente, seguramente sufre por ese deseo que no puede hacer realidad; un día de estos le voy a hacer un Test psicológico, tal vez pueda averiguar algo más de su personalidad. También existe entre ella, William y yo, una sensación de amor y odio al mismo tiempo, en la amistad que existe entre nosotros.
Fin del capítulo XII
Vie Abr 25, 2008 10:34 pm
albaespi
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oiiich...
Joeee....brisa ya nadie comenta este libro a mi me esta encantando y aver si pones el siguiente que me esta gustando mucho...le estas escribiendo tuu o es un libro normal
Sab Abr 26, 2008 2:28 pm
Brisa Marina
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Sí, nadie comenta pero no importa, no está editada la novela pero la tengo terminada en mi PC, en total tengo 5 novelas terminadas.
Sab Abr 26, 2008 7:17 pm
Brisa Marina
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Capítulo XIII
Una vez cuando Clara vino a visitarme, le pregunté en medio de nuestra charla si ella podría ayudarme en un trabajo que debía presentar en el lugar donde había estudiado.
-Pero Cristal, si ya terminaste los estudios, si ya te has recibido.
-Sí, pero debo presentar un trabajo de Psicología que no había entregado antes.- mentí.
-¿Y qué trabajo es?
-Tengo que hacer un test psicológico a alguien y pensé que tú me podrías ayudar.- volví a mentir.
-Esta bien, ¿qué debo hacer?
-Es muy fácil, sólo debes dibujar.
-¿Dibujar?
-Sí, el test se llama HTP y para ello debes dibujar una casa, un árbol y una persona.
-¿Todo eso?, está bien.
Le acerqué a Clara una hoja de papel y un lápiz, ella comenzó a dibujar lo que le había pedido.
-Ya está.
-Bien, ahora quisiera que dibujes a tu familia en esta otra hoja.
-¿Mi familia?, mira Cristal que yo no sé dibujar muy bien.
-No importa, sólo dibuja ¿sí?
Comenzó a dibujar su familia.
-Ya terminé, ¿algo más?
-No gracias, ya está bien.
Luego guardé las hojas y seguimos charlando de nuestras cosas. Cuando ella se retiró, me dirigí hacia la biblioteca buscando los apuntes de Sicología, observé los rasgos del dibujo de Clara y comencé a estudiarlos por medio de lo que nos había enseñado la profesora. La línea del dibujo era fuerte, quería decir impulsividad, también tenía rasgos en pico que quería decir agresividad; en los detalles del dibujo se notaba que ella es obsesiva, justo ahí me di cuenta de que no estaba equivocada con mi pensamiento. A todas las personas las dibujó sin rasgos, lo que quería decir que había cierto infantilismo en ella; la casa y el árbol los dibujó sin base o sea que al no tener base la estructura no es sólida, la base quiere decir asentamiento de personalidad; como figura paterna en el primer dibujo trazó un sol con ojos, nariz y boca, o sea que tiene una imperiosa necesidad de protección, a la casa le dibujó una chimenea con humo que quiere decir fantasía, lo que pensaba de ella, fantasía de amor hacia William, si la hubiera dibujado sin humo era realismo, todo lo contrario a fantasía.
Cada vez me iba acercando más a que yo tenía mucha razón de lo que pensaba, los trazos de los dibujos eran gruesos, que hasta podían romper la hoja, eso es agresividad, necesidad de límites, intolerancia a la frustración; claro, ella se sentía frustrada por no poder convertir su fantasía en realidad. En el dibujo del árbol, todo él significa el Yo del individuo, la copa del árbol son las relaciones con el otro, el tronco son las cicatrices de la vida, traumas. El árbol de Clara no tenía base, la copa del árbol era angosta y terminaba en punta cerrada, quería decir que es una persona cerrada que no demuestra fácilmente sus sentimientos.
En el test de la familia ella dibujó a su mamá, a su papá, a una de sus hermanas y a sus hijas; en aquellos personajes había un montón de detalles, algunos eran más grandes que otros, a algunos les faltaba las manos o los pies, otros parecían mutilados.
En aquellos dibujos encontré algunas de las respuestas a mis constantes preguntas, pero como no soy Sicóloga, pensé en sólo archivar esos dibujos y tomar solamente lo que me parecía más acertado.
Nunca más volví a retomar el tema con Clara y ella tampoco me preguntó nada, así que ese podría llamarlo “juego”, quedó totalmente olvidado en nuestras mentes.
Ya estaba comenzando de nuevo el otoño, aunque el tibio verano aún no se quería retirar; un día de mucho calor estábamos charlando muy animadamente en el borde de la piscina Clara, Sofía y yo, de repente se le ocurrió a Clara ir a pasear a algún lado con mi auto.
-¿Vamos a pasear?- preguntó Clara.
-Pero con este calor sofocante, ¿a dónde vamos a ir?- preguntó Sofía.
-Podríamos ir a algún balneario, ¿no?- pregunté.
-Eso me parece bien, pero ¿a dónde?-preguntó Clara.
-¿Qué les parece si vamos al balneario La Toma?- dije.
-A mi me parece perfecto y ¿a ti?- le preguntó Clara a Sofía.
-Si ustedes están de acuerdo.- dijo con desgano Sofía.
-Bien, entonces vamos a prepararnos.- dije.
Justo en aquel momento llegó William, le preguntamos si quería venir con nosotras y él nos respondió:
-¿Yo, salir a pasear con tantas mujeres?, no gracias, prefiero quedarme, se hablarían todo ustedes y yo me aburriría escuchándolas sin poder decir una sola palabra.- sonreía.
-¡Ay William, cómo eres!- dijo Sofía.
-Aunque pensándolo bien como no tengo nada que hacer voy a aceptar su invitación.
Cuando llegamos al balneario nos metimos en el agua fresca y limpia; lo que es la naturaleza, ella nos brinda todo lo esencial para sobrevivir pensaba, mientras escuchaba cómo los demás disfrutaban del paseo.
Después de bañarse William se sentó a mi lado y comenzó a acariciar mi largo cabello, en el agua habían quedado todavía divirtiéndose Clara y Sofía, se las veía bien, por lo menos se soportaban.
Cuando Sofía llegó hacia donde yo me encontraba me dijo despacio:
-Después cuando lleguemos a mi casa, te voy a mostrar una importante información que conseguí sobre Clara, la tengo archivada en el correo electrónico todavía, pues hace poco que recibí un e-mail, me lo mandó mi amigo, ese que te dije que trabaja en INTERPOL, cuando lo leas te vas a caer de espaldas, no lo vas a poder creer.
-Está bien, después lo veré.- contesté.
En ese momento nos interrumpió William.
-¿Vamos a dar una caminata amor?
-Bueno William, ¿Sofía tú te quedas con Clara?
-Esta bien, vayan tranquilos.
Cuando ya nos habíamos retirado, Clara se acercó a Sofía preguntándole:
-¿Y Cristal y William?
-Se fueron a caminar.
Ellas se encontraban sentadas muy cerca de una cascada de agua cristalina.
-Se llevan bien ellos ¿no?- preguntó Clara.
-Sí, maravillosamente.- contestó con desgano.
-Hasta tienen una canción para ellos solos.
-Sí.
-Dime Sofía, a ti no te cae muy bien mi presencia, ¿no?
-¿Quieres que te conteste sinceramente?
-Sí.
-No, no me caes nada bien.
-Pero ¿por qué?, si yo no te he hecho nada.
-A mi no, pero a Cristal y a William sí.
-Pero, si a ellos no les hice nada.
-Mira Clara, tú te crees que yo estoy ignorando todo, pero no es así, desde que los conociste a Cristal y a William, no has dejado de hacerles la vida imposible.
-Pero ¡qué descarada eres Sofía!, ¿cómo me puedes decir eso?
-Porque lo sé, porque sé que escondes tu amor por William, pero ya te he descubierto.
-¡Eso es mentira!- comenzaba a irritarse.
-¿Así que es mentira?, entonces tú también eres una mentirosa Clara Salguero, o ¿cómo debería llamarte, tal vez, Clara Alonso o capaz, Clara Gómez?
-¿Cómo?
-Eso Clara, ¿cómo debería llamarte?.
-No entiendo lo que dices.- dijo nerviosamente.
-¡Ah!, ¿no entiendes o no quieres entender? ¡¡Sorpresa, te he descubierto!!
-¡No, no puede ser!
-Sabes algo más Clara, Cristal también hace años que se ha dado cuenta de que amas a su esposo y ahora se va a enterar de tu misterio que tan celosamente has guardado.
-¡No, Cristal no debe enterarse, no!
Clara se levantó, comenzó a caminar despaciosamente hasta ubicarse justo detrás de Sofía mientras le iba diciendo:
-Sabes Sofía, uno a veces, será por las circunstancias de la vida que hace cosas que no quisiera hacer.
Después de decir esto, la tomó de los hombros y la arrojó al vacío, Sofía cayó desplomándose justo debajo de la Cascada, la tórrida agua la llevó hasta una gran roca en dónde golpeó su cabeza, Clara se acercó para observarla.
-¡Pobre Sofía, siempre inmiscuyéndose en donde no le importa, qué lastima, justo que ahora te estaba comenzando a tener un poco de aprecio!- dijo irónicamente.
Después comenzó a gritar desesperadamente, nosotros no nos encontrábamos muy lejos de ella así que al escuchar los gritos fuimos a ver qué sucedía, nos encontramos con una terrible tragedia, Clara estaba llorando y a Sofía no la podíamos divisar.
-Clara, ¿dónde está Sofía?- pregunté desesperada.
-Allí.- me contestó mirando hacia abajo.
Cuando bajé la vista, no podía creer lo que estaban viendo mis ojos, Sofía se encontraba tirada al fondo del pequeño precipicio, William al verla corrió para ver si aún estaba con vida, cuando llegó a donde estaba ella le tomó el pulso y me miró haciendo una seña dándome a entender que ella había fallecido.
-¡Yo le dije que no se arrojara!- gritaba Clara.
-Pero ¿qué quieres decir, que Sofía se suicidó?
-Sí, ella me contó que últimamente estaba muy deprimida y que quería acabar con su vida.- dijo Clara entre sollozos.
-Pero si Sofía amaba la vida, ¿qué le hiciste para que tomara esa decisión?
-Nada, yo no le hice nada, sólo traté de salvarla, pero no pude.-dijo llorando.
Clara lloraba desconsoladamente, William al verla en ese estado la abrazó; yo sólo me había quedado contemplando a Sofía, no podía aun reaccionar, no podía pensar que ella nos había abandonado.
El funeral de Sofía fue uno de los funerales más tristes de mi vida, no podía creer que mi amiga del alma se hubiera ido sin despedirse, como lo había hecho mi padre cuando falleció. William y Clara trataban de todos modos de contenerme, pero mi tristeza era desgarradora, me sentía morir; qué sería de mi vida sin el apoyo incondicional de Sofía y me repreguntaba a cada momento qué habría pasado por su cabeza para que tomara esa trágica decisión.
Cuando me quedé sola frente a su última morada, pues le había pedido a William que me dejara quedarme un rato a solas para poder despedirme de mi mejor amiga, se acercó por detrás de mí Amparo con un ramo de margaritas, al verla la abracé.
-Llora niña, llora, que esta pobre mujer sí se merece que la llores.
-¡Amparo, el dolor que tengo es tan grande que no creo que me vaya a reponer de él algún día!
-Resignación niña, resignación.
-Es que, ¿cómo puedo resignarme? si no puedo comprender que ella se halla quitado la vida, ella se suicidó ¿entiende?
-Ella no se suicidó, lo puedo ver, a ella la asesinaron.- dijo tajante.
-¿Qué, que la asesinaron y quién pudo haber hecho eso tan terrible?
-No te lo puedo decir, es tan borrosa esta videncia que no puedo reconocer el rostro de quien la arrojó al vacío.
-Pues entonces usted debe recurrir urgentemente a la policía para ya se pongan a investigar.
-Yo no puedo ir a la policía niña, ¿quién va a creer la videncia de una gitana?
-Yo, yo le creo.
-Pues sí, pero no, no voy a ir a decirle nada a la policía.
-Entonces Amparo, ¿no quiere que se esclarezca esta terrible tragedia?- pregunté sin dejar de llorar.
-No es como dices niña, más adelante me vas a entender por qué no puedo hacerlo.
Después de decir esto dejó las flores, se persignó y se fue.
El tiempo fue pasando y cuanto más pasa el tiempo más grande se hace el dolor por la pérdida de un ser querido.
Clara y las nenas diariamente me venían a ver, trataban de distraerme pero yo seguía pensando en Sofía y en lo que me había revelado Amparo.
Una vez cuando estaba en el parque escuché los ladridos incesantes de los perros, me acerqué hacia la puerta de entrada y pregunté:
-¿Quién es?
-La señora Cristal Smith ¿se encuentra?- preguntó una voz masculina.
-Sí soy yo, ¿qué desea?
-Me llamo Javier Lozano, soy el abogado de la señorita Sofía Roldán.
Cuando escuché lo que dijo, abrí inmediatamente la puerta.
-Sí, encantada Cristal.- extendí la mano para saludarlo.
-Mucho gusto señora, soy el Dr. Lozano.- tomó mi mano para saludarme.
Lo hice pasar.
-Dígame, ¿en qué le puedo ser de utilidad?- pregunté.
-Seré breve, la señorita Sofía Roldán no poseía familia alguna antes de fallecer y como me nombró a mí como su letrado, hizo en vida un testamento dejando todas sus posesiones a su nombre.
-¿Usted me está diciendo que Sofía, ha dejado un testamento a mi nombre?
-Sí, usted es su única heredera, así que cuando pueda acercarse a mi estudio a firmar lo puede hacer, aquí le dejo mi tarjeta.
¡Sofía qué gran persona eras y qué bondadosa!, pensé en aquel momento.
Días después nos dirigimos con William al estudio del Dr. Lozano; él nos recibió y dio lectura del testamento, en él se especificaba que Sofía me legaba su propiedad, todo el mobiliario que la componía, una suma de dinero que estaba depositada en el banco, un seguro de vida y también a su perra Luna Morena, porque sabía que mejor que yo nadie la iba a cuidar.
El mismo día que fuimos al estudio, a la tarde vino a visitarnos Clara con las niñas.
-¿Y Cristal, qué te ha dejado Sofía de herencia?
Le comenté lo que me había legado y ella me preguntó:
-¿Qué vas a hacer con la casa?
-La voy a poner en venta.
-Me parece una muy buena elección.
-El dinero de la venta lo voy a depositar en el banco, en una cuenta a nombre de Jazmín y de Celeste, para que cuando cumplan la mayoría de edad puedan disponer de él para lo que quieran.- dije.
-¡OH, has tenido un gesto muy noble de tu parte, gracias en nombre de la niñas!
-De nada.- sólo dije.
Esa misma noche soñé con Sofía, me despertó William, puesto que al sentirse sacudido por mi llanto, me preguntó:
-Amor, ¿otra vez tienes pesadillas?
-No cariño, esta vez ha sido un hermoso sueño del que no me hubiera querido nunca despertar.
-Cuéntame.
-Soñé que corríamos con Sofía; las dos solas por un gran prado con flores silvestres de diferentes colores, cuando nos habíamos cansado de tanto correr nos sentábamos en el pasto, una tibia brisa rozaba nuestros rostros, las flores nos rodeaban brindándonos un hermoso aroma perfumado, Sofía reía y yo también, se la notaba muy feliz...
-¿Te habló, te dijo algo?- interrumpió.
-Sí, me dijo que no estuviera más triste por ella, que se encontraba bien, que siempre me protegería, pero que ya era tiempo de partir; yo no quería despertar, quería seguir estando con ella, de lejos una melodía celestial se iba acercando hacia a nosotras, ella se despidió de mí, me dio un beso en la frente y después se marchó, yo la llamaba pero ella seguía caminando y de pronto desapareció y con ella desapareció también la melodía celestial; me encontraba sola en el medio de ese hermoso prado, me puse a llorar desesperadamente y justo en ese momento tú me despertaste.
-¡Qué hermoso sueño!- me dijo William.
-Sí, verdaderamente hermoso, Sofía me hizo soñar con ella para despedirse para siempre de mí.
Los días fueron transcurriendo, en ese ínterin contraté una Inmobiliaria para que se encargara de la venta de la casa que me había dejado Sofía. Desde aquel trágico día no había vuelto a pisar nunca más la vivienda, no podía hacerlo, necesitaba tiempo para reponerme del duro golpe de la vida.
Clara seguía visitándonos, había comenzado a estar de nuevo como antes, distante de mí y cada vez más cerca de William; me encontraba sola, ya no tenía más a mi gran amiga Sofía a mi lado para contarle lo que me sucedía, cada vez me estaba quedando más sola, si no fuera por William que siempre me acompañaba y protegía no sé que hubiera sido de mi vida.
En realidad ya la situación de idas y vueltas, de enojos y reconciliaciones de Clara con nosotros ya me estaba hartando, le había tenido demasiada paciencia, lo hacía siempre por Jazmín, pero no lo soportaba más, tenía que decírselo de alguna manera, ya había callado demasiado.
Aproveché para decirle lo que me pasaba con ella una vez que vino a visitarme sola.
-Cristal, ¿y William?- preguntó cuando llegó.
-Él está en la empresa.- contesté.
-¡Ay qué lástima, yo necesitaba hablar con él!
-¿No es lo mismo conmigo?- pregunté
-No.- sólo dijo.
-Bueno, entonces si quieres esperarlo él no va a tardar.
-Está bien, lo espero.
Clara cada vez se estaba poniendo más fuerte ante mí, yo necesitaba imperiosamente decirle lo que sentía, pero no encontraba el momento justo para hablar con ella.
Fin del capítulo XIII
Sab Abr 26, 2008 7:28 pm
ambar_ina
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Brisa, como sabes, hace poco que soy parte de tadforo, hace dos horas encontré lo capítulos de tu libro y llegué hasta aquí, quería saber si estos días nos acercarás los próximos porque estoy ansiosa por saber el final!!!!!!! realmente estoy impresionada, es real de verdad?? no puedo creer que escribas tan bien!!! felicitaciones!!!!
Sab Abr 26, 2008 10:55 pm
Brisa Marina
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Gracias linda por el ánimo, mira es una historia real si, le agregue algunos condimentos para hacerla más atrayente, si no seria un ensayo en vez de novela y pongo un capítulo por día.
Gracias por leerme.
Dom Abr 27, 2008 1:58 am
Brisa Marina
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Capítulo XIV
Cuando William regresó nos encontró a las dos charlando de cosas sin importancia, él nos saludó muy amablemente y se fue al cuarto a cambiarse, cuando regresó le dije:
-Amor, ella quiere hablar contigo.
-Bueno sí, ¿qué querías Clara?
-¿No podemos hablar a solas William?- contestó mirándome.
-Creo que si lo dices por mí, me retiro.- dije.
-No Cristal, quédate, no nos incomodas amor.- dijo William.
-En realidad me gustaría que ella no escuchara.- dijo Clara con descares.
-Mira, ella a mi no me molesta, así que Clara te escucho.- dijo tajante William.
-Está bien, yo no puedo contigo William.- contestó Clara.
Cualquier mujer en mi lugar hubiera reaccionado mal con ella, pero yo no, ni me inmuté por su desprecio, sólo estaba esperando el momento.
-William, el otro día me prestaste dinero.
-¿Prestarte, prestarte dices, cuándo me has devuelto todo el dinero que te he dado?
-Bueno, es una forma de decir William, ya sé que nunca te he devuelto todo el dinero que me has dado. Pero lo que te quería decir es que con esa plata no puedo solucionar mis deudas, ¿si podrías darme algo más?
¡Ahí estaba la Clara inconformista!, pensé.
-¿Más?, no, yo a ti no te doy un centavo más, pídele a tu marido.
-¡William, si sabes que yo me separé de él hace tiempo!
-Entonces, ese es tu problema.
Después de decir esto se fue a caminar por el parque.
-Cristal, ¿viste cómo me habló?- preguntó enojada.
Ese era el momento justo para hablar, pensé.
-Mira Clara, yo pienso que deberías estar eternamente agradecida con él por haberte ayudado tanto, pero en cambio noto que en verdad eres muy desagradecida.
-¡No es así!, ¿qué quieres que le ore, quién es él, el presidente?
-¡Yo no lo puedo creer, no puedo creer lo desagradecida que eres!
-¡Yo no soy desagradecida, sólo estoy pidiendo que me siga ayudando, nada más!
-Pero Clara, ¿no te parece que William ya te ha ayudado bastante y muchas veces muy a pesar mío?
-¿Qué es lo que me estás diciendo?
-La verdad, muchas veces William te ayudó sin mi consentimiento, porque yo ya sabía lo que traías entre manos.
-¿Y qué traía entre manos?- preguntó en forma irónica.
-Si quieres saber lo que pienso, te lo diré sin tapujos.
-Dale, te escucho.
-Bueno, desde que pisaste por primera vez esta casa, te abrí la puerta de mi corazón, te creí mi amiga pero me equivoqué; sólo eres un “lobo con piel de cordero”, siempre supe que estabas enamorada de William, desde el primer minuto que lo viste, hiciste todo lo que tenías a tu alcance para separarnos; querías lavarme el cerebro diciéndome cosas que puedan causarme daño para que tomara la decisión de separarme de William, me mentiste descaradamente, creías que la estúpida de Cristal no se iba a dar cuenta, ¿no Clara?
-¿Qué es lo que estoy escuchando?, ¡estás verdaderamente loca Cristal por pensar eso de mí!
-¿Te asombras de lo que te estoy diciendo?, pero en verdad la que está psíquicamente mal eres tú, tú quisiste quitarme mi marido durante todos estos años y no pudiste Clara, la esquizofrénica eres tú.
-¡Así!, ¿pero quién es la que se enfermó durante este tiempo?
-Yo, yo me enfermé, pero me enfermé por culpa tuya, por todo el daño que me has hecho, me estoy dando cuenta de que contigo Clara no se pude hablar, ya me tienes harta, no dejaré que sigas intentando destrozar mi hogar; así que por las buenas te invito a que te retires de mi casa.
-¿Me estás echando?
-Sí.
-Yo no me voy a mover de aquí.- se la escuchaba muy segura de si misma.
-Por favor Clara, vete, no quiero verte nunca más en la vida y no me quiero enterar que sigues molestando a mi marido, a mi marido lo dejas tranquilo porque no sabes de lo que puedo llegar a hacer cuando se meten con algo sagrado mío.
Clara seguía sentada lo más cómoda, no se inmutaba por lo que estaba escuchando.
-Clara, vete.
-No.
-Clara, si tú estás esperando que esto llegue a la violencia no lograrás tu cometido, pues yo actúo con las palabras y no con los golpes.
-¡Pobre Cristal, te sientes que no puedes conmigo, estás tan sola, ya no tienes las fuerzas para enfrentarme de igual a igual!
-¡Eso es mentira, tú quieres estar acá, acá quieres estar!- dije golpeando la mesa del comedor.
-¡Ay, como si tu casa fuera un palacio!
-No es por la casa solamente, es que tú quieres estar en mi lugar, vivir acá con mi marido, usar mis cosas, que mi esposo deje de quererme para que te quiera a ti, pero no lo lograrás.
La tomé del brazo y la empujé con todas mis fuerzas hacia la puerta de entrada, logré que saliera y le cerré la puerta en la cara.
Justo en aquel momento William se encontraba allí, al verlo Clara le dijo:
-Desgraciado, ¿has escuchado cómo me ha echado tu mujer?
-Sí.- contestó William.
-¿Y no piensas hacer nada para defenderme?
-Yo no tengo por qué defenderte, ella sabrá por qué te echó.
-Eres un sinvergüenza, un desgraciado...
-Clara entiende, si Cristal actuó de esa manera es porque la hartaste, tú te crees superior a ella pero no le llegas ni a los talones; ella es dulce, comprensiva, tierna, compañera y todas las cualidades que puedan existir, en cambio tú eres superficial, egocéntrica, calculadora, trepadora, fría...
-¿Algo más?- preguntó irónicamente.
-Mucho más pero vete, vete ya.
Clara se fue, se fue insultando a William, no podía entender de que él no la amaba, cuando él entró me encontró llorando, me abrazó y me dijo:
-Ya Cristal, todo ha pasado, cálmate por favor, estoy aquí contigo.
-¡Viste William de la forma en que me enfrentó, yo habré perdido para siempre a Jazmín, pero ella no ha logrado derrotarme!
-Claro Cristal, yo te elegí a ti para toda la vida, nunca me voy a ir de tu lado.
-Ella siempre quiso hacerme daño, nunca he podido estar en las fechas claves con las nenas, en las Navidades, en los Fines de Año, en las Pascuas, en los Cumpleaños de ellas; cuando Jazmín juró la bandera, cuando las nenas tomaron su primera comunión; nunca he podido estar, siempre para esas fechas la “señora” estaba enojada contigo y se las tomaba conmigo y ¿quiénes salían perdiendo? Jazmín y yo.
-Te entiendo, entiendo lo que sientes amor, pero viste en que base tan sólida está construido nuestro matrimonio que no nos pueden derrumbar.
Lo besé, lo besé agradecida por estar a mi lado.
En realidad, William tenía mucha razón, cuando me dijo de que nuestro matrimonio estaba construido sobre una base tan sólida, que nadie nos podría derrumbar; pero la bronca que sentía mi corazón hacia Clara, la herida que había dejado ella en él no se iba a poder sanar de un día para el otro. Clara me había hecho demasiadas cosas, yo había soportado tanto por no perder a Jazmín, ella siempre se dirigía a mí con desprecio, con un odio contenido en su gélido corazón.
Le había soportado todo, siempre bajando la cabeza y dándole la razón para que no se enfadara conmigo; ella en sus actos me hacía sentir una pequeña oruga, dejando mi autoestima por el piso, ella se había formado su propia fantasía con William, no podía entender que él la quería a ella y a las nenas como si fueran parte de su familia, que las había “adoptado” como suya, pero no para separarse de mí y formar un nuevo hogar con ella y las nenas, ese concepto no cabía en la enferma cabeza de Clara.
Tal vez inconscientemente yo también aporté para que ella siguiera con su fantasía de amor, pues muchas veces la había ayudado a pesar de todo lo que me hacía a que su esposo no la molestara más, porque ella no quería volver a convivir con él porque la trataba muy mal a ella y a las nenas.
Una vez vino a casa cuando yo me encontraba sola estudiando pidiéndome por favor que la ayude.
-¡Ay Cristal, necesito que me ayudes!
-¿En que te puedo ayudar?- pregunté asombrada al verla tan desesperada.
-Es que mi marido quiere que vuelva a vivir con él y no quiero.
-¿Por qué no quieres?
-Porque él no es bueno conmigo, lo que sucede es que cuando se pone ebrio y se droga es otra persona, se transforma y no nos deja vivir en paz.
-¡Ah no sabía que él es así!, ¿te golpea también?
-¡No, no me golpea!
-Clara, te he visto muchas veces algunos magullones en tus brazos.
-Es que me habré golpeado con algo...
-Clara, lo que me contestas es la respuesta propia de una mujer golpeada.- interrumpí.
Clara al escuchar mis palabras bajó la mirada y se quedó en silencio.
-Es verdad lo que te digo, ¿no Clara?
-Sí.- dijo tímidamente, casi no alcanzaba a escucharla.
-Bueno, pues yo también pienso que no debes volver con tu esposo, por tu bien y por el de las nenas.
-¿Entonces me vas a ayudar?
-Por supuesto.- contesté.
Justo en aquel momento llegó William de su trabajo, nos saludó amablemente y se unió a nuestra conversación.
-William, Clara no quiere volver con su esposo porque la trata muy mal y la pienso ayudar.
-¿Y cómo piensas ayudarla?
-Pues no sé, pero algo se me va a ocurrir.
-Lo que se te ocurra, que sea pronto, porque él ya está viviendo acá, hace unos días que llegó de Buenos Aires.- dijo Clara.
-¡Caramba!, entonces debo apresurarme.- contesté.
-Pues sí.- dijo William.
-¡Ah, ya sé lo que haremos!- dije.
-¿Qué?- preguntaron ambos.
-Tú, Clara le darás el número telefónico de casa a tu esposo, que cuando él llame yo lo atenderé y tú William deberás hacerte pasar por el nuevo esposo de ella.
-¿Qué es lo que estoy escuchando?- preguntó asombrado.
-¡Dale William, vas a ver que todo va a salir bien!
-Está bien.- contestó con desgano.
Inmediatamente se puso en marcha mi plan, Clara le dio a su esposo mi número telefónico como habíamos acordado y él llamó un día en el que ella estaba de visita en casa.
-¿Hola, quién habla?- pregunté.
-Buenas noches señora, ¿me podría comunicar con Clara, por favor?- me contestó una voz masculina.
-¿De parte de quién?- le pregunté.
-De Lorenzo, dígale que la llama Lorenzo.- respondió.
Lorenzo era el nombre del esposo de Clara.
-La señora Clara no se encuentra, salió con su esposo y con las nenas a pasear.- le dije muy segura.
-¿Cómo su esposo, y usted quién es?- preguntó asombrado.
-Yo soy la mucama de la familia.
William y Clara que en aquel momento se encontraban escuchando lo que yo decía, sonriendo.
-Pero si el esposo soy yo.- dijo asombrado.
-Mire yo no sé, a usted no lo conozco, a ver espere ahí llega el señor, le pasaré con él porque la señora está bajando del auto con las nenas.
Le pasé el teléfono a William, él sabía lo que debía decir ya lo habíamos practicado varias veces para que no hubiera errores.
-¿Hola quién habla?- preguntó William.
-¡Hola, habla el esposo de Clara!
-¡Pero si el esposo soy yo!, ¿quién es usted?
-Yo soy el padre de las nenas.
Clara y yo sonreíamos.
-Mire, a usted no lo conozco, así que no llame nunca más acá para molestar.
-¡Pero por favor señor, páseme con ella!- se lo notaba desesperado.
-¡Pero señor yo soy el marido, cómo le voy a pasar con ella, olvídese!
-¡Señor ayúdeme por favor, le ruego!- dijo llorando.
-Está bien, ¡Clara, quieren hablar contigo!
Le pasó el teléfono a Clara, cuando ella terminó de hablar nos contó lo que había hablado con su marido.
-Me dijo que me extraña, que no puede vivir sin mí, que vuelva con él.
-¡Pobre!- dije.
-Pobre no Cristal, él es una persona muy peligrosa, muy agresiva, muy violenta. Se creyó que estoy de nuevo en pareja, que estoy viviendo bien, que no me hace falta nada, que las nenas ahora están bien y que no quiero volver con él, espero que ya se olvide de mí.
-Seguramente se creyó todo.- dijo William.
Y ese tal Lorenzo se había creído la mentira que le habíamos hecho; pero lo que no había tenido en cuenta al ayudar a Clara era de que le estaba alimentando aun más su fantasía.
También la había ayudado haciéndola pasar por la dueña de la empresa de William, una vez que el esposo de ella quería verla para dialogar de las nenas y como él no me conocía, me hice pasar por simplemente la amiga de Clara; cuando William se enteró puso el grito en el cielo, se enfadó conmigo y con Clara pero en muy poco tiempo se le pasó el enojo y comprendió mi actitud.
Muchas tantas otras cosas había hecho por ella, ¡qué lástima que no pudo ver la amistad y el cariño que le brindaba!
Fin del capitulo XIV
Dom Abr 27, 2008 11:26 pm
Xena
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Me he enganchado a tu historia brisita. Sigo con inquietud cada capítulo.
Un besito guapa.
Lun Abr 28, 2008 5:56 pm
ambar_ina
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Brisiiiiiiiii ... estoy esperandoooo... quiero ver cómo desaparece la malvada de Clara de sus vidas Perdón!! es que es muy real
Lun Abr 28, 2008 9:17 pm
Brisa Marina
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Es real y gracias lindas, pero falta mucho para que a Clara, le pase algo? Quién ganará? a las dos, voy a empezar a poner de a dos capitulos por día porque si no se hace muy extenso.
Lun Abr 28, 2008 9:19 pm
Brisa Marina
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Cuando se arregle la página seguiré poniendo dos capítulos más.
SOS
Lun Abr 28, 2008 9:28 pm
ambar_ina
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Siii!!! que se arregle!!!!!!!!! que se arregleeee!!!!!!!!!!!!!!!
Lun Abr 28, 2008 10:09 pm
Brisa Marina
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Capitulo XV
En verdad era una gran lástima que Clara fuera tan dura, tajante, vanidosa, ambiciosa e hipócrita conmigo; a pesar de la gran ayuda que le he brindado ella siempre me respondía con desplantes, desprecios, enojos, atropellos, hasta si reñía con William se las tomaba conmigo como si yo tuviera la culpa.
Como aquella primavera de hace muchos años atrás, que William le regaló un ramo de fresias muy a pesar mío, porque estaba muy celosa de ella...
-Dentro de poco ya comienza la primavera.- dijo William.
-Sí querido.- contesté.
-Voy a comprar tres ramos de flores para esa fecha.
-¿Tres ramos?- pregunté asombrada.
-Sí, uno para ti, otro para Sofía y otro para Clara.
-¿Para Clara?
-Sí, sabes que la estimo mucho a pesar de todo.
-Ya lo sé, pero no me gustaría que le regalaras flores a ella, alimentarías de ese modo su fantasía de amor hacia ti.- dije frunciendo el ceño.
-¡Por favor Cristal!, ella es una amiga nada más, después de todo si ella se enamoró de mí como tú siempre dices yo no tengo la culpa, la quiero como persona, pero no la amo ni estoy enamorado de ella.
-Haz lo que quieras.- dije enojada.
-¿Estás celosa amor?
-¡No, qué voy a estar celosa!- mentí, me moría de celos pero no se lo quería demostrar.
-¡Me parece que sí!- dijo tomándome de la mano.
-Mira, si tú quieres regalarle flores ese día, has lo que quieras, pero yo no quiero nada, a mí no me regales nada.
-¿Cómo que no?, entonces no le regalo flores a nadie.
-Está bien, ya sabes, ese día yo no quiero flores.
Y llegó el día de la primavera; William por ser tan caballero compró igualmente las flores, a mí todavía no me las había entregado porque se le había hecho tarde y se iba muy apresurado al trabajo, me apené cuando él se despidió de mí sin obsequiarme nada, ni un ramo de flores, parece que los hombres no se dan cuenta cuando una mujer está terriblemente celosa.
Cuando llegué ese día a la casa de Clara, ésta me recibió muy alegre.
-¡Ay qué contenta estoy hoy, Cristal!
-¿Qué es lo que te sucede Clara?
-William vino hoy temprano y me trajo esto, mira.- me dijo mostrándome un florero con un ramo de fresias.
-¡Ah, qué lindo!- dije seriamente.
-¡¡Viste qué lindas son, sentí el perfume, sentí el perfume!!- decía mientras me acercaba las flores a la cara casi como refregando mi mejilla.
-Son muy bonitas.- contesté cuando mi cara pudo zafar de las flores.
-¿Y a ti qué flores te regaló?
Tenía tanta ira contenida, no le pude mentir, así que le dije la verdad.
-No, a mí no me regaló nada.
-¡Ay no!- dijo asombrada.
-Lo que sucede es que William sabe que a mí no me gustan las flores.- mentí.
-¡Ay no te gustan, a mí me encantan!
Después de tomar un café con ella me fui a mi casa, al rato de haber llegado llamaron a la puerta, era el cadete de una florería que traía entre sus manos un gran ramo de rosas rojas con una tarjetita; cuando me despedí de él deposité el gran ramo sobre la mesa del comedor, abrí el sobre, saqué de él la hermosa tarjeta y la leí, decía: “Sé que en este día quisieras recibir flores del hombre que te ama, aquí las tienes espero que te gusten, eres la mujer de mi vida. TE AMA- William”.
En ese tan sublime momento lloré de emoción, aunque estaba muy encolerizada con William por haberle regalado flores a Clara, igualmente me sentía la mujer más feliz del mundo, no le recriminé nada cuando él regresó, sólo lo abracé fuertemente y lo besé con pasión.
Otro momento en el que Clara me hizo sentir tan inferior a ella fue cuando celebramos el cumpleaños de Celeste en casa, el único en el que pudimos asistir.
Celeste nos había pedido si podía hacer su cumpleaños con nosotros y sus compañeritos del colegio, nosotros asentimos con mucho gusto, pero tenía que sobresalir aquí también la Clara inconformista.
-Cristal tenemos que comprar ya los adornos del cumpleaños, pues Celeste invitó a los chicos para el viernes.
¡Aramos dijo el mosquito!, pensé en aquel momento en ese viejo dicho.
-Está bien, vamos.- dije con desgano porque sabía lo que iba a pasar.
Cuando llegamos a la casa de cotillón, Clara se dispuso a elegir todo lo que necesitaba mientras yo la observaba.
-Quiero esto, también esto, esto también- iba diciendo mientras elegía- la señora le va a abonar- decía con descares.
Cuando regresamos a casa, ella se dio cuenta de que no habíamos comprado el adorno de la torta.
-¡Cristal falta el adorno!
-Bueno se lo compramos en cualquier lugar, ahora no vamos a volver solamente por un adorno.- contesté con desgano.
-Pero yo vi uno muy lindo en ese lugar que fuimos, puedes darme el dinero y lo compro.
-Ya no tengo más dinero.- mentí, no quería que se saliera con la suya.
Justo en aquel momento llegó William, desprevenido ella lo atajó por el camino y yo vi por el ventanal que estaba hablando con él, luego el metió su mano en el bolsillo del saco y le dio un billete, ella me miró y moviendo el dinero en señal de que se había salido con la suya se fue caminando rápidamente.
Durante el cumpleaños ella se había convertido en la “señora” de la casa, recibía ella misma a sus invitados, los atendía, y yo solamente estaba en un rincón observando todo nada más.
Otra vez que ella me hizo un desprecio fue cuando nos invitó a su casa a cenar, nosotros habíamos encargado pizza. Yo me adelanté antes que William porque Clara me había dicho que ella ya se encontraba en su casa, pero me había mentido, esperó que yo saliera rumbo a su domicilio sabiendo de que William estaba solo.
-¡Clara, Cristal ya se fue para tu casa!- dijo William asombrado.
-Ya lo sé, pero quería que me prestaras el teléfono para llamar a la farmacia, para que me traigan unos medicamentos para las nenas.
-Sí, ahí está el teléfono.- dijo mientras seguía mirando la televisión.
-¡Ay William, no sé qué sucede con este teléfono!, ¿no me podrías marcar tú?- preguntó comportándose como una adolescente.
-¡Clara deja de molestarme, arréglate sola!
Clara frunció el ceño y se fue sin saludarlo. Cuando llegó a su casa me encontró en la puerta muerta de frío, con la caja de pizza en la mano.
-¡Clara te estaba esperando!, ¿dónde estuviste?
-¡Ah!, estaba en tu casa, fui a hablar por teléfono.- contestó con desgano.
-¿Por qué no me avisaste?, ¡te estuve esperando como una hora, me morí de frío, la pizza ya está helada y me sentía tan sola!
-¡Ay Cristal, qué melodramática eres por favor!
O sea que cuando yo me fui a su casa, ella me estaba espiando para ir a la mía, para estar con William a solas, pero le salió “el tiro por la culata”.
Pero ahí no terminó todo, después de cenar, fui a la cocina a lavar los platos; Clara se había quedado sentada al lado de William mirando la televisión, las nenas ya se habían ido a dormir. Cuando me ausenté, ella se levantó y apagó la luz y volvió a sentarse al lado de William apoyando su cabeza sobre el hombro de él, esa situación lo incomodó demasiado.
-¿Qué haces Clara?, puede venir Cristal en cualquier momento y va a pensar mal de mí.- le dijo nervioso.
-Nada, sólo apagué la luz para ver mejor la tele.
-¡Pues no me gusta, compórtate y enciende la luz!
Clara ni se inmutó, entonces William se levantó y prendió la luz, Clara se levantó y la apagó nuevamente; así estuvieron un largo rato prendiendo y apagando la luz, cuando llegué con el café que había preparado, la luz estaba encendida y Clara estaba muy retirada de William muy seria.
Tantas otras cosas me ha hecho, pero alguna veces tuve mi revancha.
En una primavera, William compró un ramo de flores para mí, otro para Sofía y otro para las nenas, a ella no le compró nada. Ese día fue el mío, el día de mi revancha en la lucha con ella, pues cuando vio que no le había comprado flores, frunció el ceño y miró mal a William.
También tuve mi revancha el día que fui a su casa y tomando mate le comenté que el hijo de mi madrina se había separado hacía muy poco tiempo.
-¿Sabes Clara, el hijo mi madrina se separó?
-¡Así!- contestó.
-Sí, y pensé que te lo podría presentar como tú estás sola en este momento.
-¡Qué lindo!, ¿y cómo es?
-Es un hombre muy culto, de un estatus social muy bueno, es veterinario y es muy seductor.
-¿Y físicamente cómo es?
-Es de tu estatura, rubio, de ojos azules, piel blanca como te gusta a ti.
-¿Y cuándo me lo vas a presentar?- dijo ansiosa.
-Cuando tú quieras.
-¡Bárbaro!, pero no le digas nada a William.
-¿Por qué?
En aquel momento ella muy astuta para poder pensar lo que me iba a contestar me preguntó:
-¿Cómo dijiste?
-Que, ¿por qué no quieres que se entere William?- contesté.
-¡Ah!, porque él si se entera te va a retar.
-¿Por qué me va a retar?
-Y porque no le gustaría que tú me consigas novio.
-No creo que él piense eso.- contesté seria.
A pesar de darme a entender Clara de que William se pondría celoso de ella, si se enteraba de lo que pensábamos hacer, tuve mi revancha, porque Clara nunca conoció al hijo de mi madrina, se lo presenté en cambio un día a Sofía; él quedó deslumbrado cuando la conoció, pero Sofía tenía su corazón cerrado al amor y rechazó la oferta de él para salir de novios.
Cuando Clara se enteró de lo sucedido, explotó de ira, pero qué más daba, mi revancha ya se había realizado.
Era una eterna lucha de poderes la que había entre ella y yo constantemente, siempre ella debía ser el centro de atracción de William, o sea de mi marido, qué locura ella peleaba conmigo para ver quién se quedaba con mi esposo.
Otro suceso que había pasado entre nosotras fue una noche que estábamos invitados al cumpleaños de una ex compañera de trabajo de Clara.
-El sábado es el cumpleaños de Abril, ellas los invitó.- dijo Clara.
-¿Este sábado?
-Sí, supongo que van a ir.
-¡Por supuesto!, ella por lo poco que la conozco es una persona muy dulce.
Cuando Clara se retiró de casa al rato, llegó William.
-William, el sábado Abril nos invitó a su cumpleaños.
-¡Qué bien!, llámala, tal vez necesite ayuda en los preparativos.
-Ya la llamo.
Marqué el número de Abril y ella atendió.
-¡Hola Abril!, ¿cómo estás?- dije saludándola.
-¡OH Cristal, qué grata sorpresa!
-Te llamaba porque hoy estuvo en casa Clara y me comentó que tú nos invitaste a tu cumpleaños.
-¡Ah sí!, espero que puedan asistir.
-Encantados, ¿en qué podría serte de utilidad en esa fecha?
-¡OH Cristal, siempre tan amable!
-Dime, en serio te estoy preguntando, Abril, espera que William me está diciendo algo y no le entiendo.
-Esta bien.
William se había ofrecido para hacerle el cumpleaños completo a ella, con fotos y todo.
-Dile a William que se lo agradezco de corazón, y que los espero.
-Bien se lo diré, hasta el sábado Abril.
-Hasta el sábado Cristal, un beso a William.
-¡Gracias!
Cuando llegamos con William, al cumpleaños de Abril, nos encontramos con Clara que ya estaba con las nenas, le entregamos a Abril todo lo que habíamos llevado. Mientras Clara y Abril se dispusieron a preparar la cena yo me fui a jugar con las nenas al parque.
Había llevado mi cámara de fotos para la velada, el día anterior William había ido a la casa de fotografías para que colocaran el rollo de fotos en la máquina; ésta ya venía funcionando mal así que la empleada del negocio le dijo a William que la usara una sola persona, porque se corría el riesgo de que no saliera ninguna foto, de ese modo William me había pedido que yo me encargara de usarla.
Esa noche Clara estaba muy distante de mí, pero su actitud no me sorprendía porque ya estaba acostumbrada. Cuando llegó el momento de sacar las primeras fotos, ella se colocó a mi lado y empezó a molestarme, como Abril cumplía veinte años, la mayoría de los invitados eran más o menos de esa edad.
-¡A ver chicos, digan whisky!- dije con la cámara de fotos en mi mano.
Nadie me hacía caso, cada uno estaba en lo suyo, tratando de atraer de nuevo la atención dije:
-¡A ver de nuevo chicos, digan whisky!
-¿Qué whisky, por qué no sacas la foto de una vez por todas?- dijo enfurecida Clara.
Miré asombrada a Clara por lo que me había dicho y luego saqué la fotografía.
-¡Saca otra!, ¿no ves que se están dispersando?- dijo Clara.
Saqué varias fotos, luego nos dispusimos a cenar; como nadie nos dirigía la palabra porque a las únicas que conocíamos en aquel cumpleaños eran solamente Clara y Abril, con William nos pusimos a conversar de nuestras cosas; en un momento dado Clara pasó cerca de nosotros convidando lo que llevaba en un plato, nos miró y nos ignoró, justo en aquel momento no recuerdo lo que me había dicho William y me reí con tantas ganas que el sonido de mi carcajada llegó a los oídos de Clara, ella se dio vuelta y me miró mal, yo no le hice caso.
Después de la cena me dirigí hacia donde estaba Clara y le pregunté:
-Dentro de unos días es mi cumpleaños, ¿vas a venir, no?
-Y si me dejan...- contestó.
Clara en ese tiempo estaba de nuevo en pareja con su esposo.
-Pero Clara, puedes hacer buena letra como has hecho para el cumpleaños de William.
Para el cumpleaños de William ella pudo asistir, se portó bien con su marido y él la dejó concurrir.
-¡Ay no sé si voy a poder ir!- se la notaba muy engreída.
-Está bien, como quieras.- dije apenada.
Volví a sentarme al lado de William, no le comenté nada de lo que había hablado con Clara, sólo me senté a su lado y me quedé conversando con él. Después de un rato se acercó a mí Abril para pedirme si le sacaba algunas fotografías, yo acepté con gusto y cuando estaba por sacar la primera, se acercó Clara diciéndome:
-Supongo que no vas a volver a decir más whisky.
Cuando escuché sus hirientes palabras miré a Jazmín que estaba parada cerca de mí, suspiré, conté hasta diez y no le contesté.
-Lo que sucede es tú no sabes tratar con gente joven, no sabes tratar con chicos.- volvió a decir Clara.
La ignoré, la ignoré porque pensé que si le respondía perdería a Jazmín, no iba a entrar en el juego de ella.
William se sentía muy incómodo, nadie venía a charlar con nosotros, en un momento dado me dijo:
-Vamos a casa Cristal.
-¡No podemos William, tengo que seguir sacando fotos, a parte falta que corten la torta!
-Bueno, ¿por qué no te quedas? que después me llamas al celular y te paso a buscar.
-¡Ay William!, ¿qué es lo que sucede?
-Viste que nadie nos habla, Abril está bien está ocupada, pero Clara ni se acercó a nosotros.
-Sí, tienes razón, pero ¿qué hacemos, no podemos irnos así nomás?
-Ve a decirle a Abril que yo estoy muy cansado y que nos retiramos.
-Está bien William, ahora vuelvo.
Cuando llegué a donde se encontraba Abril, le dije:
-Abril, ¿no te incomoda si nos retiramos?
-¿Se van, por qué?
-Lo que sucede es que William se siente muy cansado, ¿no te enojas?
-¡No, por favor!
Volví al parque donde estaba William sentado; le comenté lo que me había dicho Abril y me dirigí al comedor a tomar mis cosas para retirarnos, mientras guardaba la cámara de fotos en su estuche, entró Clara, detrás de ella venía Abril y la hermana de Abril.
-¿Te vas?- me preguntó Clara con ironía.
-Sí, lo que sucede es que William está muy cansado.
-¿Y las fotos, no vas a sacar más fotos?- me gritó.
-Clara, ¿por qué me estás faltando el respeto si yo no te hice nada?
-¡Tú, tú eres siempre la misma, siempre estás manejando todo, si sabía esto le pedía prestada una cámara a alguien!
-¡Pero Clara!
-¡Siempre eres la misma mezquina!
Seguía insultándome, lo que más me asombró era que ni Abril como dueña de casa ni la hermana me defendieron, se quedaron calladas escuchando nada más, en un momento dado tomé mis cosas y saliendo al parque le dije a Clara:
-¡Me tienes harta!, ¿por qué no me dejas de molestar y me dejas en paz?- dije enfurecida.
Después de decir esto salí en busca de William, cuando lo vi le dije nerviosamente:
-¡Vamos, vamos William, vamos!
-Vamos.- dijo William reincorporándose de su asiento.
Al salir nos encontramos con Julián, el novio de Abril, que me preguntó cuando me despedía de él:
-¿Ya se van?
-Sí.- dije solamente.
Después me encontré en el camino con Emmanuel, uno de los amigos de Abril, que también me preguntó al despedirse:
-¿Se van?
-Sí.
-¿Por qué?
-¡Ja!- dije haciendo un gesto, dándole a entender que había tenido problemas con Clara.
Cuando estábamos subiendo al auto, le conté a William lo que había sucedido, en el camino a casa le iba contando todo lo que me había hecho Clara durante toda la noche.
-¡Con razón que estabas tan nerviosa cuando salimos!- dijo William.
-Sí, ¿qué se cree ella que es?, ¡no sabe con quién se metió!- dije enfurecida.
-Yo quería irme porque nadie venía a charlar con nosotros, parecíamos dos fantasmas.
-Lo que sucede es que Clara se puso celosa.
-¿Celosa?
-Sí, nunca ella antes nos había visto tan juntos en una reunión, somos un matrimonio, así que no vamos a estar todo el tiempo, uno al lado del otro, cuando estamos rodeados de gente, ¿te acuerdas cuando no sé que me dijiste y yo me reí mucho por lo que habías dicho?
-¡Ah sí, me acuerdo!
-Bueno, se puso celosa por eso, también cuando te acercaste por detrás de mí para leer conmigo las dedicatorias que habían escrito los invitados, toda la noche estuvo celosa.
-Y encima yo no le di importancia, la ignoré toda la noche.
-¡Más aun!
-¡Yo no puedo creer lo que te hizo, algún día nos vamos a encontrar y le voy a recriminar lo hecho!
Fin del capítulo XV
Ultima edición por Brisa Marina el Mar Abr 29, 2008 12:25 am; editado 1 vez