Hoy me preguntaron por qué defiendo tanto a los animales. Parecía que estaba cometiendo un sacrilegio, como si protegerlos a ellos me hiciera el corazón indiferente a los problemas que nos tocan a los seres humanos.
¿Por qué habría de darles la espalda? ¿Por qué habría de pensar que su dolor no es tan importante? ¿Porque no saben resolver ecuaciones matemáticas? ¿Es esa la razón?
Con tanto desprecio se usa el nombre de un animal para descalificar a alguien. Como una descarga eléctrica recibe un hombre cualquier frase que le haga parecer uno de ellos. ¿Por qué menospreciarles? Su pecado es ser diferentes, vivir de otra manera, comunicarse de formas que no podemos entender. ¿Acaso necesitan ser como nosotros para sobrevivir? Si así fuera, la crueldad tampoco se justificaría. ¿Por qué ese odio hacia quienes consideran inferiores? ¿Por qué someter en lugar de proteger?
Desde pequeños nos enseña a considerar a los animales como juguetes a nuestra merced. Se nos alimenta de sus cadáveres y se nos acostumbra a verlos enjaulados o en el circo realizando trucos antinaturales.
Al mismo tiempo nos inculcan mensajes sobre lo importante que es el respeto a los humanos, aprendemos a usar una palabra como "humanidad", que al pronunciarla parece ser acompañada por música celestial. Se nos enseña que discriminar está mal y que ser hombre o mujer, tener un color de piel u otro, ser más o menos "inteligente", no son cosas importantes, que frente a las diferencias los humanos merecemos un mismo respeto.
Este mensaje está incompleto. Es cierto que el sexo, el color de piel, o el grado o tipo de inteligencia no es relevante cuando hablamos del respeto a la vida, a la libertad o al sufrimiento de los demás, pero también es cierto que la especie a la que se pertenezca tampoco. Lo único importante para respetar estos intereses básicos es la capacidad para sentir y esta capacidad la compartimos todos.
Me es inconcebible aceptar que se pase por encima de sus derechos. Qué pena que sus voces inocentes no sean escuchadas.
Ni siquiera es una cuestión de amor, mucho menos de lástima. Es un principio de justicia. Los animales merecen respeto y no deberían de esperar que un espíritu sensiblero se apiade de sus vidas o les quiera por ser bonitos. Pido justicia, pido que deje de tomarse a broma su padecimiento, pido que deje de usarse su nombre peyorativamente, pido que no se violen más sus derechos.
A decir verdad, el dolor del animal es mi herida que llevo en el alma hecha pedazos. Derramo lágrimas negras por ese dolor que duele como el mío, como el tuyo, como el de mis amigos. Lloro fuego y espinas salen de mis ojos por esos gritos que nadie escucha aunque haya sangre en sus cuerpecitos maltratados. Lloro relámpagos de ira porque se minimiza el sufrimiento de ellos y probablemente mis sollozos no se apaguen hasta el último de mis días.







