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NOVELA FANTASÍAS DE UNA MUJER DE TREINTA
NOVELA FANTASÍAS DE UNA MUJER DE TREINTA- HISTORIA DE UNA MUJER ENAMORADA
BASADA EN UN HECHO REAL
PRÓLOGO
Cuántas veces se habrá usted preguntado, si a determinada edad sus objetivos de vida se habrán cumplido. Que los deseos y metas prefijadas han sido cumplimentadas, que el AMOR ya ha golpeado la puerta de su corazón; pudiendo así formar la familia tan deseada y anhelada por usted, donde poder refugiarse en todo momento.
Pero alguna vez, ¿se ha preguntado si todo lo que hasta ahora, había forjado con tanto trabajo, montado sobre una base sólida, el día menos pensado, esa base indestructible e invencible, podría tambalear hasta desmoronarse?
Siempre quise saber hasta dónde puede llegar una persona enamorada, enamorada sí, cualquier ser humano se puede enamorar, de la vida, de algún recuerdo que creíamos perdido, de tantas cosas se puede uno enamorar.
Pero de un hombre, ¿es distinto ese amor? ¿se siente de otra manera? Tal vez el AMOR, esa palabra tan pequeña, que tan sólo está compuesta de cuatro letras, nada más, pueda encerrar más de un misterio; sí, la palabra AMOR, puede guardar en nuestro sensible corazón muchos misterios, ansiedades, hasta grandes palpitaciones.
Cuando él toca nuestro corazón, como lo puede hacer Cupido con su flecha, una vez que ésta penetra en él, se siente una herida dulce, casi celestial; millones de mariposas revolotean en nuestro estómago, produciéndonos alegres cosquillas, hasta nuestra mirada se torna diferente, hay un leve brillo en nuestros ojos, pues es la mirada del amor; se puede describir este momento como único y mágico.
Pero, cuando esa flecha que nos había provocado todos estos sentimientos, que parecía que ya se había instalado para siempre en nuestro latente corazoncito, comienza a salir de él, se siente una herida amarga, dolorosa, desgarradora, nos sentimos morir.
¡OH, el AMOR! todo lo puede, se dice, el AMOR va contra todo, es la fuerza del AMOR, pero... ¿también puede ser capaz de destruir?
Esta es mi sencilla historia y comienza así...
ainnnss,ainnss ya tengo ganas de leerlo Brisita,uff a ver que no traes x aquí
Mie Abr 16, 2008 4:27 am
Brisa Marina
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Siempre va haber un capítulo por día y como los capítulos son largos, voy a ponerlos en dos veces, el prólogo es para ir calentando el ambiente como se dice acá.
Mie Abr 16, 2008 4:53 am
mj
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Brisa marina .
Estoy toda la mañana para ver cuando empieza ese primer capítulo ,Y NUNCA LLEGA
¡Me tienes de los nervios!
¿ME TIENES QUE HACER ESPERAR TANTO ?
ME TOMARÉ ALGO...
Mie Abr 16, 2008 1:09 pm
mademoiselle
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Tengo ganas de leer lo que sigue! (el primer capitulo )
Ademas son preguntas que ya me he planteado. Las del principio del texto.
Mie Abr 16, 2008 3:51 pm
Brisa Marina
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Capítulo I
Córdoba- Argentina- Diciembre de 1999.
Temporada estival, la brisa tibia de verano y el sol con sus fuertes rayos brindan un imponente paisaje a las sierras Cordobesas, que rodean a mi pueblo, llamado Villa Giardino, un pequeño poblado rodeado de frondosas montañas. Es un hermoso paraje con mucho turismo en esta época del año, las sierras hasta pueden cambiar de color cuando el sol las va recorriendo, casi acariciándolas con sus refulgentes rayos; la gente tiene ese andar cansino propio de pueblo, todos se conocen, todos son solidarios.
Este es mi refugio, allí vivo, mi nombre es Cristal, tengo 36 años, estoy casada con William, él es mi esposo desde hace 11 años. Nos conocimos en Estados Unidos, precisamente en Seattle- Washington, una ciudad muy sencilla rodeada de grandes embarcaderos de pesca, donde las gaviotas revolotean de aquí para allá libremente. Es también el lugar donde vivía el desaparecido guitarrista Jimmy Hendrix, entre 1950 y 1953, cuando tenía entre cuatro y siete años de edad.
Del otro lado del río se pude observar la gran ciudad, con enormes edificios y oficinas, exactamente en una de esas edificaciones fue que conocí a William, fue en 1988, había tenido que viajar allí por motivos laborales, puesto que soy Operadora de PC y por ende en aquel lugar se me abría una gran puerta en el mercado laboral.
Después de haberme afincado en Seattle, comencé a trabajar como secretaria de un prestigioso abogado Neoyorquino.
Cierto día, me encontraba esperando el ascensor del edificio donde me había dirigido, cargada con grandes carpetas con numerosos expedientes judiciales, que debían ser entregados a las diferentes oficinas del lugar, necesitaba subir al tercer piso, pero cuando el ascensor llegó a la planta baja, donde me encontraba al abrirse la puerta, descendió de él, entre la muchedumbre, William, quien distraído en ese preciso momento pasó tan rápidamente por mi lado que sin querer rozó su cuerpo con el mío, haciéndome trastabillar y desmoronarme al suelo, acto por el cual cayeron de mis manos, todas las carpetas y obviamente desparramando por el piso los expedientes.
Luego de levantarme, me dispuse a recoger los papeles que yacían desparramados, justo él se detuvo y al verme en esa situación, se aproximó hacia mí y agachándose me brindó su mano para ayudarme; al ver esa mano blanca y grande, con uñas bien cuidadas, erguí mi cabeza para ver a qué caballero pertenecía aquella mano tan suave y a la vez muy viril, cuando de pronto mis ojos se encontraron con su mirada, en un segundo pude recorrer con mi vista el hermoso rostro que se encontraba frente a mí. Ese hombre era tan bello, casi perfecto diría, cabello castaño claro con tonalidades rubias, bien peinado, bien prolijo, ojos color esperanza (como lo llamo al color verde), pestañas bien arqueadas, que hasta parecían recién pintadas con rimel, nariz pequeña y boca con labios bien carnosos. Su fisonomía: delgado, alto, como de un metro ochenta más o menos; estaba vestido con un traje gris oscuro, camisa blanca y corbata al tono.
Cuando lo miré él me sonrió; mi timidez no me permitió devolverle el cumplido, sino que sólo pude atinar a bajar levemente la mirada sintiendo vergüenza; no voy a negar que ese hombre me dejó deslumbrada y más cuando me preguntó si lo podía disculpar por lo sucedido, ayudándome a juntar todos los expedientes, que todavía estaban desparramados y sin quitarme su mirada me invitó a tomar algo a mi salida; invitación que tímidamente acepté.
Él hablaba perfecto el castellano, así que supuse que podría ser Argentino como yo. Cuando subí al ascensor, su figura se perdió al cerrarse las puertas automáticas y entonces suspiré para luego tocar el botón del piso al que me dirigía.
Luego de repartir carpeta por carpeta, volví a retomar el ascensor para bajar, en ningún momento había podido borrar su rostro de mi mente... ¿Sería eso AMOR A PRIMERA VISTA?, me preguntaba persistentemente, pero a la vez trataba de negarlo, tal vez al llegar a la planta baja él ya se hubiera ido pero no fue así, cuando se abrieron las puertas al llegar al piso indicado lo encontré frente a mí sentado cómodamente en un mullido sillón, me encaminé hacia él tímidamente, estaba tan nerviosa, mi corazón parecía explotar, él estaba esperándome sonriente recorriendo todo mi cuerpo con su mirada intimidándome un poco.
Cuando llegué a alcanzarlo, él me miró y sólo preguntó:
-¿Vamos?- encontrándome en aquel momento totalmente deslumbrada por la presencia de aquel hombre.
Nos dirigimos al bar de la esquina del edificio, en el que no habíamos encontrado, al llegar allí por la calefacción del lugar él se quitó el saco y yo mi camperón con capucha y la bufanda negra que parecía no querer salir de mi tibio cuello, nos causó mucha risa esa situación tan torpe.
Él era demasiado transparente en sus actos y forma de hablar, aunque ya me había dado cuenta, con el transcurrir del tiempo, igualmente le pregunté si era de mi nacionalidad, a lo que él me respondió que afirmativamente era Argentino, de Buenos Aires, pero que desde pequeño casi adolescente estaba radicado en este país.
Me preguntó mi nombre, cuando le iba a responder, justo llegó la camarera a tomar el pedido; él muy cortésmente me cedió el lugar para pedir primero, sólo solicité un café y él un cortado; cuando la camarera ya se había retirado él mirándome dulcemente me preguntó que si podíamos retomar nuestra charla, a lo que yo abruptamente le contesté:
-Cristal, Cristal es mi nombre, Cristal Smith.
Él sonrió tímidamente casi con vergüenza, dándose cuenta de que estaba mucho más nervioso de lo pensado; reincorporándose, al notar que el silencio que había quedado entre nosotros era eterno, para “romper el hielo”, me comentó que él se llamaba William Harrison, que tenía treinta y dos años, soltero, que su familia había quedado en Buenos Aires y que se desempeñaba desde hace mucho tiempo como gerente general de una empresa naviera. También acotó que le parecía muy bueno haber encontrado en su camino a una persona de su misma nacionalidad.
Después de tomar el café, me invitó a bailar, pero como al día siguiente ambos teníamos que levantarnos temprano para asistir a nuestras labores, me pareció que era lo más lógico rechazar su invitación; entonces se ofreció a acompañarme hasta el apartamento donde yo vivía, como mi hogar no quedaba lejos caminamos, la noche se presentaba ideal para caminar bajo la luz de la luna, que en aquel momento estaba muchísimo más iluminada que de costumbre, no sé si será porque estaba llena o porque ese instante tan sublime la hacía parecer así.
En nuestro despacio andar íbamos platicando, le comenté que mis padres vivían en Buenos Aires, que soy hija única, que ya tendría ganas de volver a mi país, puesto que extrañaba mucho y así hablando de nosotros, de nuestras vidas, sin darnos cuenta ya estábamos parados en la puerta de mi apartamento. Él se despidió de mí prometiendo volver a verme, pero antes de irse de repente, sin darme cuenta, sentí sus labios sobre los míos, nos infundimos en un apasionado beso; por mis arterias sentía correr más rápido la sangre, mi corazón se aceleraba a un ritmo vertiginoso, sentí un tibio calor que recorría todo mi ser.
-Te quiero.- me dijo.
-No se puede querer a alguien que no conoces.- le respondí.
-Yo igual te quiero, no sé, lo siento así.- me contestó.
Después de decir esto me volvió a besar para irse caminando muy lentamente.
Entré a mi apartamento, encendí las luces y dando un eterno suspiro me desmoroné en un mullido sillón de pana.
Mi corazón seguía palpitando, comencé a sentir mariposas revoloteando en mi estómago, ¿sería eso el Amor?, me pregunté una y mil veces hasta quedar dormida, siempre con su imagen grabada en mi cabeza.
Al día siguiente me despertó el sonido del portero eléctrico; es que habían dejado un presente para mí, el encargado del edificio me lo entregó, era una caja de bombones y un gran ramo de rosas rojas con una tarjetita que decía simplemente: “I’m Love You- William” y su número telefónico.
Qué increíble se siente una mujer cuando recibe un presente de alguien de quien está enamorada, su autoestima se eleva al cielo, su cuerpo se estremece y sus ojos brillan de amor, aunque lo quiera ocultar la pasión que se siente sale por todos los poros, nuestra mente no puede pensar en otra cosa que no sea en la imagen de la persona amada; en sus palabras resonando en nuestros oídos, cual melodía celestial, nos sentimos que no podemos respirar sin su presencia, él es nuestro oxígeno, sin su presencia nos falta el aire y cuando logramos verlo nos sentimos realizadas, como un delfín que sale del agua para respirar.
Los días siguientes a nuestro primer encuentro transcurrieron maravillosamente bien: fuimos al cine, a bailar, al teatro, a caminar, a tomar algo; nos sentíamos tan bien juntos... nos reíamos, nos acariciábamos, nos besábamos. Hasta que cierto día en mi hogar hicimos el amor, fue maravilloso, fue el encuentro pasional de dos almas gemelas; el fuego de la pasión que despedían nuestros cuerpos enfundados en un solo ser, su suave piel de hombre viril, me hacía estremecer; sin darnos cuenta de cómo habíamos llegado a realizar este acto tan sublime, nos encontrábamos tendidos sobre la alfombra del living, frente al hogar de leña que ardía acompañando el fuego de nuestra pasión. Suavemente él acariciaba todo mi ser, con sus fuertes manos iba recorriendo cada contorno de mi cuerpo, me hacía vibrar, cuando se hace el amor pareciera que nos transportáramos al cielo ida y vuelta, yo besaba todo su cuerpo, a él le gustaba que lo hiciera, me repetía una y mil veces...
-TE AMO, TE AMO.
Y mis pechos se hinchaban de tanto sentimiento sentido, yo también lo amaba, lo amaba por ser solamente hombre, mi hombre; ese ser único, bueno, amable, respetuoso, cariñoso, comprensivo, el amor que tantas veces había creído que jamás iba a encontrar, lo encontré y grité con fuerza para siempre, hasta que nos hagamos viejitos, hasta que la muerte nos separe.
Después de un año de noviazgo, decidimos casarnos, ¡estaba tan emocionada con el acontecimiento! Él me pidió matrimonio, cierto día en que nos encontrábamos cenando en nuestro restaurante preferido; mientras cenábamos él sacó del bolsillo de su saco una alianza y pidiéndome que extendiera mi mano, me preguntó si quería casarme con él, asombrada al ver la sortija y escuchar su propuesta dije inmediatamente que sí, el tomó la sortija, la introdujo en mi dedo anular y con un gran beso, me dijo: “gracias”; en ese instante tan importante para cualquier mujer, comenzaron a sonar los violines que se acercaban hacia nosotros, me di vuelta y observé a dos violinistas tocando nuestra canción; sólo atiné a llorar, pero lloraba de emoción, de alegría, de nerviosismo, sólo lloraba, pero con lágrimas dulces, con lágrimas de miel, con lágrimas de amor. William me abrazó, con un abrazo protector, tratando de calmar mi llanto; pero luego se dio cuenta de que esas lágrimas que brotaban de mis ojos eran solamente porque su mujer estaba muy feliz, muy feliz gracias a él.
De este gran acontecimiento había pasado ya tres meses, nuestra relación amorosa con Willy iba prosperando con el paso del tiempo, aunque los preparativos de la boda nos demandaba gran parte de tiempo, Willy y yo cada día que pasaba estábamos más seguros del importante paso que estábamos por dar dentro de algunas semanas.
Las invitaciones a familiares y amigos, la llegada de los padres y hermanos de Willy, la llegada de mis padres, todos provenientes de Argentina; el conocernos por primera vez, el vestido de novia, las damas de honor, los preparativos de la iglesia, los preparativos del salón; todo estaba ya dispuesto, sólo faltaba que llegara la fecha.
Y al fin llegó, un día de Noviembre, Willy finalmente me estaba esperando en el altar. Entré a la iglesia del brazo de mi padre, estaba tan emocionada, que cuando las puertas de la capilla se abrieron, las piernas me comenzaron a temblar, de mi corazón se despedían un montón de corazoncitos de amor; antes de entrar mi padre me besó cariñosamente en la frente y solamente me dijo:
-Estás radiante, nunca vi en mi larga vida una novia tan bella y enamorada, no lo disimules hija, porque es lo más maravilloso que le puede suceder a un ser humano, que seas muy, pero muy feliz.
Dicho esto nos dispusimos a entrar, la primera que alcancé a mirar fue a mi madre, que estaba tan emocionada, le brotaban de sus ojos algunas lágrimas al verme pasar, luego dirigí mi mirada hacia delante y ahí estaba él, el gran amor, la persona que había elegido para pasar el resto de mi vida, él me miraba sonriente, su madre que estaba a su lado también; cuando me acerqué a él, mi padre puso mi mano sobre la de Willy y le susurró al oído con una simple palabra “cuídala”, William me tomó de la mano y me dijo despacio:
-Estás muy bella, eres mi hermosa mujer.
Ante estas tan sentidas palabras, una pequeña lágrima contenida brotó de mi pupila.
El párroco de la Iglesia, el reverendo Thomas Jackson, procedió a comenzar con la ceremonia religiosa, mientras él nos hablaba yo miraba a Willy con ternura, me sonrió, estaba tan elegante con ese smoking negro; luego llegó el momento más sublime de la ceremonia, la entrega de los anillos matrimoniales y la aceptación de los cónyuges.
-William Harrison, ¿aceptas por esposa a Cristal Smith?- preguntó el reverendo.
-Sí, acepto.– contestó William.
-Cristal Smith, ¿aceptas por esposo a William Harrison?- repreguntó el reverendo.
-Sí, acepto.- con un suspiro contesté.
Luego nos entregó las alianzas para nosotros decir:
-Yo, William Harrison, te tomo como mi esposa para amarte, respetarte, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe.- dicho esto Willy tomó la alianza y la colocó en mi dedo anular.
-Yo, Cristal Smith, te tomo como mi esposo para amarte, respetarte, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe.- entonces nerviosamente tomé el anillo y lo coloqué en su dedo anular.
-Que el hombre no separe lo que Dios ha unido; los declaro unidos en matrimonio, el novio ya puede besar a la novia- dijo el reverendo Jackson fijando su mirada hacia arriba.
William, me tomó de los hombros y cuando todos los presentes seguramente estaban suponiendo que él me besaría en la boca, él sólo me besó en la frente diciendo:
-Este beso tan inocente, es el sello de mi amor eterno hacia ti.
Luego de saludar al reverendo Jackson, nos encaminamos hacia la salida; iba tomada del brazo de Willy, mi esposo al fin; sonreía, mi felicidad brotaba por todo mi ser, a él también se lo veía muy feliz; detrás de nosotros iban los padrinos, la madre de Willy, mi padre a su lado, las damas de honor, que eran todas mis amigas y compañeras de trabajo que yo había elegido, mi madre y todos los demás presentes salieron en último lugar.
Cuando llegamos a la puerta nos encontramos con un montón de personas que nos saludaban y felicitaban, el tradicional arroz que se le tira a los cónyuges tampoco faltó, rápidamente Willy me tomó de la mano y juntos subimos al coche que nos trasladaría al salón de fiestas.
En el camino nos besamos, nos miramos con ternura, a pesar de estar presente el chofer, parecía que aquel momento nos pertenecía a nosotros, nada más.
La fiesta estaba maravillosa, William se había encargado de todo, numerosas esculturas de hielo se encontraban distribuidas por todo el salón, muchas de ellas tenían forma de animales, tales como cisnes, perros, etc..., ya que Willy sabía del amor que siento por los animales. Bailamos, nos reímos, gozamos de aquella inolvidable velada; creo que fue uno de los días en el que me sentí tan realizada, ¡qué más le podía pedir a la vida!, tenía un esposo grandioso, nuestras familias eran felices; la de él parecía apreciarme, me sentía en la gloria en aquel momento al observar a mi marido divertirse, sonreír, dije: “gracias Dios por esta inmensa felicidad que siento, gracias Dios, por hacerme sentir que la vida siempre da revanchas cuando hacemos el bien”.
Antes de que la fiesta llegue a su fin, William y yo nos retiramos, puesto que pronto saldría el avión que nos llevaría de luna de miel a italia; mi padre nos había regalado ese viaje, nos despedimos de todos los presentes, y emprendimos el viaje hacia el aeropuerto en un auto que nuestros amigos y familiares habían adornado para la ocasión, con un gran moño blanco en el techo y unas cuantas latitas que colgaban del paragolpes trasero y con un gran cartel que decía: “RECIÉN CASADOS”.
vayaaaa,romanticismo en su totalidad ainnnsss,que bonito todo verdad?weno dices que está basado en la realidad,weno ya me dirás a que realidad te refieres...
Me gusta Brisita,ya sabes,yo,romantica total,aunque no se lleve,aunque a algunas personas les de verguenza decirlo,yo lo reconozco hacía mucho tiempo que no leía nada romantico,gracias nena,seguiré tus próximos capitulos,a ver donde llega esto
Jue Abr 17, 2008 12:20 am
Brisa Marina
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Por leerme.
Jue Abr 17, 2008 2:44 am
Brisa Marina
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Capítulo II
Italia fue el lugar donde terminamos de sellar nuestro amor, juntos recorrimos los imponentes lugares de ese país, el Coliseo Romano, la fuente de la Nereidas, hasta recorrimos el Vaticano; aunque uno de los lugares más emocionantes para mí fue cuando visitamos la ciudad de mi abuela paterna, Cosenza, una ciudad donde la gente es muy servicial y humana.
A nuestro regreso a Seattle, nos instalamos en el apartamento de William; nuestra vida de allí en más iba pasando entre la rutina diaria, nuestras labores, puesto que no había abandonado mi empleo en el estudio jurídico, las salidas con amigos, las reuniones en casa, etc...
William siempre que llegaba a nuestro hogar, de su empleo, me traía algún obsequio, qué caballero él, me regalaba flores, bombones, pero el regalo que más me impactó, sucedió cierto día, William llegó con una enorme caja color rosa, mi asombro fue que no era una simple caja, puesto que tenía en su tapa un montón de agujeritos, me preguntaba para qué serían, la tapa también tenía un gran moño con una tarjetita que decía: “Espero que te guste, es para ti. William”.
Cuando Willy depositó la gran caja sobre la mesa del comedor, me pidió que la abriera, tímidamente la abrí y con qué me encontré, con un pequeño cachorrito de perro color marrón; al verlo me enternecí, abracé fuertemente a William y luego de darle un gran beso, tomé al cachorrito que en aquel momento estaba llorando y lo deposité sobre mi pecho en forma maternal.
-Se cree que eres su mamá, ¿no ves que ha dejado de llorar?, es una linda perrita- dijo dulcemente Willy.
-¡Es hermosa, es divina, es para mí!- dije emocionada.
-Sé cuánto te gustan los animales, de lo que serías capaz de hacer por todos aquellos animales desvalidos, pues vi esta perrita en la veterinaria, pensé en ti y te la traje.
Qué gesto tan humano, tan bondadoso, tan grandioso ha tenido mi esposo, pensé, él es así, es un gran hombre.
-¿Qué nombre le pondrás?- me preguntó tomándome tiernamente de la cintura.
Luego de pensar unos minutos, le contesté:
-Penélope, Penélope se va a llamar.
-¿Penélope?- se asombró- Es un nombre un poco raro, hasta te diría exótico. ¿De dónde lo sacaste?
-Penélope es el nombre del amor, es el símbolo del amor eterno, del gran amor que puede tener una mujer hacia su esposo.
Luego de decir esto, lo invité a sentarse en el sillón del living mientras Penélope comenzaba a recorrer y reconocer su nuevo hogar. Me dirigí hacia la cocina, abrí el refrigerador y saqué leche para servirle un poco a la perrita, pobrecita tenía mucho hambre, se la tomó toda, luego le serví el alimento balanceado que había comprado William. Cuando me desocupé, me dirigí hacia donde se encontraba mi esposo, me senté a su lado, él puso su cabeza sobre mi pecho y pasando mi brazo por detrás de él acariciaba su suave cabello, entonces me dispuse a contarle la historia de Penélope...
-Cuenta la leyenda que hace muchísimos años, en la antigua Grecia, vivía una hermosa mujer, tanto por fuera como por dentro, llamada Penélope; que estaba casada con Ulises, un fuerte guerrero que debía partir en su nave marítima hacia otras tierras. Ulises amaba eternamente a su bella princesa y esposa y Penélope también amaba a ese gran y valeroso hombre.
Cierto día Ulises partió, prometiendo a su amada que pronto volvería, se despidió de ella con un gran beso y se fue perdiendo en el horizonte del gran océano.
Penélope contaba cada día transcurrido desde aquella despedida, extrañaba a su esposo con alma y vida. Hasta que cierta vez su padre, el rey, le comunicó que una fuerte tormenta se había desatado en el océano y que la embarcación de Ulises y sus soldados había desaparecido; no los pudieron encontrar, los buscaron imperiosamente, pero todos los esfuerzos fueron en vano, parecía que se los hubiera tragado la tierra.
Fue pasando el tiempo después de aquella triste tragedia, Penélope no podía concebir que su amado y fiel esposo estuviera muerto. Su padre, al verla tan triste y acongojada, aferrada a un recuerdo que cada día se tornaba más doloroso, decidió que Penélope vuelva a creer en el amor, casándose con otro hombre.
Ante los ruegos imperiosos de su afligida hija, el rey hizo caso omiso a sus súplicas y convocó a los caballeros más adinerados de los otros reinos. Penélope le volvió a suplicar llorando a su padre que suspenda aquella orden, que ella no quería casarse con nadie, que ya tenía un marido a quien amaba y veneraba, pero al escucharla su padre le respondió que recapacitara, que su esposo había muerto y que la decisión estaba tomada. Entonces Penélope entregada ante su severo padre aceptó, pero le pidió que la elección del consorte fuera cuando terminara de tejer una bufanda, el padre ante el pedido de su hija, aceptó.
Penélope comenzó a tejer, siempre con la imagen de su eterno y amado Ulises rondando por su cabeza, y al llegar la noche, destejía todo lo tejido hasta ese momento. Y así fue por mucho tiempo. Penélope tejía de día y destejía de noche.
Cierta vez, su padre comenzó a desconfiar de la actitud de su hija y mandó a uno de sus súbitos a espiarla, porque no podía ser que tardara tanto tiempo en tejer una simple bufanda, ya que ella era muy habilidosa. El súbito del rey se acercó a la alcoba donde se encontraba Penélope, y espiando por la mirilla de la puerta, vio con asombro como la princesita al caer la noche destejía toda la bufanda.
Se dirigió apresurado a comunicarle al rey lo visto y éste al enterarse, enérgicamente ordenó confinar bajo siete llaves a Penélope, en la torre más alta del palacio, hasta el día de la boda.
Cuando aquel momento llegó, liberaron de su encierro a Penélope, la sentaron al lado de su padre y le presentaron uno a uno los caballeros que estaban dispuestos a casarse con ella.
Los caballeros deberían sortear ciertas pruebas de destreza muy peligrosas, uno a uno fueron cayendo y perdiendo, cuando ya no quedaba ningún caballero en pie, se asomó entre la muchedumbre que había asistido al acontecimiento, un hombre alto con una larga barba, desaliñado, que quiso también competir, todos se rieron al escucharlo, hasta Penélope sonrió, el rey pidió silencio y aceptó la propuesta del joven pordiosero, y entonces ante el asombro de todos los presentes, pasó todas las pruebas, él que estaba tan exhausto había podido lograr lo que los otros no habían podido.
El rey asombrado frunció el ceño, pues no le agradaba este joven para desposar a su hija, pero como era un hombre de palabra aceptó, y le presentó a la princesa. Penélope, al verlo acercarse a ella, notó que su rostro le resultaba conocido y cuando aquel hombre estuvo frente a ella y le habló, Penélope sonrió y lloró a la vez, ese joven harapiento no era otro más que su fiel y amado esposo Ulises; se abrazaron, se besaron, lloraron de emoción y hasta al rey le brotó una lágrima de sus ojos.
Y desde aquel feliz día vivieron felices por siempre.
-¡Qué buena historia!- comentó William. -¡Qué mujer inteligente eres Cristal!
-¿Inteligente, por qué?
-Porque hay que ser demasiado inteligente para acordarse con lujos de detalles de una historia que sucedió hace miles de años.
Lo miré dulcemente con la mirada de una mujer realmente enamorada y le dije:
-Te amo tanto William.
-Yo te amo a ti mi amor.
Sellamos esta declaración de amor con un apasionado beso, seguí acariciando su lacio cabello, mis dedos se entrelazaban en él, cuando quise hablarle me di cuenta de que se había quedado dormido, luego dirigí la mirada hacia abajo y observé que Penélope también se había quedado dormida. Despacio sin que se despertara Willy, quité mi brazo que lo cobijaba y apoyé delicadamente su cabeza sobre el cabezal del sofá, después sigilosamente me reincorporé y me dirigí hacia el cuarto para buscar una manta, con ella en las manos tapé a Willy, le quité los zapatos y acomodé sus pies en el sofá.
En aquel momento me quedé mirándolo, pensando: ¡Pobre Willy, está tan exhausto de tanto trabajar!
Fin del segundo capítulo.
Jue Abr 17, 2008 3:34 am
Brisa Marina
Registrado: 11 Abr 2008
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Hasta acá todo perfecto, pero te quiero ver Juana como dice mi mamá cuando vaya pasando los capítulos el rosa se va convertir en negro.
Jue Abr 17, 2008 3:38 am
sillll
Registrado: 15 Jul 2007
Mensajes: 806
Ubicación: Argentina
Gracias...por compartir esta historia....
Jue Abr 17, 2008 4:16 am
bubblegum fairy
Registrado: 14 Abr 2008
Mensajes: 75
q lindo escribes, q bueno que la compartes con todos, felicidades mujer!!!!
Jue Abr 17, 2008 5:10 am
Brisa Marina
Registrado: 11 Abr 2008
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