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Brisa Marina

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Capitulo XVI
Y fue así, William un día se encontró con Clara en el pueblo, al verla la saludó y se quedó conversando con ella.
-¿Cómo estás Clara?- saludó William.
-Bien, muy bien.
-Hace mucho tiempo que no nos veíamos, ¿no?
-Sí William, ¡ah sabes, me gustaría que me hicieras un favor!- dijo Clara.
-Sí, dime.
-Necesitaría que si me podrías prestar la cámara de fotos.
-¡¡Ah bueno!!, yo no quería tomar el tema, pero si quieres hablar de lo sucedido en la casa de Abril...
-Sí, tu mujer me trató muy mal esa noche.- mintió.
-¡Es mentira!, Cristal me dijo que tú la trataste mal toda la noche, que no la dejabas tranquila.
-¡Ella me trató mal y yo le tuve que decir que me deje tranquila!- dijo con ira.
-¡Estás mintiendo Clara!
-¡Ah claro, ahora entiendo, claro, ella es tu mujer y la tienes que defender, claro!
-¡Qué mala eres Clara!
-La mala es tu mujer, yo creía que ibas a volver, porque ella se quiso retirar de la fiesta.
-¡Cómo iba a volver si yo era el que se quería ir! Ella me imploró que no nos retiráramos, pero en realidad te lo juro por los huesos de mi madre muerta, yo era el que se quería ir, todos habían desaparecido, toda la noche nos dejaron solos, hasta creí que se habían ido a dormir.
-¡Cómo nos íbamos a ir a dormir, estas defendiendo lo indefendible!
-Mira, me voy, no quiero hablar más contigo Clara, eres testaruda y gracias a ti Abril y la hermana le tomaron bronca a Cristal, lo que me asombra es que Abril siendo la dueña de casa no haya intervenido para que dejaras de insultar a Cristal, la verdad es que están todos locos.
-Mejor me voy, adiós William.- dijo indignada.
-Adiós.- sólo le respondió.
A partir de ese día, Clara, cuando se encontraba con William en el pueblo siempre lo saludaba, cuando se encontraba conmigo ella me daba vuelta la cara, esa actitud de Clara enfurecía a William, a él le dolía que ella fuera así conmigo.
Desde el día en que me había animado a echar a Clara de nuestras vidas, no la vimos más.
Comenzaba de a poco a reinar la paz tan ansiada en nuestras vidas.
Una vez recibí el llamado telefónico de la Inmobiliaria que tenía a su cargo la venta de la casa que me había dejado Sofía. Cuando William llegó de su trabajo le comenté del llamado, decidimos ir al otro día a ventilar la casa, para que la persona que estuviera interesada la viera más linda, como no quería ir sola, William se ofreció a acompañarme.
Cuando llegamos comenzamos a abrir todos los ventanales para que entrara la claridad y el aire, recorriendo cada rincón de la casa, en cada uno de ellos encontraba algún recuerdo de Sofía; cuando pasé cerca de un portarretratos con la foto de ella me estremecí, lo tomé y lo guardé en mi cartera, quería llevarme algo de Sofía para recordarla siempre. Pero lo que más me llamó la atención fue cuando me acerqué a la computadora, justo ahí recordé las palabras que ella me había dicho el día de su muerte, llamé a William y buscamos juntos esa información que tanto Sofía quería mostrarme.
-William, la única manera de poder entrar en el correo electrónico de Sofía, es sabiendo la contraseña.
-¿La sabes?
-No, eso es privado, nunca me la dijo.
-¿Y ahora cómo haremos?
-Pues probaremos con varios nombres y números hasta encontrar el indicado, esa es la única forma.
-¡Pero eso es imposible, nos llevaría un montón de tiempo!
-Pues sí, pero igualmente probaremos.
-Está bien, ¿qué nombre se te ocurre?
-No sé, probaré con su nombre, Sofía.
-“Acceso denegado”, dice el cartel que salió en la pantalla.
-A ver, Sofí.
-“Acceso denegado”.
Seguí probando con otros nombres y números que podían ser claves para Sofía.
-A ver, ¡ay Sofía por favor, ayúdame a encontrar la clave de la contraseña, por favor!
De pronto al mirar la pantalla vi un pequeño cartel que estaba marcado y que decía: “recordar mi identidad en esta computadora”, hice clic allí y apareció otro cartel que decía: “¿Cuál es el nombre de mi mejor amiga?”, llamé a William que se encontraba abriendo el ventanal del comedor diario.
-¿Qué sucede?- preguntó preocupado.
-¡William, mira la pantalla, mira el cartel, lee lo que dice!
-Entonces la contraseña es el nombre de su mejor amiga, pon el tuyo, seguramente debe ser el tuyo.
Escribí en la contraseña mi nombre y, ¡¡¡¡Eureka!!!!, pudimos entrar en el correo electrónico de Sofía.
-¡Gracias, muchas gracias Sofía por ayudarme!- dije emocionada mirando hacia arriba.
-¡Viste, eras tú, debe ser un halago para ti que ella te haya elegido como su mejor amiga!
-William, aquí hay un montón de e-mail, ¿cómo sabré cuál es el que nos interesa?
-¿Por qué no buscas si lo guardó?
Exactamente allí estaba el informe, comencé a leerlo, William me escuchaba muy atentamente.
-“Sofía: Aquí te mando toda la información que pude recabar sobre la señora Clara Salguero, te adjunto también fotografías y recortes de periódicos. Te ruego que cuando lo hayas visto, destruyas el e-mail por favor, porque de otra manera pondrías en juego mi trabajo. Te saluda cariñosamente, tu amigo Dini.”
-¿Sofía tenía un amigo llamado Dini?- preguntó William.
-No lo se, sé que él trabaja en la INTERPOL de Buenos Aires, tal vez le dio un sobrenombre.
-Bueno, vamos a ver, ¿qué mando este tal Dini?
No podíamos creer lo veían que nuestros ojos; Clara tenía varias identidades diferentes, era buscada por la INTERPOL, se la acusaba de presunto homicidio de dos matrimonios, del matrimonio Pascal de Bariloche y del matrimonio Salgado de San Juan. En los recortes y fotografías aparecía ella con distinta identidad, en el recorte de Bariloche aparecía mucho más joven llamándose Clara Gómez y en el de San Juan la fotografía era un poco más reciente y se llamaba Clara Alonso.
-¡No puedo creer lo que estoy viendo, Cristal!
-¡Yo tampoco William!
-Tenías razón, ella es una persona muy peligrosa.
-Fíjate William las coincidencias entre ambos matrimonios, los dos no poseían hijos, los dos la cobijaron en sus casas, los dos tenían un buen pasar económico, ¡qué coincidencia con nosotros!
-Sí, tienes razón Cristal, pero ¡viste a las nenas, no las nombran!
-Tal vez en aquellos tiempos estaban viviendo con la familia de Clara, por eso será que no las mencionan.
-Tal vez, ¡viste que en cada lado que iba se cambiaba el apellido, claro para disuadir a la policía!
-Esto era realmente lo que Sofía quería mostrarme el día que falleció, ¡pobre, no pudo hacerlo, no le dieron tiempo!
-¿Cómo que no le dieron tiempo, a quién te refieres?
-Al que la mató.
-¡Pero si Sofía se suicidó!
-Amparo me dijo que la mataron, pero que en su videncia no puede ver el rostro del asesino.
-¡De Amparo no me sorprende nada!
-¡William!, ¿y si fue Clara la que la asesinó?
-No, no creo, Clara no se las tomaría con Sofía.
-Pero, ¿y si Sofía le contó a Clara lo que descubrió?
-Sofía era demasiado inteligente para decírselo, primero a ella y después a ti.
-¡¡Ay, William!!
-¿Qué sucede ahora?- preguntó preocupado.
-¡Si Clara fue capaz de cometer esos delitos aberrantes, puede hacer lo mismo con nosotros!
-Tranquila, no la dejaremos, seremos fuertes,¿sí?
-Sí amor, pero tengo mucho miedo.
-No temas, nada nos pasará, pero tenemos que reportarnos con la policía.
-No podemos ir a la policía, esta información es confidencial pondremos en riesgo el trabajo del amigo de Sofía y por otra parte le daríamos tiempo a Clara para escapar.
-¿Quieres decir que callaremos todo?
-Por ahora nos conviene quedarnos callados.
-Está bien, como tú digas.
Antes de retirarnos de la casa de Sofía, destruimos el e-mail tal como lo había dejado especificado ese tal Dini. Cuando estábamos en plena calle, William me pidió que me adelantase, que él después iría a casa, que no hablara de lo que habíamos visto con nadie; yo estaba aterrada, ¡cuánta razón tenía Amparo, Clara era el mismísimo demonio!. Lo que había visto me había dejado impactada, pobre esa gente que había sido tan solidaria con ella y cómo le había pagado, asesinándolos. Tenía mucho miedo de que la historia se repitiera, pues en todos los casos Clara se había enamorado del hombre y le tenía mucho odio a la mujer, tal como sucede con nosotros, ella está enamorada de William y me odia a mí.
Cuando William regresó, no lo hizo solo sino que vino acompañado por un cerrajero, un especialista en alarmas y dos custodios. Mientras ellos se disponían a trabajar, William me presentó a los custodios.
-Cristal, te presento al oficial Joaquín López y al suboficial Álvaro González.
-Encantada, mucho gusto- extendí la mano.
-Mucho gusto señora.- contestaron ambos.
-Ellos te protegerán cuando te ausentes de casa y cuando te encuentres sola.
-¡Gracias William!
-Bueno, ya pueden ir a sus puestos, cualquier cosa que precisen nos lo piden, que no nos incomodan para nada.
-Gracias.- contestaron los dos.
-Cristal, ven te quiero mostrar algo.
Nos dirigimos hacia el cuarto.
-Traje esto para ti.
Sacó del bolsillo de su saco un arma pequeña.
-¿Qué es esto William?
-Ten, por las dudas.
-¡No William, tú sabes que le tengo pánico a las armas de fuego!
-Pues es momento de que lo dejes de tener, si alguna vez, escucha bien lo que te digo, si alguna vez te encuentras en una situación difícil de vida o muerte, no lo dudes por favor, no dudes en apretar el gatillo y disparar, ¿entiendes Cristal?
-Entiendo, pero no sé usarla.
-Después yo te enseñaré, mira la guardaré en un lugar seguro.
Fin del capítulo XVI
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| Mar Abr 29, 2008 12:23 am |
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Brisa Marina

Registrado: 11 Abr 2008
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Voy a poner 2 capítulos por día porque si no no terminamos más.
Y también para las ansiosas.
Esto es en serio, gracias a todos aquellos que me leen.
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| Mar Abr 29, 2008 12:26 am |
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Brisa Marina

Registrado: 11 Abr 2008
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Capítulo XVII
Desde aquel día nuestra vida cambió, nos encontrábamos atentos a todos los movimientos, ya había aprendido a usar el arma; Clara había desaparecido de nuestra vida, no la volvimos a ver más. Me enteré que ella seguía viviendo en el pueblo, pero que las nenas según se decía, habían viajado a Buenos Aires a vivir con su abuela.
Una vez que me encontraba en casa mirando la televisión, mientras William estaba en su estudio con la computadora, se me ocurrió una idea y fui a comunicarle lo que se me había ocurrido.
-William, necesitaría hablar contigo de algo muy importante que se me ocurrió recién.- dije.
-Sí, dime.- preguntó.
-Estaba pensando en hacer un viaje.
-¿Un viaje?
-Sí, un viaje a Buenos Aires, quisiera visitar a la madre de Clara, tal vez ella me pueda aclarar un poco más las cosas.
-¡Estás loca, te quieres “meter en la boca del lobo”!
-No te enfades, Clara está aquí, así que no corro peligro amor.
-Esta bien, viaja pero te acompañará Álvaro o Joaquín.
-Está bien amor, voy a empacar, ahora vuelvo.
-¿Qué, ya te vas?- preguntó asombrado.
-Sí William, así puedo estar todo el fin de semana, como hoy es viernes, a más tardar el lunes estaré de vuelta.
-Está bien Cristal, ¡cuídate sí!
-Sí cariño, vas a ver que todo va a salir bien.
-¡Cuídate amor!, voy a llamar a Álvaro para que te acompañe.
-Bueno cariño.
Me despedí de William, subí a mi automóvil y emprendí el viaje a Buenos Aires; cada vez que miraba por el espejo retrovisor veía el auto de Álvaro que venía detrás de mí custodiándome.
Después de tantos kilómetros recorridos al fin llegamos, busque la localidad donde vivía la madre de Clara, ella residía en Quilmes, cuando llegamos allí preguntando a la gente del lugar, encontré por fin el domicilio de la madre de Clara. Estacioné el auto en la puerta y descendí de él dirigiéndome hacia la casa, toqué el timbre e inmediatamente una niña se asomó por la ventana, era Jazmín; al verme abrió la puerta de entrada y me abrazó fuertemente, hacía mucho tiempo que no nos veíamos, yo la llené de besos de ternura, después salió una señora mayor.
-¿Qué deseaba usted señora?- me preguntó asombrada.
-Buenas tardes señora, permítame presentarme, soy Cristal Smith, la madrina de Jazmín.
-¡OH qué tal, al fin la conozco las niñas me hablaron mucho de usted, pero pase, pase usted!
-¡Gracias, es muy amable!- contesté.
-¿Y ese señor, viene con usted?- preguntó asombrada.
-¡Ah sí, él es mi custodia, pero se quedará esperándome en el auto!
-Está bien, pase.
-Gracias.
Cuando entré a la casa, la madre de Clara me invitó a sentarme en un sillón que se encontraba en el living, a mi lado se sentó Jazmín y frente a mí se sentó la señora.
-¿Gusta tomar algo?- preguntó.
-¿Podría ser un café si tiene?- respondí tímidamente.
-¡Claro! enseguida lo preparo y charlamos.
Cuando me quedé sola con Jazmín ésta me preguntó:
-¿No sabes cómo está mi mamá?
-No querida, hace mucho que no la veo, pero seguramente que se encuentra bien.
Noté en sus ojos una mirada triste, seguramente pobre, extrañaría mucho a su madre, como la vi en ese estado le pregunté:
-¿Celeste, no está?
-Sí, está durmiendo la siesta.
-¡Ah!, ¿y vas al colegio aquí?
-Sí.
-¿Te gusta ir a la escuela?
-Sí, tengo muchas compañeras y amigas.
-¡Mira qué bien!
Justo en ese momento apareció Celeste, al verme me saludó con mucho cariño.
-¡Cristal!- dijo dándome un gran beso.
-¡Hola Celeste, pero que grande estás, cómo han crecido niñas!
Celeste no preguntó por su madre, eso me extrañó un poco, inmediatamente llegó la madre de Clara con dos tazas de café en una muy linda bandeja.
-¡Niñas, dejen tranquila a la señora, que recién acaba de llegar de un largo viaje!- dijo la señora.
-¡OH, no molestan, yo las adoro!
-Lo sé, pero ahora niñas vayan a tomar la leche, que ya está servida en la cocina y nos dejan un rato a solas, que quisiera hablar con la señora!
-Está bien abuela- respondieron las dos.
-Cristal.- dije a la señora mirándola.
-¿Cómo?- preguntó asombrada.
-Que me llamo Cristal, puede llamarme así.
-¡Ah!, yo me llamo Liliana.
-Bien, mucho gusto Liliana.- dije sonriendo.
-¿Cómo está su esposo?
-Bien, él está muy bien.- respondí asombrada.
-¿Y mi hija cómo está?
-Pues no lo sé, hace rato que no la veo.
-Riñó con usted, ¿no?
-¿Cómo lo sabe?
-Es que conozco a mi hija a la perfección, por algo es que soy su madre.- contestó muy segura.
-Lo que sucede es que Clara...
-Que Clara se enamoró de su marido y a usted la detesta, ¿no Cristal?- interrumpió.
-¡Bueno, parece que usted sabe muchas cosas!- estaba anonadada por la seguridad con la que se dirigía cuando me hablaba.
-Mire Cristal, a veces me da no sé qué decirlo; pero Clara me avergüenza, me avergüenzan sus actitudes.
-¡Liliana, no se ponga mal!- traté de calmarla porque ya estaba al borde del llanto.
-Está bien Cristal, usted vino desde muy lejos a buscar una respuesta a todas sus dudas y yo tengo la obligación de brindarle la información que usted necesita; me imagino que mi hija la ha hecho sufrir mucho, algo me comentaron las nenas.
-Sí, en realidad si le digo que su hija no ha hecho ningún daño a mí y a mi esposo le estaría mintiendo, es por eso que vine a visitarla, pero no quisiera incomodarla.
-Al contrario, usted ha sido muy valiente en venir a verme, encantada le responderé a todas sus preguntas.
-Muchas gracias, Liliana.
La madre de Clara me parecía una señora muy amable y notaba que en verdad ella quería realmente ayudarme, pero por las dudas desconfiaba un poco, porque si vamos al caso, su hija cuando la conocí también era así, amable y servicial. No quería engañarme nuevamente así que trataba de llevar la situación con “pies de plomo”.
-Veo que le gusta mucho el café, ¿le sirvo otro?- preguntó Liliana.
-Bueno, ¿si usted también va a tomar?- respondí.
-Bien, enseguida lo preparo, así después seguimos conversando; las niñas se fueron al parque a jugar así que estaremos tranquilas por un buen rato.
Cuando volvió con el café, me dijo:
-Se hospedará aquí, ¿no?
-No sé, pensaba hospedarme en algún hotel de la zona.- contesté tímidamente.
-¡No, no lo voy a permitir, usted es mi visita y debe hospedarse aquí!
-Está bien Liliana como usted diga, le avisaré a mi custodia que me quedaré.
Al salir de la casa me topé con Jazmín.
-¿Te vas Cristal?
-¡No amor, tu abuela me invitó a quedarme!
-¡Qué alegría!- dijo y salió corriendo a comentárselo a Celeste.
Cuando llegué al auto donde se encontraba Álvaro le dije:
-Álvaro, yo me hospedaré aquí, usted puede ir a buscar algún hotel si quiere.
-Está bien señora Cristal, si me precisa me llama al celular.
-Bien, vaya tranquilo que si lo necesito lo llamaré.
Cuando se retiró Álvaro volví a entrar a la casa, allí se encontraba Liliana esperándome.
-¿Ya le avisó a su custodia, cómo es que se llama?- preguntó Liliana.
-Sí, ya le he avisado y él se llama Álvaro.
-¡Ah Álvaro, qué lindo nombre!
-Sí.- dije sonriendo.
Cuando estábamos por empezar a conversar sobre Clara, se escuchó que golpeaban la puerta de entrada, Liliana se reincorporó de su asiento y fue a atender; yo la perdí de vista por un instante, luego escuché una voz femenina que la saludó llamándola mamá. También escuché a Jazmín y a Celeste que la saludaban alegremente, sentía curiosidad por saber quién sería la persona que había llegado, no tardé mucho en descubrir que esa persona era la hermana de Clara, cuando me vio me saludó muy afectuosamente.
-¡Buenas tardes, yo soy Sofía la hermana de Clara!- dijo dándome un beso.
-Buenas tardes, yo soy la madrina de Jazmín, mi nombre es Cristal.
-Encantada Cristal, ¿vino a visitarnos?- preguntó.
-Sí, tenía muchos deseos de conocer a la familia de Clara y de paso ver a las nenas.
-Pues entonces haga de cuenta que se encuentra como en su casa.
-¡Gracias!
-¿Mamá por qué no preparas unos mates, usted toma mate?- preguntó.
-Sí, si ustedes toman, no quisiera incomodarlas.- respondí tímidamente.
-No incomodas Cristal.- dijo Sofía
Mientras Liliana había ido a preparar el mate, Sofía se sentó frente a mí, su nombre rememoró en mi mente muy gratos recuerdos de mi amiga del alma.
-Dime Cristal, ¿mi hermana cómo está?
-Pues no lo sé, hace mucho tiempo que no la veo.
-¿Te ha invitado mi madre a quedarte en casa?
-Sí, fue muy amable de su parte.
-¿Por cuánto tiempo te quedarás?
-El fin de semana nada más, debo volver pronto porque mi esposo me necesita.
-¡Ah es cierto que estás casada!, ¿cómo se llama tu esposo?
-William.
-¡Qué lindo nombre!, Clara lo conoce ¿no?- preguntó como queriendo darme una pista de lo que sabía sobre su hermana.
-Sí, lo conoce.- sólo le contesté.
Justo en aquel momento llegó Liliana con el mate.
-¿Se encuentra a gusto Cristal?- preguntó Liliana.
-¡Sí, muy a gusto!- contesté.
-¡Mamá, está riquísimo el mate!- dijo Sofía a su madre.
-Gracias hija.
-Yo tenía una amiga que se llamaba como tú.
-¿En serio?- preguntó Sofía.
-Sí, ella era única, era tan angelical, más que una amiga era una hermana para mí.- dije con pena.
-¿Y qué le sucedió?- preguntó Liliana.
-Falleció, cayó desde un precipicio que está cerca de una cascada en el balneario La Toma, en Córdoba.
-¡Ay pobre!- dijeron ambas.
-Dicen que fue un accidente, Clara dijo que ella se suicidó.
-¿Y Clara cómo sabe eso?- preguntó Sofía.
-Es que ella estaba con Sofía cuando ella cayó, Clara nos llamó gritando, cuando llegamos William quiso reanimar a Sofía pero ella ya había fallecido.
Cuando dije que Clara estaba cerca de Sofía ese día, ambas se miraron, creo que ellas sabían algo que yo estaba ignorando.
Sonó mi celular, atendí y era William, él me llamaba porque estaba muy preocupado por no tener noticias de mí.
-¡Hola William!, ¿cómo estás amor?- saludé.
-¡Cristal, estaba muy preocupado porque no me llamaste!, ¿dónde te encuentras?- en realidad se le notaba en su voz que él estaba muy preocupado.
-Hará más o menos una hora, estoy en la casa de la madre de Clara, con Sofía, su hermana y Liliana, la mamá.
-¿Estás bien cariño, te recibieron bien allí?- preguntó asombrado.
-Sí William, ellas son maravillosas, me invitaron a hospedarme en su casa y aquí me están diciendo que te mandan muchos saludos.
-Dile que muchas gracias, que algún día nos conoceremos, ¿Álvaro está contigo?
-No, Álvaro se fue a hospedar en un hotel.
-¿Te ha dejado sola?
-No estoy sola William, estoy con Liliana y con Sofía, que me están atendiendo muy amablemente; le dije a Álvaro que se retirara, total cualquier cosa lo llamaría a su celular.
-Está bien, pero cuídate amor, no confíes mucho en ellas, no te olvides que son la familia de Clara.
-Te entiendo cariño.
-Bueno, más tarde te llamo nuevamente, ¿sí?- preguntó William.
-Llámame cuando quieras, te amo cariño.
-Adiós mi princesa y cuídate.
-Adiós cariño, tú también cuídate, ¡ah William!
-¿Sí?
-¿Podrías ir a ver a mi mamá?, seguramente ella está muy preocupada por mí, dile que estoy bien y que la quiero mucho.
-Se lo diré cariño, te amo.
-Te amo William.
Cuando terminé de hablar con William, retomé la conversación con Liliana y con Sofía.
-¡Ay, William es tan melodramático, siempre está pendiente de mí!- dije.
-¡Qué lindo, ojalá yo consiguiera algún día un hombre así!- dijo Sofía.
-Seguramente lo conseguirás.- contesté.
-Dime Cristal, ¿cómo lo has conocido?- me preguntó Liliana.
Le comente como había conocido a William, ellas estaban maravilladas con mi relato. Cuando llegó la noche, después de cenar, invité a Sofía a dar una vuelta en mi auto, ella aceptó mi propuesta; necesitaba hablar con ella sobre Clara, contarle imperiosamente todo lo que me había hecho y de lo que me había enterado de ella.
Fin del capítulo XVII
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| Mar Abr 29, 2008 11:58 pm |
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Brisa Marina

Registrado: 11 Abr 2008
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Capitulo XVIII
Fuimos a un lugar muy lindo y elegante a tomar un café, allí traté de hablar con Sofía sobre Clara.
-Mira Sofía, perdona que Clara sea tu hermana pero me parece que ella no está bien psicológicamente.- dije en una forma dura y tajante.
-Cristal, no tengo nada que perdonarte, Clara en realidad nunca se llevó bien conmigo; durante el tiempo que ella estuvo aquí vivimos siempre riñendo, siempre me peleaba, a veces mi mamá tenía que intervenir para separarnos.
-¡Qué barbaridad!- dije.
-Sí, la verdad Clara de chica era una niña muy agresiva, muy hiriente en sus palabras, no soportaba que la contradigan; te cuento que una vez en una de las tantas peleas que tuvo conmigo, porque a ella le apasiona verte mal, le encanta ver que tu autoestima esté por el piso, se queda bien si lo logra...
-¡Qué bárbaro!- interrumpí.
-¡Viste! Cuando éramos adolescentes, una vez nos invitaron un grupo de chicos de nuestra edad a ir a bailar; cuando Clara se enteró que yo estaba invitada también, dijo que: “Si la gorda esta va, yo no voy a ningún lado”. Esa situación me puso muy mal, sentí una impotencia en aquel momento que le dije “de todo menos linda”, como dice el dicho popular, ella también me dijo de todo, de sus palabras salen veneno, es una persona que lo destila, cuando discute con alguien...
-¡Sí, a mi también me sucedió haberla escuchado decir cada cosas!- interrumpí otra vez.
-¡Viste cómo es!, bueno te sigo contando, en medio de la discusión, ella empezó a pegarme patadas, porque Clara cuando te ataca lo hace de esa manera y yo no iba a permitirlo, tú no sabes el dolor de esas pateaduras que ella me daba, entonces yo también le comencé a pegar piñas, me estaba defendiendo ¿no?
-¡Obviamente!, ¿y qué pasó?- pregunté atenta a su relato.
-Y pasó que en un momento de la riña ella tomó una tijera y me la clavó en el brazo.
-¡Ay no, no lo puedo creer!
-Pues créelo, mira, todavía tengo en el brazo la cicatriz que me dejó.- dijo mientras se subía la manga del suéter del brazo derecho.
-¡Qué bárbaro, cómo te dejó!
-Sí, esta cicatriz cada vez que la veo me hace recordar siempre lo que odio a mi hermana. Cuando sucedió eso pegué un grito desgarrador, mi papá que por entonces estaba vivo, vino a ver lo que estaba sucediendo y se quedó pasmado al verme herida, llamó dando un grito a mi mamá y me llevaron urgentemente al hospital.
-¿Y Clara no se arrepintió de lo que te hizo?
-¡Qué se va a arrepentir!, ella me miraba riéndose, parecía que sentía placer de verme así.
-¡Qué peligrosa es!
-Y desde ese día mi mamá la llevó a un montón de sicólogos, estuvo internada en varios nosocomios porque cada vez estaba empeorando aún más.
-¡Qué bárbaro, es increíble!
Después de haberme enterado de lo que había sido capaz de hacer Clara, le pedí a Sofía que si podríamos ir a su casa porque en realidad estaba muy cansada, había sido un día muy agotador para mí. Cuando llegamos, Sofía me cedió su habitación para que yo pudiera dormir relajada, ese gesto lo agradecí de corazón, estaba muy exhausta con el largo viaje, estaba realmente agotada.
Al día siguiente después de desayunar, me dispuse a prepararme para salir, en ese momento golpearon la puerta del cuarto.
-¿Sí?- pregunté al escuchar que llamaban.
-Soy Liliana, ¿puedo pasar?
-¡Pasé, cómo no va a poder pasar si esta es su casa!
-No quería incomodarte.
-No me incomoda para nada Liliana.
-¿Vas a salir?
-Sí, pienso ir al cementerio.
-¿Al cementerio?- preguntó con asombro.
-Sí, quiero ir al cementerio a ver a mi papá, desde que me radiqué en Córdoba que no lo he podido hacer.
-¡Ah claro, te comprendo, pon en su tumba una flor en mi nombre!
-¡Gracias Liliana!
Antes de ir al cementerio, llamé a Álvaro para que me acompañe. A partir de ese momento, su presencia no se hizo notar, pero él estaba siempre junto a mí.
Cuando ya me encontraba en el cementerio, mientras estaba depositando un gran ramo de flores en la tumba de mi padre, de repente alguien toco mi hombro izquierdo, al darme vuelta para ver quién era, me llevé una gran sorpresa.
-¡Amparo, qué susto que me ha dado!- dije asombrada al verla.
-¡Niña, ni que hubieras visto un fantasma!
-¡Ay, lo que sucede es que estaba tan distraída, en realidad me asustó mucho!
-Niña, hay que tenerle miedo a los vivos y no a los muertos.- dijo dulcemente.
-¿Qué es lo que está haciendo usted aquí?
-¡Qué asombro noto en tu pregunta, niña!
-¡Es que me asustó, me asustó demasiado!
-¡Niña, me parece que estás un poco sugestionada!
-Usted ¿me ha estado siguiendo?
-¡No, que va!
-Es que usted siempre aparece y desaparece en mi vida como por arte de magia.
-No me tengas miedo Cristal.
-No, no le temo, lo que sucede es me extraña verla acá en Buenos Aires.
-Lo que ocurre es que vine a ver a una hermana que tengo aquí y como te vi pasar cerca de mí, pensé en saludarte, ya que hace tanto tiempo que no te veo.
-¡Ah!, yo también tenía muchos deseos de verla, quería contarle que usted tenía mucha razón en todo lo que me ha dicho de Clara.
Le comenté lo que había investigado Sofía por medio de su amigo de la INTERPOL de Buenos Aires.
-¡Pero si te he dicho mil veces que ella es el vivo demonio y no quisiste escucharme, eres tan terca niña!
-¡No me rete Amparo, usted tiene mucha razón, pero no me rete!
-Está bien, ¿la has vuelto a ver?
-No, desde que la eché de mi casa y de mi vida, no nos ha molestado más, ahora vivimos un poco mejor.
-Por un tiempo.
-¿Cómo por un tiempo’
-Pues, ¿te acuerdas cuando te dije que el destino se puede torcer?
-Sí, recuerdo que fue hace muchos años atrás.
-Bueno, este es tu destino, en él estaba escrito lo que te iba a pasar y en ti está el poder torcerlo, porque todavía no ha pasado todo.
-¡Me está asustando Amparo!- dije con temor.
-No te asustes, tú eres demasiado leona para poder defender lo que te pertenece.
-No la comprendo.
-Con el tiempo vas a poder comprender, ¿llevas siempre contigo la Virgen de la Macarena?
-Mire.- dije mostrándosela.
-Bien, al fin me has hecho caso en algo, dime ¿qué estás haciendo en esta provincia tan lejos de tu hogar?
Le comenté para qué había viajado de tan lejos y ella me dijo:
-Cristal, parecen buenas personas ¿no?
-Puede ser, pero yo ya no confío más en nadie.
-No niña, haces mal, debes seguir confiando en la gente, ellas son muy buenas personas y quieren ayudarte.
-¿Usted cómo lo sabe?
-Pues puedo percibirlo, soy vidente ¿o te olvidadas?
-Las videncias a veces fallan.
-¿Por qué lo dices?
-Pues aun no sabe quién asesinó a Sofía.
-Tal vez tengas razón, pero de esta gente estoy segura de que son buenas personas.
-Si usted lo dice.
-Dime Cristal, ¿aquí está tu padre?
-Sí.
-Lo amabas, ¿verdad?
-Era el mejor padre del mundo.
-Seguramente él te estará protegiendo desde el cielo.
-Capaz.
-¡Seguro niña!
-¡Ay qué tarde se me hizo!- dije mirando el reloj- ¿quiere venir conmigo?
-¡OH me encantaría!, pero me está esperando mi hermana para almorzar.
-Bueno, entonces adiós Amparo.- dije abrazándola fuertemente.
-¡Adiós niña, cuídate!
-Sí, y usted también.
Antes de retirarme me persigné en la tumba de mi padre y me encaminé hacia el auto, cuando entré en él, tomé el celular para llamar a William y ponerlo al tanto de las noticias que iban sucediendo.
Cuando regresé a la casa de Liliana, ella me preguntó:
-¿Cómo te ha ido Cristal?
-Bien Liliana, muy bien.
-Cristal, tú has viajado tanto para encontrar algunas respuestas a tantas dudas sobre mi hija Clara, ¿no?
-En realidad ese fue uno de mis motivos.
-Pues yo voy a tratar de aclararte un poco el panorama, espera que ahora vuelvo.
Se retiró y cuando volvió vino con un álbum de fotos en su mano.
-Mira te mostraré unas fotos de Clara cuando era una niña.
En las fotografías a Clara se la notaba que era una niña normal, no notaba nada extraño en las fotos.
-Perdón Liliana, pero no comprendo lo que me quiere demostrar con estas fotografías.
-Es que no las has visto con atención, en ellas Clara se la ve con uniforme de colegio religioso...
-Tiene razón.- interrumpí.
-Bueno, pues Clara era una niña normal hasta que entró en ese colegio a estudiar; allí comenzó a tener un delirio místico, comenzaba a decir que Dios le hablaba, que le decía lo que tenía que hacer, el colegio no tuvo nada que ver en lo que le sucedió, por favor, solamente ella se enfermó. A partir de allí la vida de todos nosotros fue un calvario, se había vuelto agresiva y rebelde, todos la incomodábamos, tuvimos más de una vez que internarla en hospitales neurosiquiátricos, pero no se podía encontrar la cura a su mal.
-¡Qué bárbaro lo que pasaron con ella!
-La verdad que hemos pasado de todo, hasta que cuando quedó embarazada de Celeste, parecía que un milagro la había curado. Clara estaba más alegre, más contenta, quería casarse con Lorenzo, su novio; cuando faltaba poco para que Celeste naciera, ella comenzó a cambiar de nuevo, ya no quería casarse y no sólo eso sino que había elegido entregar a su hija en adopción, si no fuera por nosotros que la convencimos de que no lo hiciera, quién sabe dónde estaría Celeste en este momento.
-¡No puedo creer lo que me está comentando Liliana!
-Pues lamentablemente es la verdad, después del nacimiento de Celeste, Clara parecía que había vuelto a mejorar, ya no estaba más junto a Lorenzo, había decidido viajar a otra provincia por cuestiones de trabajo; allí conoció a un matrimonio sin hijos que la estimaban mucho, Clara me llamaba por teléfono asiduamente para interiorizarse de Celeste que se había quedado conmigo. ¡Ay Cristal, no sé lo que habrá hecho Clara en aquella provincia porque cierto día regresó con el rostro desencajado!, le preguntamos qué es lo que le había sucedido, pero ella no nos respondía, se había encerrado en un hermetismo tal que no dejaba que saliera ni una sola palabra de su boca. Después de un tiempo quedó embarazada de Jazmín, a ella sí la aceptó desde el principio, desde que se enteró que estaba embarazada, la amaba y había vuelto a vivir junto a su marido, con él estuvo más o menos tres años; pero Clara no podía con su genio, lo peleaba mucho, ella es muy calculadora, ambiciosa, fría, a veces me sorprende de que sea mi hija, pero tengo que aceptarla igual.
-¡Claro es su hija, sea como fuere ella es su hija!, ¿y qué sucedió después?
-Después se separó nuevamente, yo creo que Clara a Lorenzo nunca lo amó, sólo lo utilizaba para no estar sola, para que le brindara el bienestar económico que ella necesitaba, pues a pesar que nosotros le dábamos todo, ella siempre estaba disconforme; Lorenzo en cambio la ama, la ama con locura, pero a las nenas las rechaza, más de una vez Clara tuvo que ser madre y padre de las niñas.
-Y sí, a veces cuando el padre no cumple con su rol, la madre tiene que hacer de padre y madre a la vez. Además por lo que he notado, Clara siempre tuvo de punta en blanco a las niñas.
-¡Eso sí, ella es muy buena madre ahora!- dijo Liliana,
-Bueno, ¿y qué sucedió después?
-Sucedió que un buen día ella se marchó, se marchó lejos de aquí, dejó a sus hijas a mi cargo, pues ella me dijo que se iba a trabajar a otra provincia; allí también conoció a otro matrimonio sin hijos que la querían mucho, al año volvió nuevamente como la primera vez con el rostro desencajado, agresiva, violenta, hasta tuvimos que internarla en un nosocomio de La Plata, exactamente el Melchor Romero, ¡yo no sé por qué mi hija es así, por Dios!
-Mire Liliana, en parte lo que usted me está contando ya lo sabía.
-¿Cómo que lo sabes?
Le comenté del e-mail que había recibido Sofía, de toda la información que contenía ese e-mail, Liliana lamentablemente no lo podía creer; su hija era una asesina en serie, la policía la estaba buscando imperiosamente, no podía creer que su hija haya sido capaz de haber llegado tan lejos, inmediatamente me llevó con ella al cuarto de Clara, al entrar allí me mostró fotografías de ella, al verlas me sentí muy mal pues algunas de ellas eran las que había visto en el e-mail. Liliana se encontraba tan indignada con su hija, odiaba su proceder, me dijo que no la perdonaría nunca, y que si supiera dónde estaba su hija ella misma la entregaría a la policía, no entraba en sus conceptos los hechos atroces que había realizado.
Al día siguiente me preparé para empacar mis cosas, en realidad mi viaje no había resultado en vano, me hubiera encantado haberme quedado un tiempo más, pues la familia de Clara era muy hospitalaria; con ellas me sentía muy bien, pero extrañaba a mi marido, mis cosas, mis mascotas, mi vida, en Córdoba había dejado mi verdadera vida y ya era tiempo de recuperarla.
La despedida fue muy conmovedora, le prometí a Liliana y a Sofía llamarlas por teléfono para tenerlas al tanto de Clara, en mi corazón me llevé guardado como grato recuerdo a dos grandes personas, muy humanas, muy sencillas.
Emprendí el viaje de vuelta a mi hogar, iba siempre acompañada por mi fiel custodia Álvaro, al llegar a mi casa después de recorrer tantos kilómetros, William me recibió con mucha alegría.
-¡Cristal!
-¡William!
-¡Amor cómo te extrañé!- dijo William besándome.
-¡Yo también te extrañé cariño!
-¿Cómo te ha ido, has tenido un buen viaje?
-Sí cariño, estoy un poco exhausta, pero bien, me ha ido bien.
-Voy a preparar café así después me cuentas todo.
-¡Gracias William!
Cuando William ya había preparado el café se sentó a mi lado, comencé a contarle lo que me había enterado sobre Clara en Buenos Aires; traté de contarle todo con lujo de detalles, pero mi cansancio era tal que sin darme cuenta me quedé dormida. William se percató de mi silencio, me tomó entre sus brazos y me llevó hacia el cuarto para que descansara mejor, me tapó con una cobija y se retiró.
Al otro día cuando estábamos desayunando le seguí comentando lo sucedido en Buenos Aires, William me miraba con cara de asombro cuando escuchaba cada una de mis palabras.
Fin del Capitulo XVIII
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| Mie Abr 30, 2008 12:04 am |
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albaespi

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 aiiich
toii inpacientee!
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| Mie Abr 30, 2008 4:23 pm |
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Brisa Marina

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| Mie Abr 30, 2008 8:10 pm |
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Brisa Marina

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Capitulo XIX
Desde el día que había regresado de mi viaje a Buenos Aires, mi vida siguió su curso normal, había recuperado mi existencia junto a mis seres queridos.
Una vez, cuando me encontraba caminando por el centro del pueblo, siempre custodiada por Joaquín que me seguía con su auto, escuché una voz masculina que me llamaba.
-¡Cristal!
-¿Sí?- dije dándome vuelta para ver quién me estaba llamando.
-¡Hola, soy Dini, el amigo de Sofía!- respondió.
-¡Ah, usted es Dini, encantada!, ¿cómo me reconoció?
-Es que Sofía me había mandado una foto suya, cuando me pidió la información de Clara Salguero, ¿alcanzó a leerla usted?
-¡Sí, y quedé impactada!
-¡Pobre Sofía la estimaba mucho, lamento tanto lo que le pasó!
En ese momento Joaquín descendió del auto y se dirigió hacia donde me encontraba.
-Señora, ¿la están molestando?- preguntó mirando a Dini.
-¡OH no Joaquín, el es un conocido de una gran amiga mía!
-Bueno, entonces los dejaré solos.
Joaquín se dirigió nuevamente a su auto.
-Dini, ¿usted tiene mucha prisa ahora?
-No Cristal, ¿por qué me lo pregunta?
-Porque me gustaría que me acompañara a mi casa para que conversemos mejor, allí se encuentra mi esposo William.
-¡Cómo no, la acompaño!
Subimos al auto de Joaquín y nos fuimos a mi casa, al llegar William nos hizo pasar muy amablemente.
-¡Yo no puedo creer lo que vi de Clara!- le dijo William a Dini.
-Es que esa mujer es muy peligrosa, hizo muy bien usted en contratar custodios.
-Pero, ¿cómo es que todavía no la pudieron arrestar?- pregunté.
-Es que ella es muy hábil, se escabulle fácilmente, cambia su fisonomía cada vez que comienza una nueva vida en otra provincia.
-¿Y qué más sabe de ella?- preguntó William.
-Bueno a parte de la información que le envié a Sofía, le puedo decir que ella está mentalmente muy enferma; sufre de delirios sicóticos, estuvo varias veces internada en nosocomios psiquiátricos debido a su esquizofrenia, también tiene trastornos de identidad, tiene doble personalidad, es un arma de doble filo.
-¡OH William, creo que estamos metidos en un grave problema!- dije con estupor.
-Sólo deben tener mucho cuidado, la táctica de ella es la de hacerse pasar por una mujer abandonada, que se encuentra sola; lo raro de este caso, es que esta vez ella tiene a las nenas a su cargo, pues el Juez de menores le quitó la patria potestad de las menores.
Ella se presenta siempre como una mujer que necesita ayuda a nivel afectivo, le interesan las parejas que no tienen hijos, primero se compra su amistad y después en su delirio fantasea que el individuo masculino del matrimonio se enamora de ella, y se termina enamorando y obsesionando perdidamente de él, si sus deseos no son cumplidos comienza a asesinar, pues ella no permite que la rechacen; en verdad es una psicópata y asesina serial.- dijo Dini.
-¡Has visto William que yo tenía razón, cuando te decía que ella está enamorada de ti y obsesionada por ti!- dije
-Sí cariño, tenías mucha razón.- dijo William muy apesadumbrado.
-¡Además, él me está confirmando lo que me enteré en la casa de la madre de ella!
-¿Qué, usted estuvo en la casa de la madre de Clara?- preguntó Dini.
-Sí, hace poco que regresé del viaje que realicé a Buenos Aires.
-¿Y cómo le fue allí?
-Bien, me fue muy bien, la madre y la hermana de Clara son excelentes personas, nada que ver con la hija, me contaron lo mismo que usted nos está diciendo.
-¡Qué valiente Cristal!- se sorprendió Dini.
-No creo que sea valiente, sólo viajé para saber algo más sobre la vida de Clara, aunque lo que más me asombró fue lo que me dijo Liliana, su mamá, en un momento de su relato.
-¿Qué es lo que la asombró?
-En un momento me dijo que si ella supiera dónde se encontraba su hija, ella misma la entregaría a la policía; creo que debería haber quedado muy dolorida cuando se enteró de que su hija es una asesina y que la busca intensamente la policía.
-Seguramente amor, cualquier madre muy a pesar de sí, tiene principios y haría lo mismo que ella.- dijo William.
-Su esposo tiene mucha razón Cristal.- dijo Dini.
-¡Y sí, en realidad, a pesar de todos los atroces actos que tuvo Clara en su vida, yo le tengo mucha pena!
-¡Qué buen corazón tiene usted!- dijo Dini.
William en aquel momento se sintió orgulloso de mí.
-Bueno, pero ahora deben estar atentos, yo reportaré todo a la INTERPOL de Bs. As., por ahora es mejor disimular que ya saben lo que les dije y de lo que se enteró Cristal en Buenos Aires, nosotros nos comunicaremos con la policía de aquí, ¿ella todavía los frecuenta?- preguntó Dini.
-No, desde que yo la eché de casa no la he vuelto a ver más, tal vez aún esté viviendo aquí.- contesté.
-Por las dudas cuídense, ahora debo partir, tengo un vuelo para Bs. As. dentro de una hora y necesito empacar mis cosas; sólo vine aquí para avisarles de lo que es capaz de hacer esa mujer.
-¡Gracias Dini, te lo agradecemos, te acompaño hasta la puerta!- dijo William
-Cristal, cuídese, Sofía la quería mucho, la admiraba, usted era todo para ella y creo que no se equivocó, usted es una gran persona.- dijo despidiéndose.
-¡Gracias Dini, que tenga un buen viaje!
Habría pasado más o menos tres o cuatro meses de la importante conversación que habíamos entablado con el amigo de mi entrañable Sofía. Nuestra vida continuó cada vez más armoniosa, desde que Clara había desaparecido totalmente de nuestras vidas la paz había regresado a nuestro hogar. William continuaba trabajando en su empresa, mi madre se encontraba mucho mejor, aunque el recuerdo de mi padre siempre estaba grabado en su mente.
Siempre me he preguntado si tal vez William y yo algún día llegaremos a cumplir los mismos años de matrimonio que había tenido mi madre con mi padre, exactamente cuarenta y dos años eran los que llevaban de casados cuando mi padre falleció, seguramente sí, eso es lo que pensaba pues nuestro amor es muy parecido al amor que se tenían mis padres. Durante todos estos años de estar juntos William y yo hemos pasado por muchos momentos, algunos buenos, otros malos, pero a pesar de todo lo que se podía rescatar, era que siempre estábamos juntos y unidos, en las buenas y en las malas, luchándola, peleándola, siempre juntos. Pero la prueba mayor de nuestro amor todavía no había ocurrido...
Cierta vez comencé a sentirme extraña, rara, William comenzaba a darse cuenta de mi cambio, notaba que estaba muy asustada por todo, me había vuelto hipersensible, lloraba y no sabía por qué lo hacía; cuando William me preguntaba qué me sucedía para estar de ese modo, yo no sabía qué responderle; sólo lloraba, lloraba amargamente, sentía mi corazón detenerse, me parecía morir, la agonía de mi llanto estremecía a William que no sabía cómo reaccionar al verme así. Había comenzado a tener algunos síntomas que jamás había tenido, fobias, muchas fobias, fobia al agua, a la oscuridad, a la gente, ya no salía más sola de mi casa si no era acompañada por alguien de confianza de mi entorno; si no me llevaba alguien en auto si tenía que salir, no iba a ningún lado y ni que decir de la gente, cuando me encontraba en algún lugar donde había muchas personas sentía que mi corazón se paralizaba, que mis piernas temblaban, sentía que las personas me quitaban el aire, que no me dejaban respirar, comenzaba a transpirar mientras la taquicardia iba avanzando a un ritmo vertiginoso.
William ya no podía más conmigo en ese estado, él no podía ir a trabajar porque debía quedarse en casa para cuidarme, pues no quería estar sola en ningún momento; mi madre ignoraba lo que me sucedía, porque le había pedido a William que no le comentara nada de mi situación, porque al ser una persona anciana tenía miedo de que ella se enfermara también.
Un día William no soportó más mi estado y me llevó al médico, él sufría horrores al verme así, quería imperiosamente que me curara.
Cuando llegamos al consultorio, el médico que me atendió, diagnosticó que yo estaba padeciendo una gran depresión, todos mis síntomas eran propios de esa enfermedad, me recetó unos medicamentos antidepresivos y cada semana debía volver para ver si iba progresando en la cura de la enfermedad.
El tiempo desde aquel día fue pasando y con él mi depresión iba desapareciendo, ya podía salir a la calle sin necesidad de que me acompañaran o que me llevaran en auto, había comenzado nuevamente a manejar, se notaba una gran mejoría en mi cuerpo y mente.
Cuando todo hacía parecer que mi vida ya estaba encausada nuevamente, comencé de nuevo a sentir los mismos síntomas de antes y también otros muy diferentes a los que antes me agobiaban; en este caso sentía la necesidad de no vivir más, a mi vida no le encontraba ningún sentido, la veía de color negro, me sentía abatida, sin ganas de nada, vivía postrada en la cama, ya no tenía las fuerzas suficientes para enfrentar el diario transitar de la vida misma. William en ningún momento se apartó de mi lado, me sentía con culpa porque él no pudiera llevar la vida de antes. Salía muy poco, sólo lo necesario para hacer algunos trámites o para arreglar algo en su empresa. Yo que había sido toda mi vida tan coqueta y elegante, ahora me había convertido en una piltrafa que andaba todo el día en camisón, que no quería bañarse, que no quería vivir.
Un día pensé en tomar el camino más fácil para solucionar mi problema, de ese modo William se encontraría mucho mejor, pues si mi enfermedad se agravaba él sufriría mucho por mí, perdiendo los mejores años de su vida.
Entonces me decidí, fui al escritorio, encendí la computadora y comencé a escribir en ella todo el dolor que sentía al verme nuevamente enferma y sin salida, pues los medicamentos ya no surtían efecto en mí, no quería permanecer más en ese estado; en esa carta que estaba escribiendo le comunicaba a William que ya no quería ser más un estorbo para él, que lo amaba demasiado para que él siguiera a mi lado sufriendo, no quería ser egoísta, él todavía es joven y podría conocer a otra mujer sana y no enferma como yo, terminé la carta con un: “TE AMO, NO ME OLVIDES- CRISTAL”.
Luego dejé la computadora encendida y me dirigí al parque a ver a mis mascotas, las acaricié, me despedí de ellas y comencé a recorrer cada rincón de mi casa; cuando salí a la puerta de entrada me encontré con Álvaro, él al verme me sonrió y yo le devolví la sonrisa con otra, luego entré nuevamente, me dirigí muy despaciosamente a la piscina, ésta estaba llena de agua hasta el borde, me paré frente a ella, miré la tranquila agua, di un suspiro interminable y me arrojé a ella; no sabía nadar así que me comencé a sumergirme de a poco hacia el fondo de la piscina, no estaba arrepentida de la decisión que había tomado, pero creo que a Dios no le gusta que la gente tome decisiones por Él. Él tiene bien planificada la vida de cada ser que existe sobre la Tierra, sólo Él tiene el poder para decidir cómo, cuándo, a qué hora y qué día uno va a dejar su vida en este mundo. Lo creo así porque cuando ya estaba llegando al fondo de la piscina, cuando el agua ya estaba tapando mis pulmones, cuando ya no podía respirar, sólo algunas burbujas salían de mi boca, cuando todo eso me estaba sucediendo, alguien o algo me tomó de los brazos con fuerza y me fue llevando hacia arriba, luego me depositó en el borde de la piscina y comenzó a hacerme técnicas de reanimación; todavía tenía pulso aunque muy leve, de pronto pude reaccionar, abrí mis ojos y comenzó a salir de mi boca una gran cantidad de agua, estaba exhausta cuando pude escuchar una voz masculina que me resultaba muy familiar, como había perdido la noción de lo que me estaba sucediendo pensé que esa voz era la de mi padre que me venía a recibir en el cielo, pero estaba equivocada, la voz que escuchaba era la de William que estaba desesperado llamando a Joaquín y a Álvaro para que llamaran a una ambulancia.
Cuando ésta llegó me llevaron al hospital, allí me hicieron innumerables estudios y quedé en observación un día. Cuando ya me encontraba en la habitación que me habían asignado en el hospital, William pudo entrar a verme.
-¡Cristal amor, cómo pudiste hacerme esto!
-Disculpa cariño, no quería que sufrieras más por mí.
-¿Y te parece que quitándote la vida voy a sentirme mejor?
-Tal vez mejor no, pero más aliviado...
-¿Aliviado dices?, mira Cristal si tú te morías en esa piscina yo me moría contigo.- interrumpió.
-¡No amor!- dije llorando.
-Te digo la verdad, mi vida no tiene ningún sentido sin ti, hemos salido de muchas cosas peores y también podremos salir de esta.
-Sí, puede ser pero estoy muy enferma William.
-¡Y te curarás, serás nuevamente la Cristal de antes, vas a ver!
William es un gran hombre, un hombre muy humano, siempre supe que él me amaba pero nunca había imaginado que me amaba tanto.
Fin del capítulo XIX
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| Mie Abr 30, 2008 9:22 pm |
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Brisa Marina

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Capitulo XX
A mi regreso del hospital, comencé de a poco a notar una leve mejoría en mi enfermedad, pero a pesar de todo, unos fuertes dolores de cabeza me estaban agobiando, los dolores cada vez se iban intensificando más, ya no los soportaba, debía permanecer gran parte del día con los ojos cerrados porque la luz, tanto solar como artificial me producía unas migrañas terribles. El pobre de William siempre estaba a mi lado como el mejor enfermero, mi madre asiduamente me venía a ver, ella sufría al verme así, su hija ya no era la misma de antes, ahora había enfermado y eso la tenía muy triste.
Una vez cuando mi madre estaba cuidándome porque William había tenido que salir a hacer unos trámites para su empresa, mientras estábamos en la cocina conversando y tomando mate, yo dirigí mi mirada hacia una de las paredes de la cocina y le dije a mi madre:
-¡Mamá, hay algo extraño en la pared!
-¿Dónde?- preguntó asombrada.
-Allí en la pared, ¿lo puedes ver?- contesté señalando con mi dedo índice la pared de referencia.
-¡Yo no veo nada!- contestó mirando el muro.
-¿Pero cómo que no puedes ver nada mamá?, es tan nítido.- me desesperé.
-Pues te digo que no veo nada, ¿qué es lo que estás notando tú hija?
-¡Veo una especie, una criatura rara o sea un monstruo, un monstruo horrendo!- contesté nerviosa.
Mi madre se reincorporó de su asiento y se dirigió hacia el lugar que le había señalado anteriormente, miró bien la pared y volvió a decirme:
-¡Cristal hija, aquí no hay nada, yo no veo nada!
-¡Pero si está a tu lado!, ¿no lo ves madre?- me desesperaba aun más.
Mi madre se dio vuelta para mirarme, le dio la espalda a la pared y volvió a decirme que ella no podía ver nada, mientras movía sus brazos en señal de que nada podía palpar, que allí no había nada, solamente una simple pared pintada de blanco.
-¡Madre, esa cosa salió de la pared, está detrás de ti, te quiere agarrar, madre por Dios córrete de ahí!- dije con desesperación.
-¿Quién me quiere agarrar?, ¡a ver, a ver!- preguntaba mientras movía sus brazos tratando de tocar aquella criatura horrenda a la que me refería.
-¡Madre, está muy cerca de ti, en serio córrete o te hará daño!
-¿Dónde está ahora hija?
-Ya se fue madre, se esfumó, ya no está más aquí, creo que me estoy volviendo loca, mamá.
-¡No hija, no digas eso por favor!- dijo apenada.
-Es que estaba viendo algo que tú no podías ver.
-Dime, ¿cómo era esa criatura que estabas observando?
-Era una especie, un monstruo horrendo, era peludo, su rostro no se lo podía ver, en sus manos tenía unas garras enormes, era de color marrón oscuro y gruñía con rabia; su gruñido fue el que más me asustó, además, te quería agarrar con sus garras filosas.
-¡Yo no pude ver ni oír nada hija, lo siento tanto!
-No importa mamá, ya se fue y espero que no vuelva nunca más.- contesté con un dejo de tristeza.
-Bueno, mejor será olvidar lo que has visto, ¿quieres recostarte un rato hasta que regrese William?- preguntó dulcemente.
-Bueno, será mejor que descanse un poco, pues ya me están empezando a atacar de nuevo las migrañas.
Mi madre me acompañó hacia el cuarto y se quedó a mi lado velando mi sueño, pues ni bien apoyé la cabeza sobre la almohada me quedé dormida.
Me despertó la voz de William que ya había regresado y estaba conversando con mi mamá, ella lo había puesto al tanto de todo, me levanté de la cama y me dirigí hacia el living donde estaba William y mi madre.
-¿Amor, te has despertado?- me preguntó William besándome.
-Sí.- sólo contesté.
-Me comentó tu madre de lo te sucedió.
-¡Sí, fue horrible y lo peor de todo es que yo solamente, lo he visto!
-Te comprendo, si te sientes mal Cristal.
-¡Tú siempre compasivo comprendiendo todo!- dije con ira.
-Pero ¿por qué me hablas así?- preguntó asombrado.
-¿Por qué me hablas así?- repetí lo que había dicho en tono de burla.
-¡Cristal cómo le hablas así a tu marido!- se asombró mi madre.
-¡Mi marido, mi marido mamá, este hombre que ves acá, es que el no me dejó morir como yo quería!- estaba enfurecida.
-¡Cristal en verdad no te conozco, eres otra persona!- dijo con pena William.
-Pues si tú no te hubieras entrometido aquel día que quise suicidarme, tal vez en este momento no estarías pasando este mal trago.
-¡Cristal reacciona, te amo!- casi lloraba.
-¡Tú no me amas, eres egoísta, quieres que me quede en este mundo para seguir sufriendo!
Comencé a llorar, lloraba desesperadamente, a pesar de todas las cosas feas que le estaba diciendo a William, él me abrazó fuertemente, aquel abrazo me hizo llorar aun más, porque no quería atacarlo como lo había atacado; ya no entendía lo que me estaba sucediendo, mi enfermedad se había agravado mucho más de lo que pensaba.
Durante los días siguientes continué teniendo la misma alucinación, seguí viendo a esa criatura en cada rincón de mi casa donde me encontraba.
Una vez cuando me hallaba recostada descansando de mis continuas migrañas, dirigí la mirada hacia donde se encontraba William, él estaba sentado en una silla al lado de la cama, leyendo un libro, al notar que lo estaba mirando dirigió su mirada hacia mí y sonrió, yo le devolví esa hermosa sonrisa con un “Te Amo”. Después dirigí mi mirada hacia la pared que se encontraba frente a mí, noté que comenzaba a formarse en ella la figura del espeluznante monstruo, cuando la figura se completó, la criatura horrenda se despegó de la pared y tomó vida propia, lo seguí con la mirada mientras escuchaba sus gruñidos, me mostraba en todo momento sus garras, se fue dirigiendo hacia William, debía avisarle porque esa cosa iba decidida a hacerle daño.
-¡William sal de ahí por favor!
-¿Qué es lo que sucede Cristal?- preguntó asombrado.
-¡Sal de ahí William, te va a atacar!
Parecía paralizada, no podía levantarme de la cama para auxiliarlo.
-¿Quién me quiere atacar?- preguntó mirando para todos lados.
-¡La bestia William, la bestia está muy cerca de ti!- dije desesperada.
-¡No puedo ver nada amor, aquí no hay nadie!
-¡Está cerca de ti, te gruñe, te muestra sus garras! ¿Cómo puede ser que no lo veas?
-¡Fuera de este cuarto, lo que sea que fuere, fuera de aquí!- gritó William recorriendo la habitación.
De pronto, como había aparecido, la bestia desapareció, en el cuarto sólo habíamos quedado William y yo.
-¿Está todavía acá?- me preguntó.
-No, ya se fue.- me largué a llorar, lloré desconsoladamente.
William me miró y me abrazó fuertemente, entre sollozos le dije:
-¡William no me dejes, no me abandones por favor!
-Nunca te dejaré, tranquila, ahora descansa, duerme Cristal que cuando despiertes yo estaré a tu lado.
-¿En serio?
-En serio amor, tranquila.- sus palabras sonaban dulcemente en mis oídos.
-¿William podrás perdonarme todas las cosas feas que te he dicho, no sé qué es lo que me sucede?
-¡Claro cariño, sé que tú eres incapaz de decirme todo eso!
-¿William, me estaré volviendo loca como Clara?
-¡No amor, no estás loca, sólo un poco enferma nada más, duerme!
Cerré mis ojos pensando que tal vez estaba enloqueciendo y que William no me lo quería decir, sentía que me estaba desmoronando de a poco y con este pensamiento me quedé dormida.
Los días siguientes a aquellos sucesos se fueron transformando en una verdadera pesadilla, no sólo para mí, si no también para mi familia, además de seguir teniendo esa visión espantosa de aquella bestia, también se habían desatado en mí unos síntomas muy extraños.
-¡William me duele demasiado la cabeza, creo que me va estallar!- le dije, ya que él se encontraba sentado a mi lado en la cama, con un crucifijo de madera en la mano.
-Tranquila amor, te traeré el medicamento, ahora vuelvo.- contestó dirigiéndose a la cocina.
El dolor hacía que sintiera como si en la cabeza, tuviera colocada una bincha de hierro; ésta aprisionaba mi cabeza, que parecía que me iba a estallar, de repente sentí dentro de mí algo muy extraño, como si alguien o algo se estuviera metiendo dentro de mí, desde ese momento perdí totalmente el conocimiento. Cuando William llegó con el medicamento me encontró gruñendo, retorciéndome en la cama, ladraba como un perro, me movía por toda la cama actuando como un animal, al verme en ese estado se asustó, pero él era demasiado fuerte para poder sobrellevar cualquier mal, comenzó a hablarme, yo le contestaba con gruñidos, sin separarse de la cruz se acercó a mí y me dijo:
-¡Cristal, vuelve en sí por favor!
La respuesta que recibió fue un gruñido y algo que le dije con una voz muy grave en otro idioma que él no conocía.
-¡Dios ayúdala por favor, te lo pido, te lo imploro, te lo suplico, te lo ruego, Dios ayúdala!
Justo en aquel momento, después de haber dicho aquellas palabras, volví en sí y comencé a llorar, lloraba amargamente.
-¡No llores cariño, ya pasó!- dijo tratando de calmarme.
-¡Me duele mucho William, me quiero ir con mi papá!
-¿Qué es lo que te duele amor?
-¡Me duele la espalda y las muñecas, me duele William!
William comenzó a masajearme la espalda y las muñecas, se iba aliviando el dolor, después comenzó a contarme lo que yo estaba haciendo.
-¡Pero no recuerdo eso que me estás contando William!
-¿Cómo que no lo recuerdas?- preguntó asombrado.
-No, lo que yo recuerdo es cuando tú te fuiste a buscar el medicamento, sentí algo extraño y me quedé dormida, pero no lo estaba, parecía que me despegaba de mi cuerpo y que me iba hacia otra dimensión; me encontraba en una cueva, en ella había una escalera que iba hacia arriba, la luz era muy tenue puesto que habían numerosas antorchas dispuestas una al lado de la otra; me encontraba desnuda completamente, esposada de pies y manos frente a una reja, del otro lado había un trono de color rojo, yo quería zafar de esa situación pero no podía, estaba muy amarrada a aquella reja. Después escuché unos pasos que iban bajando las escaleras, un hombre vestido con una capa roja era el que venía, no pude verle la cara, solamente la capa, se reía con una sonrisa sarcástica, cuando él llegó hacia el lugar donde me encontraba se paró detrás de mí y comenzó a darme latigazos en la espalda, me pegaba con el látigo muchas veces hasta que después no sé cómo, abrí los ojos y vi tu rostro.
-¡Qué increíble!- William estaba atónito al escuchar mi relato.
-¿William estaré enloqueciendo?
-¡No amor, buscaremos ayuda y vas a ver que sanarás muy pronto!
Desde aquel día seguí sufriendo los mismos síntomas, cada vez más seguido continuaba viendo a la bestia en las paredes de mi hogar y continuaba teniendo esos horrendos “ataques” o no sé cómo denominarlos.
Cuando me encontraba mejor, me levantaba de la cama y me sentaba en el living a mirar televisión o para leer un libro; parecía increíble, mi cama se había convertido en mi nuevo hogar, porque pasaba más tiempo en ella que en otro lugar de la casa y si estaba distraída hablando con William o con mi madre, enseguida me daban unas ganas terribles de ir a acostarme, porque allí comenzaba el “ataque”.
Un día mientras con William estábamos jugando un partido de cartas, sucedió algo impresionante.
-Yo tengo setenta puntos y tú tienes noventa.- le dije sonriendo.
-¿Yo tengo noventa puntos?- preguntó asombrado pues el partido de cartas consistía en que el que llegaba a tener ciento un puntos perdía.
-¡Sí, y con once puntos más pierdes!- contesté.
-¡Si seguro, vas a ver que te voy a ganar!
-¡A qué no!- dije sonriendo.
-¡A qué sí!- me desafió.
-¿Qué quieres apostar si tú ganas?- pregunté muy segura.
-Bueno te apuesto a que si yo gano iremos a la Iglesia.
-¡No William, a la Iglesia no, sabes que se me paralizan las piernas, me agarra taquicardia, no puedo!- dije con desesperación.
-Está bien, pues entonces no juego más.- respondió seriamente.
-¡Ay William, cómo eres, está bien si ganas iré!- dije con desgano.
-¡Bien, esa es mi princesita!, ¿y si tú ganas qué vas a apostar?
-Si yo gano quisiera que cortes una rosa del parque y que me la regales.
-¿Con tan poco te conformas?
-Sí, siempre me he conformado con poco, no soy ambiciosa.
-¡Eres un amor!- me dijo besándome.
William comenzó a repartir las cartas, empezamos a jugar, en un momento dado William tomó una carta y cortó con ella el juego, ahora debíamos sumar las cartas que teníamos en la mano.
-¡Yo hice menos diez, o sea que me quedó ochenta puntos!- dijo William sonriendo.
-¡Ay William me quedé con un montón de puntos, ahora noventa tengo yo!- dije con desgano, pues no me gusta perder.
-¡Ah, no sé, a “llorar a la Iglesia de Pompeya” ( es un dicho popular)!- contestó William.
Cuando tomé el papel en el que anotaba el puntaje, un impulso sobrenatural me dejó inconsciente, pues como estaba anotando con una lapicera de color rojo, tomé con mi mano derecha ésta y en vez de anotar el puntaje de William y el mío comencé a escribir el nombre “Satanás” por toda la hoja, William al observar lo que estaba escribiendo, tomó enérgicamente mi mano y quitó la lapicera de ella y justo en aquel momento reaccioné.
-¿Qué es lo que estás haciendo William?- pregunté atónita.
-¡Mira lo que estabas escribiendo!- respondió.
-¿Qué yo escribí esto?- pregunté asombrada por lo que estaba viendo.
-Sí, mejor será que no juguemos más, ¿vamos al parque?
-No, mejor me voy a recostar un rato, estoy muy cansada.
-¡No Cristal, tú sabes, te conté lo que sucede cuando te acuestas!- estaba desesperado.
-¡Pero es que estoy muy cansada y tengo mucho sueño!
-Está bien, pero yo te acompaño.
-Bueno cariño.- contesté.
Fin del capitulo XX
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| Mie Abr 30, 2008 9:26 pm |
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Brisa Marina

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Capitulo XXI
Cuando llegué a la habitación me desplomé en la cama, comencé a quitarme el Rosario y la cadena de la Virgen de la Macarena que pendían de mi cuello, los arrojé con fuerza; ya había comenzado el “ataque”, gruñía, hablaba en lenguas no conocidas por mí, me comportaba como un perro, me retorcía en la cama como una serpiente; cuando William me vio en ese estado, como ya estaba acostumbrado tomó el crucifijo y lo colocó sobre mi frente, ese acto agravó aun más la situación, porque gruñía desgarradoramente y comencé a golpear a William, a arañarlo, mientras él rezaba pidiéndole a Dios que me librara de lo que me sucedía.
-¡No podrás conmigo, ella ahora me pertenece!- dije con una voz grave, muy espeluznante.
-¡No!- gritó William.
-¡Sí, ella me pertenece y no podrás conmigo!- repetí.
William tomó el frasco que contenía agua bendita y pasó ésta sobre mi frente, gruñí aun más, me retorcí en la cama y luego dando un fuerte suspiro me quedé tendida desmayada. Cuando desperté de ese transe, sucedió lo mismo de siempre, lloré, me dolían las muñecas y la espalda y siempre decía que me quería ir con mi papá. Después de un rato me quedé dormida, William me arropó y muy despacio bajó las escaleras para dirigirse a la cocina a buscar un vaso de agua; después regresó al cuarto, se sentó a mi lado y se puso a llorar, lloraba en silencio para no despertarme, quería que me sanara pero no encontraba la salida; dejó el vaso con agua sobre la mesita de luz y se dispuso a rezar con un Rosario en la mano. Antes de hacerlo, colocó como pudo sin despertarme el Rosario y la Virgen de la Macarena de nuevo en mi cuello, después de hacerlo se dispuso a rezar; de pronto lo desconcentró el rezo, los ladridos de los perros y el sonido de la puerta de entrada que estaban golpeando, despaciosamente William bajó a ver quién estaba llamando, al abrir la puerta se encontró con una mujer que lo miraba fijamente.
-Buenas tardes William.- lo saludó la mujer.
-Buenas tardes señora, ¿cómo sabe mi nombre?- preguntó asombrado.
-Permítame presentarme, me llamo Amparo López, soy amiga de Cristal, ella me dijo su nombre.
-¡Ah, usted es Amparo!- dijo William.
-Sí, y vine a visitar a la niña Cristal, pues hace mucho que no la veo.
-¡Pase Amparo, pase, ella está durmiendo en este momento!
Amparo entró y se sentó en el sofá del living, William no pudo más y se largó a llorar amargamente.
-¿Por qué lloras buen hombre?
-¡Es por Cristal!- contestó acongojado.
-¿Qué es lo que le sucede a Cristal?
-Está muy enferma, los médicos no saben más qué hacer, los medicamentos ya no surten efecto, no encuentro salida y tengo miedo de perderla.
William le comentó a Amparo lo que me estaba sucediendo.
-¿Podrías despertarla?, tal vez la pueda ayudar.- preguntó Amparo.
-Sí, venga conmigo.
Juntos subieron las escaleras y entraron al cuarto, Amparo se sentó en una silla a mi lado y trató de despertarme.
-¡Cristal, Cristal!- me llamó Amparo.
-¿Qué, qué sucede?- pregunté entre dormida.
-¡Soy yo, Amparo!
Abrí los ojos y al verla me alegré tanto.
-¡Amparo qué suerte que vino, estoy muy enferma y tengo mucho miedo de enloquecer!- dije con desesperación.
-Tu esposo me contó todo, tranquila, dame tu mano a ver si puedo ayudarte.
Extendí mi mano y ella colocó la palma de la suya sobre la mía, cerró los ojos, suspiró y enseguida los abrió largando bruscamente mi mano para decir:
-¡Por Dios y la Virgen de la Macarena, esta niña tiene el demonio adentro, le han hecho un mal!
-¿Seguro?- preguntó William que en aquel momento ya creía en cualquier cosa.
-¡Sí seguro, ay niña, se te han metido adentro el demonio junto con una legión de malos espíritus!
-¡Tengo mucho miedo Amparo!, ¿me voy a morir?- pregunté.
-¡No niña, pero este mal hay que sacarlo urgentemente!, ¿puedo hablar contigo a solas?- le preguntó a William.
-¡Sí, cómo no!- contestó.
Al alejarse los dos de mí, Amparo le dijo a William:
-Mira William de ahora en más deberás ser más fuerte de lo que has sido, porque este mal que tiene Cristal, te lo han hecho a ti también.
-¿Y por qué a mí no me pasó nada?
-Porque tú eres más fuerte que ella, ella es más débil, más frágil.
-¿Y quién pudo haber sido capaz de haber hecho algo así?
-Mira, esto pudo haber sido solamente la idea de la perversa Clara, ¡y a quién le encargó este trabajo, seguramente fue a una gitana!
-¿Usted no la puede curar?, le pagaré lo que sea.- preguntó desesperado.
-Pues no se trata de dinero, yo no te cobro nada, lo que sucede es que este mal solamente lo puede quitar la misma gitana que lo realizó, ¡lamentablemente es así!
-¿Entonces qué haremos ahora?
-A ver, déjame pensar, ¡ya lo sé!
-¡Sí, dígame!
-Bueno, mientras yo busco a la gitana que ha desatado esta tragedia en este hogar, tú llevarás a Cristal a algún lugar donde haya mar, pues como el mar tiene electricidad y el cuerpo humano también la tiene, juntos harán maza y a ver si la niña se mejora un poco.
-La podría llevar a la costa ¿no?- le preguntó.
-¡Claro, pero estate siempre con ella, no te muevas nunca de su lado!
-Está bien Amparo, ¿usted qué dice, resultará?
-Esperemos.
-Bueno, ya mismo voy a preparar las maletas.
-Bien, me despediré de Cristal y me iré a buscar a esa maldita gitana.
-Bueno.- contestó él.
Cuando Amparo volvió hacia donde me encontraba, me comentó que William me llevaría a la costa a dar un paseo, no quería decirme la verdad de todo lo que me sucedía porque temía que me pusiera peor.
-¿A la costa?- pregunté con asombro.
-Sí niña, allí respirarás el aire del mar, te hará bien.
-¿Y solamente con eso me voy a curar?
-¡Curarte todavía no, pero te aliviarás!
-¡No, mejor no voy a ningún lado!- dije muy segura.
-¡Pero Cristal, qué terca que eres!
-Venga Amparo, acérquese.- dije.
Amparo se acercó a mí, sentándose a mi lado en la cama.
-¿Sabe una cosa?- pregunté.
-¿Qué niña?
-Siento voces dentro de mí, me hablan, me hablan mucho, me dicen lo que debo hacer, me ordenan, ellas manejan mi vida.
-¿Voces, dices niña?
-Sí, ellas en este preciso momento me están diciendo que si usted no se va, me ordenan que la mate y no puedo contradecirlas.- dije llorando.
-¡Por Dios hija!- se asombró Amparo.
-¡Váyase Amparo, váyase antes de que sea demasiado tarde!- dije llorando.
Amparo se reincorporó de la cama y salió de la habitación, se dirigió hacia donde estaba William empacando.
-¡Amparo, creía que usted ya se había retirado!- dijo William sorprendido.
-¡No, no sabes lo que me ha dicho Cristal recién!
Le comenzó a contar lo que le había narrado.
-¿Estará enloqueciendo?- preguntó William.
-No, lo que sucede es que la bestia que tiene dentro es la que la hace actuar y decir esas cosas; William debes entender que Cristal está poseída por el maligno, la bestia y su legión son las voces que ella escucha, así que pronto sácala de aquí y llévala al mar, si ella no quiere la llevarás igual, me entiendes, eres fuerte y que Dios y la Virgen de la Macarena los ampare.
-¡Gracias!, ¿cómo puedo ponerme en contacto con usted?- preguntó William.
-Dame el número de tu celular que yo te llamaré diariamente.
Amparo anotó el número del celular de William y cuando ella se retiró, él subió al cuarto para terminar de empacar. Cuando llegó a la puerta de la habitación se encontró conmigo que lo miraba fijamente.
-¡Ah Cristal, estabas ahí!- dijo sorprendido de verme.
-¿Te asustaste William?
-No, asustarme no, pero como estaba subiendo las escaleras tan de prisa, no vi que estabas ahí.
-¿Y por qué tenías prisa?
-Es que estoy preparando todo para irnos de paseo.
-¿De paseo?
-Sí Cristal, quería llevarte a la costa para que te sientas mejor, para que te distraigas.
-¡Pues yo no quiero ir a ningún lado!
-¡Cristal, deja de comportarte como una niña malcriada!- dijo ya llegando al hartazgo.
En ese momento, William tomó las maletas y bajó las escaleras haciendo caso omiso a mi negativa de irme de aquí, comencé a gritarle toda clase de insultos mientras bajaba las escaleras detrás de él, cuando llegué a la puerta de entrada, ésta estaba abierta y vi que el automóvil ya estaba listo para partir.
-¡No me vas a obligar a ir contigo, William!- gritaba.
-¡Cállate la boca que los vecinos se van a alarmar y van a salir afuera!
-¡No me importa un bledo los vecinos!- continué gritando.
William, al verme tan encolerizada, no tuvo otro remedio que tomarme entre sus brazos y llevarme alzada al auto, antes cerró bien la puerta de entrada con llave y accionó la alarma, mientras él me llevaba alzada yo seguía gritando y pataleando, cuando me depositó en el auto, cerró la puerta con llave; justo cuando estaba por ascender él también se le acercó Álvaro.
-¿Señor se va?- preguntó asombrado al ver semejante escena.
-Sí Álvaro, llevo a mi esposa a la costa para que se alivie de su enfermedad, por favor avísele a Joaquín que nos retiramos y cuiden bien la casa por favor.
-Está bien señor, como usted diga, ¿no quiere que lo acompañe?
-¡No gracias Álvaro, iremos bien, pero no te despegues de mi casa!
-Bien señor que tenga buen viaje.
-¡Gracias Álvaro!
-¡Qué tenga buen viaje señora Cristal!- dijo mirándome.
-Gracias.- sólo le contesté.
William subió al auto y emprendimos el viaje hacia la costa, en el camino él tomó su celular y llamó a mi madre.
-¡Hola Ana, habla William!
-¡Hola William!, ¿cómo está Cristal?
-Bien, ella está bien, solamente la llamaba porque estamos viajando hacia la costa.
-¿A la costa?
-Sí, y quisiera que usted, ¿podría ir a casa a cuidar a los perritos?
-¡Claro que si!
-¡Gracias Ana!
-De nada, ¿puedo hablar con Cristal?
-¡Sí, cómo no!, tu madre quiere hablar contigo.- dijo.
-Dame el celular, ¡hola mamá!- dije.
-¡Hola hija!, ¿estás bien?
-Sí, te llamo cuando lleguemos, adiós mamá.
-Adiós hija.
Corté la comunicación y le di el celular a William.
-¡Qué mal le hablaste a tu madre Cristal!
-¿Cómo querías que le hablara?
-Un poco más amable.
-¡Mira William, estoy dentro de un auto viajando obligada, casi secuestrada podría decir y quieres que sea amable!
-Sí, y no vas obligada a ningún lado, es por tu bien.
-¿Por mi bien?, da gracias de que no te maté, como me pidieron las voces.
-Pues querrá decir que me amas demasiado para matarme.
-¡Cállate!
-Bueno.
La mayor parte del viaje casi no hablamos, cuando llegamos a la costa nos alojamos en una cabaña que había rentado William.
-¿Te gusta la cabaña amor?- preguntó mientras bajaba las maletas del auto.
-Sí, es muy linda.- sólo le dije, ya no escuchaba las voces.
-Vas a ver que estarás muy bien aquí.
-Eso espero William, eso espero.
Cuando entré me comencé a sentir muy a gusto en aquella cabaña; en verdad era muy bonita, los techos eran de machimbre barnizado, constaba de dos habitaciones, un living-comedor, una cocina y un baño, estaba situada frente a la playa.
Los días siguientes a la llegada a la cabaña, fueron muy buenos para mí, ya las voces se había ido, no me agarraban esos “ataques”.
Un día me encontraba sentada sobre un sillón tomando sol, mirando el mar que estaba sereno, se acercó a mí William.
-¿Estás bien amor?- preguntó dulcemente.
-Sí cariño.
-¿Escuchas todavía las voces?
-No, ya no las escucho más.
-Bien, me parece muy bien.- sólo dijo.
-¿William?
-¿Sí amor, te sucede algo?
-No tranquilo, sólo quería decirte que... no me animo.
-¡Dime cariño!
-No, que sólo quería pedirte perdón por haberte tratado tan mal últimamente.- dije tímidamente.
-¡OH Cristal, no hay nada que perdonarte, no eres tú, es esa cosa que está dentro tuyo la que te hace decir y hacer cosas sin sentido!
-¡Gracias William!
-¿Gracias por qué?
-Por ser tan bueno conmigo y por acompañarme en este difícil momento.
Al escuchar mis palabras me besó, me besó con tanta pasión contenida por tantas cosas pasadas, nos interrumpió el sonido del celular que llamaba.
Fin del Capitulo XXI
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| Vie May 02, 2008 12:16 am |
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Brisa Marina

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Capitulo XXII
-¿Hola?- atendió William.
-¡Hola William, habla Amparo!
-¡Amparo!, ¿cómo está?
-Bien, muy bien, ¿cómo está Cristal?
-¡OH mucho mejor, está mejorando día a día!
-Eso me agrada, pero no la descuides, porque la criatura que lleva adentro ella ahora está dormida, pero en cualquier momento se puede despertar, que no te agarre desprevenido.
-Está bien Amparo, comprendo, ¿y cómo le está yendo a usted allí, pudo localizar a la gitana que hizo el mal?
-No, lamentablemente no, pero no perdamos las esperanzas.
-Está bien Amparo, no las perderemos.
-Bueno ahora debo cortar, William estate atento, te lo pido por favor y mándale un beso grande a Cristal.
-Bien se lo mando y cualquier cosa que surja me llama.
-Bueno un beso, adiós William.
-Adiós Amparo.
Cuando William dejó de hablar con Amparo le pregunté:
-¿Te dijo Amparo si ya encontró a la gitana?
-No, todavía no, pero no perdamos las esperanzas amor.
-¿Me curaré algún día?
-¡Claro cariño, vas a ver que volverás a ser la Cristal de antes!
Ya me había enterado de todo lo que me estaba sucediendo, porque un día en el que estaba mejor de salud, William se sentó a mi lado y me comenzó a contar todo con mucha paciencia y tratando de que no me asustara al enterarme de lo que me sucedía.
Todo iba sobre rieles, con William salíamos todos los días a recorrer el lugar donde nos encontrábamos, parecía que había vuelto todo a la normalidad y que este viaje era para nosotros como una segunda luna de miel.
Pero cierta noche después de cenar, William me dijo:
-¿Te gustó la cena?
-¡Sí, estaba deliciosa, cocinas muy bien cariño!
-¿Qué te parece si vamos a la playa a caminar?
-¿Te parece?
-¡Sí vamos, la noche está espléndida, casi no hace frío!
-Bueno, voy por unos abrigos y vuelvo.
-¿Tienes frío?
-No, pero tal vez más tarde refresque.
-¡No, vamos así!
-Como quieras amor.
William desde que habíamos llegado, en ningún momento se había animado a llevarme al mar, tenía temor de cómo iba a reaccionar cuando pisara el agua, por eso es que me había invitado a ir.
Al llegar a la playa caminamos, después de haber hecho un trecho William me preguntó:
-¿Viste que no hace frío, podemos mojarnos un poco los pies en el agua?
-¿En el agua?
-¡Sí, mira el mar está tranquilo, nos mojaremos los pies nada más!- casi me suplicaba.
-Bueno, está bien.
Nos descalzamos y metimos nuestros pies en la fría agua de mar, cuando ellos se pusieron en contacto con el mar, sentí un fuego interior que recorría todo mi ser; también como si una descarga eléctrica me estaría electrocutando, instintivamente los retiré del agua, William me estaba observando con atención.
-¡Me dio una corriente el agua!- exclamé nerviosamente sonriendo.
-¡Eso no es nada, pon de nuevo los pies en el agua Cristal!
-¡No, tengo miedo!- contesté atemorizada.
-¡Es por tu bien Cristal, ponlos de nuevo en el agua!
-¡No, lo que tú quieres es me electrocute, me has traído a propósito aquí William!
Él juntó fuerza, me alzó y llevándome en sus brazos me depositó en el mar, al tocar nuevamente los pies el agua ésta me dio una fuerte descarga, eso me enfureció, me di media vuelta y empujé a William con una fuerza increíble, él cayó en la arena a unos metros de donde yo me encontraba, después reaccioné y corrí a ver si estaba bien.
-¡William amor, estás bien!- pregunté desesperada.
-Sí, estoy bien.- contestó reincorporándose y quitándose la arena de encima.
-¡OH William, no sé que me sucedió, perdóname amor, perdóname por favor!- dije llorando.
-Ya está Cristal, no eras tú la que me empujó, comprendo.- dijo abrazándome.
En el eterno abrazo, miré hacia el cielo, éste estaba todo estrellado, la luna estaba hermosa, era luna llena; de pronto ella parecía que se había posesionado de mí, comencé a caminar por la playa descalza como estaba y al verme ir William, me preguntó:
-¿Cristal dónde vas?
-¡La luna William, la luna me lleva!
William agarró nuestros calzados y corrió hacia mí, al llegar los tiró y me tomó de los hombros para que no siguiera caminando.
-¡Cristal quédate!- dijo con desesperación.
-¡No puedo, la luna me lleva, me lleva!
Logré zafar de él y seguir a la luna, William volvió a correr detrás de mí.
-¡Cristal!- me llamaba corriendo.
-¡Déjame William!
-¡Cristal detente!
Cuando llegó hacia mí tiró nuevamente los calzados y me tomó nuevamente de los hombros, estaba agotado.
-¡Cristal basta, mírame!
-¡No puedo William, la luna me llama!
-¡Cristal la luna no te llama, reacciona por favor!
Me sacudió y parece que al hacerlo reaccioné.
-¿William, qué sucedió?
-Nada amor, no pasó nada.- dijo llorando.
-¿Estás llorando, por qué?
-¡No puedo más, no puedo más!- seguía llorando.
-¿Quieres dejarme William?
-¡No amor, pero estoy exhausto, no mires más la luna!
-¡No la miro más si no quieres, pero no me dejes William, por favor!- dije desesperada.
-¡No te dejaré, te amo demasiado, te amo!
-¡Yo también te amo William!
-Mira lo que haré.- me dijo mientras dibujaba en la arena un corazón con nuestros nombres dentro.
-¡Qué hermoso corazón William!
-Este corazón es la muestra de todo lo que te amo.- me besó apasionadamente.
Mientras tanto...
Amparo se dirigía hacia la colectividad de los gitanos, al llegar allí se topó con una extraña gitana de cabellos largos lacios y de color azabache, de ojos grandes color almendra, de estatura mediana de más o menos un metro sesenta, delgada y muy elegante para ser gitana.
-¿Me estabas buscando?- le preguntó la mujer.
-¡Pues no lo sé!- contestó Amparo sorprendida al escuchar a esa extraña mujer.
-Dime tú ¿no estás buscando a una gitana que le ha hecho un trabajo a una tal Cristal?
-Sí exactamente, ¿cómo lo sabes?- volvió a preguntar sorprendida.
-Yo lo sé todo, tengo muchos poderes, tal vez más poderes que tú.- respondió.
Amparo no lo podía creer, esa extraña gitana verdaderamente tenía muchos más poderes que ella, y aprovechando que había dicho mi nombre, comenzó a hacerle otras preguntas referidas a mí.
-Dime, ¿cómo te llamas?- le preguntó Amparo.
-Mi nombre es Lila Gavilán, ¿y el tuyo?- preguntó.
Justo en ese momento, Amparo se dio cuenta de que Lila no tenía más poderes que ella, pues no sabía su nombre, si los hubiera tenido ya la hubiera llamado por él.
-Mi nombre es Amparo López.
-¿Y para qué me estabas buscando mujer?- le preguntó Lila
-Bueno pues tú ya lo sabes, te estaba buscando por el trabajo que le has hecho a Cristal.
-¡Aja!, ¿y qué sucede con eso?
-Bueno, pues quisiera saber, ¿quién te encargó que lo hicieras?
-Pues eso no se dice, ¿o no lo sabes?
-¡Claro mujer!, pero necesito saberlo.- Amparo no se quería rendir, la notaba muy segura.
-¡Pero no quieres entender que no te lo puedo decir!
-Mira Lila, voy a ser directa contigo, tú le has hecho un trabajo muy fuerte a Cristal y necesito que se lo quites.
-¡Pero mira qué descares, cómo voy a defraudar a mi cliente!
-¡Mira te pago lo que quieras. Por favor, Cristal está sufriendo mucho!
-¡Ah entonces surgió efecto el trabajo!- se sorprendió Lila.
-Sí, lamentablemente sí.
-¡Qué bueno, genial!
-¿Te parece genial que una persona esté en el estado en el que se encuentra Cristal, posesionada, enloqueciendo?
-¡Y bueno es mi trabajo!
-¡Será tu trabajo, pero mi querida amiga Cristal está sufriendo!- dijo Amparo al borde del llanto.
-¡Está bien, ya me estás hartando mujer, el trabajo funcionó y ya está!
-¡No, nada está bien, mira, debes ayudarme!, ¿cuánto te han pagado?
-Mucho mujer, mucho.
-Mucho, ¿cuánto?- preguntó enfadada.
-Te lo diré así me dejas tranquila, me pagaron dos mil pesos.
-¿Dos mil pesos?- preguntó asombrada Amparo al escuchar la suma.
-Sí, dos mil pesos, ¡qué tal!
-¡Te pago cuatro mil pesos si le quitas el trabajo a mi amiga!- dijo Amparo muy decidida.
-¡Vaya que me asombras mujer, veo que quieres demasiado a tu amiga!
-Sí, la quiero mucho, ella es como una hija para mí.
-Pero igualmente no acepto.
-¡Pero qué terca eres mujer, te estoy ofreciendo el doble de lo que te pagaron y lo rechazas!, ¿no piensas que mal con mal se paga en esta vida?
-Mira pensándolo bien, ¿cuánto era lo que me ofreciste, cinco mil, no?- preguntó muy astuta Lila.
-¡No mujer, tú serás demasiado viva pero a mí no me pasas, te he ofrecido cuatro mil!
-¡Dame cinco mil y te curo a tu amiga!
-Mira te daré cuatro mil quinientos.
-¡Cuatro mil setecientos y cerramos el trato!
-Bien, cuatro mil setecientos y ni una moneda más y ni una moneda menos.
-¡Bárbaro!, ¿dónde está la niña?
-Ella no está aquí, le telefonearé y te paso a buscar cuando regrese, ¿te parece bien?
-Me parece muy bien.
-Bueno me voy, ¡ah, antes de retirarme quisiera hacerte una pregunta?
-¿Sí dime?
-¿Quién es la persona que te ha encargado el trabajo para Cristal?
-Una tal Clara, Clara Salguero me dijo.
-¡Ya me lo veía venir!
-¿La conoces?
-¡De los pies a la cabeza, ella es el demonio en pinta!
-A mí no me pareció, tiene más pinta de “mosquita muerta”.
-Pues las apariencias engañan; lo que me asombra, es qué de dónde ha sacado ella semejante dinero, si no tiene dónde caerse muerta.
-Pues no lo sé, ella me dijo que me pagaría lo que sea con tal de verla sufriendo a Cristal.
-¿Quién sabe de dónde sacó tanto dinero para pagarte?
-Creo que me dijo que un tal William se lo había dado hace muchos años atrás para pagar el colegio de sus hijas, y como ella no lo hizo, se guardó el dinero.
-¡Ah, ahora entiendo mejor!
-Dime Amparo, ¿quién es ese tal William?- preguntó Lila.
-William es el marido de Cristal, Clara se enamoró de él perdidamente, siempre quiso ver a Cristal y a su esposo separados, por eso hizo esto, no tenía otra salida.
-¿Ellos lo saben?
-¡Claro que lo saben, vivieron riñendo con ella durante muchos años!
-¡Mira la “mosquita muerta”!
-Bueno me voy, espero que cumplas Lila.
-¡Cumpliré cómo que me llamo Lila Gavilán!
-Está bien, ¿pero no me has dicho cómo te localizo?
-¡Tienes razón!, te diré donde vivo, ¿ves allí aquella casa tipo chalet de lajas?
-Sí.
-Ahí vivo, ahí me encontrarás.
-Está bien, adiós Lila, fue un gusto conocerte y espero que me ayudes.
-Adiós Amparo, y tranquila que te ayudaré.
Cuando Amparo se despidió de Lila, telefoneó a William para avisarle de lo que le había sucedido, nosotros ya habíamos regresado a la cabaña.
-¡Hola!, ¿quién habla?- preguntó William.
-¡Hola William, habla Amparo!
-¡Amparo, no puedo escucharla bien!
-Yo tampoco a ti William, ¿hola, hola?
-¿Hola Amparo, me puede escuchar?
-¡Al fin, ahora sí hombre!
-Yo también la escucho mejor, ¿qué noticias tiene?
-¡Las mejores William, las mejores!- contestó muy alegre.
Fin del Capitulo XXII
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| Vie May 02, 2008 12:21 am |
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Elmoh

Registrado: 04 Ago 2007
Mensajes: 3027
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Una pregunta Brisa...¿sabes quien es Pozí?....
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| Vie May 02, 2008 2:11 am |
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Brisa Marina

Registrado: 11 Abr 2008
Mensajes: 3217
Ubicación: Buenos Aires Argentina
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No entiendo tu pregunta, pero no.
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| Vie May 02, 2008 2:18 am |
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Elmoh

Registrado: 04 Ago 2007
Mensajes: 3027
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Brisa Marina escribió:No entiendo tu pregunta, pero no. 
Bueno era un personaje que salia en un programa de España, y que hacia como una telenovela con su peculiar estilo, siempre hablaba de una tal Amparo....
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| Vie May 02, 2008 2:55 am |
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Brisa Marina

Registrado: 11 Abr 2008
Mensajes: 3217
Ubicación: Buenos Aires Argentina
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Ah yo me basé en el nombre Amparo porque justo estaba viendo una miniserie en la tele en el momento que estaba escribiendo la novela y el personaje principal se llamaba Amparo, por eso fue que elegí ese nombre.
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| Vie May 02, 2008 3:17 am |
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Elmoh

Registrado: 04 Ago 2007
Mensajes: 3027
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Brisa Marina escribió:Ah yo me basé en el nombre Amparo porque justo estaba viendo una miniserie en la tele en el momento que estaba escribiendo la novela y el personaje principal se llamaba Amparo, por eso fue que elegí ese nombre. 
Creo que Pozí tambien hablaba de William. lo mas seguro es que veiais la misma novela, la verdad es que he empezado a leer tu novela y me he parado varias veces, sin seguir leyendola , entre otras cosas por que pienso que un capitulo de una novela no se escribe ni en una ni dos paginas....
Esto no es una critica a lo que escribes, si no a la forma...
Un capitulo de una novela, en teoria necesita de varias paginas...
No estoy intentando decir que lo que haces no es una novela, pero no tiene aspecto de novela , si no mas bien de teleserie....
Tampoco quiero decir que escribir una teleserie sea facil, ni que tú no puedas escribir novelas...
Pero si de verdad quieres escribir una novela debes quererlo de verdad y no importarte el numero de capitulos, si lees a Johnn Steibenck, Mark Twain , Leon Tolstoi... son novelistas...
No quiero que veas una critica a lo que haces , si no una posibilidad de hacerlo mejor, pero tampoco me hagas mucho caso que hasta que no lea todo lo que has escrito tampoco puedo opinar...saludos....
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| Vie May 02, 2008 3:29 am |
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