Autor Tema: Batallitas. Parte 3.  (Leído 107 veces)

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Batallitas. Parte 3.
« en: Julio 05, 2014, 05:02:12 am »
Sonó el timbre y abrí la puerta. Al otro lado estaba mi colega con ellas dos.
Justo como habíamos hablado, pero algo peor de lo que me esperaba.

Cuando alguien ve a alguien por foto se hace a la idea de que la realidad es diferente. Normalmente detrás de esa foto de perfil en ángulo contrapicado se esconde una gorda. Detrás de esa foto con brillo altísimo se esconde un orco. Es de cajón.


En este caso ellas eran dos hermanas con un marcado acento de barrio, pendientes de corales, más oro que el que nos trajimos de las Américas y ropa de dudoso gusto. Dos chonis de manual, "tribu urbana" que detestaba, detesto y detestaré.

Una de ellas tenía un cuerpazo de infarto. Buenas tetas, unas piernas casi infinitas que acababan en un culo respingón duro como una piedra y una cinturita de avispa que invitaba a agarrarla mientras se cabalga.
La otra era un bicho palo culiplano y tetiplana. Tenía una "belleza extraña". Unos ojos celestes que cautivaban y una sonrisa perfecta y preciosa. Siempre he preferido tetas y culo a ojos y sonrisa.
Sabía que la buenorra era para el y que yo estaba ahí para acompañar a la amiga (en este caso hermana) fea del pivón. Maldecí a mi amigo mentalmente y decidí sacrificarme por el equipo. Al fin y al cabo eso es lo que hacemos los colegas, no todo va a ser juergas, playstation y charlas de fútbol y tías.

Le lancé una mirada asesina a mi amigo mientras sonreía en la que le decía "pero que cojones me has traído cabron?", el me lanzo una de perrito degollado diciéndome "se que te he vendido la moto, lo siento hermano". Los tíos cuando nos conocemos de mucho tiempo nos comunicamos perfectamente a base de miradas y gruñidos. El hombre está en la cúspide evolutiva en lo que a comunicación se refiere.
Los invité a pasar, les dije que se sintieran como si estuviesen en mi casa y ofrecí algo de beber. El que es un anfitrión cojonudo debe serlo bajo todo tipo de circunstancias.


Llovía fuertemente en la calle, así que decidimos quedarnos en casa y montarnos la juerga por nuestra cuenta. Teníamos música, teníamos copas. No necesitábamos nada más.


A medida que las copas iban cayendo y nos íbamos conociendo la "bichopalo" y yo, los otros dos iban más deprisa. Poco tardo ella en sentarse sobre el. Poco tardo el en dejar sólo una mano a la vista. Risitas de complicidad, chascarrillos sexuales a mansalva y demás parafernalia.

Después de muchas copas, mucho tiempo charlando y mucha putamierda rumbera que ponían ellas mi colega y su amiguita decidieron que ya era hora de que nos fuésemos a "dormir".
Yo no estaba todo lo borracho que quisiera y no estaba todo lo cansado que debiera para caer dormido en el acto, pero lo vi mejor opción que quedarme privando en soledad hasta que el alcohol tomara el completo control de mi cerebro. No había congeniado con la chavalita en ese tiempo, tampoco me atraía físicamente, ella no mandaba "señales"... no había nada que hacer con eso.

Subimos los cuatro a la planta de arriba y les ofrecí a la parejita feliz su nidito de amor para esa noche. Al bicho palo un terrario acogedor que cubría todas sus necesidades.


Me pilló totalmente de sorpresa cuando me dijo "que que? Tu estas flipado! Yo no duermo sola ni de coña, me da miedo. Yo duermo contigo te guste o no". Mi cara debió ser tan poética que mi amigo me agarro el brazo, me metió en el baño de arriba y me dijo con cara de mala hostia "follatela cabronazo, no la jodas y follatela.  En peores plazas has toreado"
Hay dos frases que hacen que el sentido común de un hombre se esfume más rápido que un bollicao en la puerta de un colegio somalí. Una es "no hay huevos". La otra es "en peores plazas...".


La lleve a mi habitación y ella se fue un momento a "arreglarse para dormir". Yo me metí en la cama a esperar que volviera. Suelo dormir completamente desnudo pero por educación me deje los bóxer puestos. Ella volvió con un pijama horrendo de Minnie Mouse en vez de con el picardías que esperaba que trajese. Mi cerebro lo interpretó como una ofensa que pasó a ser insulto cuando se acostó y se quedó en una esquina de la cama tiesa como el bichopalo que era.
En ese momento pasó de ser esa tía que no me gusta, a esa tía que viene a mi casa, se mete en mi cama y no tiene intención de follar. Eso es completamente inadmisible y mucho menos en mis dominios. Si entras en mi cama puedes darte por follada.

Empezamos a charlar y me fui arrimando poco a poco "disimuladamente". Empecé a rozarla, a hablarle muy cerca de la cara... recuerdo que hasta le eche una pierna por encima y la muy puta ni se inmutaba. Me tenía que follar a esa tía que no me gustaba y con la que no conectaba porque "en peores plazas hemos toreado y mi honor está en juego". En ese momento esas palabras eran totalmente coherentes en mi cabeza. Cosas de tíos supongo.

En uno de esos movimientos "disimulados" le metí la mano por dentro de esa horterada de pijama y empecé a hacerle "cosquillitas" en la barriga (dura como una roca, como mi polla en ese momento. Me encantan las tías con el abdomen duro) mientras charlábamos. La muy puta ni se inmutaba y empezaba a sentirme como un baboso pesado.
Pensé en desistir pero decidí hacer lo mismo en su espalda, "ya me dirá algo cuando sea insoportable" pensé.
Pero ahí su piel se erizó, su cara mostró una expresión placentera y su cuerpo sufrió una sacudida fruto de un brutal escalofrío. "No sigas por ahí que me pierdo y no respondo" me dijo. "Obviamente voy a seguir por ahí, y lo sabes" le contesté en tono chulesco.
Si un hombre no es capaz de provocar esta reacción con rozar la piel de una mujer en abdomen, cuello o espalda es que tiene muñones en vez de manos. Y yo con las manos soy un mago. Soy el dynamó del contacto físico, el Juan tamariz del sexo.


"Hay una rata mirándome y eso me corta muchísimo el rollo". Es la excusa que puse para quitarle la parte de arriba del pijama con un estampado horrendo (catastrófico, apocalíptico) de minnie mouse aprovechando el momento de confusión que provocó mi comentario. Dejé al descubierto unos pechos ridículamente pequeños. Parecía más el torso de un chico adolescente escuálido que el de una veiteañera, pero ya no había marcha atrás.

La besé suavemente mientras le acariciaba el pelo y ella me correspondía de la misma manera. Me subí encima de ella y empezamos a frotarnos todavía con ropa muy despacio, muy suave... Como dos adolescentes absurdamente enamorados que no se atreven a dar el paso a "lo real". Nos quitamos la poca ropa que nos queda mutuamente sin dejar de besarnos un sólo segundo de una forma tan sincronizada que parecía que lo hacíamos a menudo.

Ella se subió encima y cuando le vi las intenciones estiré la mano para buscar un "chubasquero del amor" en el cajón de la mesita de noche. Me agarró ambas muñecas y en cuanto abrí la boca para decir que iba a sacar un condón me mando a callar chistándome suavemente mientras me guiñaba un ojo... y se dejó caer. Encajamos a la perfección, como encaja una tuerca y un tornillo.
Lo hicimos suavemente. Mirándonos a los ojos. Acariciandonos mutuamente. Tan juntos que sentía el latir de su corazón en mi pecho. Tan apretado aquello que notaba los espasmos que daba su vagina contra mi rabo.
Nos habíamos enamorado sin amor, estábamos haciendo el amor sin sentimientos de por medio. Algo jodidamente increible.

Cuando llegó el momento culmen fui a sacarla, me sujetó la cadera y me susurró unas palabras al oído. "Acaba dentro que esta controlado, No la saques que te mato". Acto seguido noté como me clavaba las uñas en la espalda y ambos nos retorcimos en una explosión de placer y fluidos.


¿Que pasó después?

Nos seguimos viendo durante los tres años siguientes casi a diario. Íbamos a comer a casa de sus padres los domingos. íbamos juntos a pasear, al cine, de marcha y a todas esas polladas de parejas. Éramos novios sin serlo. Algo menos que novios y algo mas que follamigos. Eramos amigovios.
Ella se seguía viendo con otros tíos y yo con otras chicas y a ninguno nos importaba. No hablábamos de ello y no habían paranoias por ninguna de las dos partes. Sólo teníamos una norma, nunca exigirnos que dejásemos de ver a otras personas. Funcionó genial. Éramos lo que hoy en día se llama una "pareja liberal" con una "relación abierta". Doy fe que es algo completamente viable.

Pasado el tiempo se operó los pechos y yo fui el que los estrené (en teoría). Un día me confesó que lo hizo para/gracias a mi. Ambos estábamos súpercontentos con sus tetas nuevas, no había color entre el antes y el después.

En 2012 pasó un acontecimiento que cambió radicalmente mi vida y me distancie bastante de la sociedad (ella incluida). Ahora tiene una niña preciosa y una relación "normal". No pierdo la esperanza de que mantenga el pacto que hicimos de "si nos echamos pareja seguiremos siendo amantes a escondidas". Mi teléfono aún no sonó para ese fin (mantenemos el contacto pero no le tiro la caña, creo que he de respetar su situación actual y dejar que ella sea la que me busque a mi).

Mi amigo y yo nos llamamos "cuñaos" desde esa noche.

Ha sido sin duda la mejor amante que he tenido nunca. Si hubiese brotado el amor entre nosotros seguramente seguiríamos juntos y felices, pero no fue así... tampoco me importa.


resumen: una tía que no me gusta en un principio hace que pierda la puta cabeza con ella en la cama. Llegamos a hacernos "pareja abierta" incluso. La mejor experiencia sexual y "sentimental" de mi vida con diferencia. Es posible llevar una relación así sin celos y sin movidas, sólo se tienen que dar las condiciones adecuadas.
« Última modificación: Julio 05, 2014, 09:36:53 am por Nemesis 2.0 »