Alguien dijo una vez : Sin ganas de decir.
Ya no quedan esas ganas de decir.
Ni palabras que tejer para ser oídas,
al oído que no escucha.
Se ha vuelto mudo el sentido
de decirlas a los ojos de unos labios,
que cerrados, no suspiran.
A unos oídos, que hacen sorda la agonía.
Ni si quiera queda el arrebato dolido,
ese insensato sin sentido de perder,
la razón en un momento.
Por despecho, por jodido.
No quedan, ni broches, ni reproches,
que colgar en la solapa de lo perdido.
Nada que vestir sin vestido.
Ni ganas de buscar ningún hilo,
para zurcir los rotos ya cosidos.
Si algún camino queda,
ese será el de vuelta,
el del cansado paso,
el de la derrota, el de la pena.
Y en ese retorno,
serán los recuerdos, las espinas del lamento.
la sangre que ha de brotar, su alimento,
y las lágrimas, agua, para cuando estés sediento.
Cuando ya no tengas ganas de llorar,
y el corazón palpite sereno y lento,
cuando pases al lado del sitio del primer beso,
y sigas caminando sin haber torcido el gesto.
Cuando no aparezca ese fantasma en tus sueños,
y pronuncies su nombre sin sentir despecho.
Cuando el día que la casualidad te la presente de nuevo,
y no se salga el corazón de tu pecho.
Cuando realmente, no te engañes
y sientas todo eso.
Ese día, habrás curado ese tormento.

