Autor Tema: Tempestad Petrifícada  (Leído 25 veces)

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Tempestad Petrifícada
« en: Julio 20, 2016, 11:06:31 pm »
Tempestad petrificada. De esta manera tan escueta pero tan acertada describió el genial Miguel de Unamuno los paisajes atormentados del corazón de la isla de Gran Canaria. Y no es para menos. Si subes desde la capital hacia las cresterías, la geografía isleña se muestra amable con suaves rampas que suben de manera incesante hasta el borde de la Caldera de Tejeda.

Entonces, la naturaleza impone su fuerza y los paisajes plácidos, casi bucólicos, se convierten en todo un desafío a las leyes de la lógica y, sobre todo, a la gravedad. Las piedras se retuercen hacia el abismo y los pequeños pueblos, como Artenara o Tejeda, parecen vivir en un permanente estado de alerta ante la posibilidad de caer por el risco o quedar sepultado por él.

Vieron los antiguos canarios actuaciones mágicas e inexplicables en la posición y forma de estos gigantes de piedra. No es de extrañar que para aquellos hombres y mujeres, valientes como pocos, los pitones de basalto del centro de la Isla tuvieran consideración sagrada.



TEMPESTAD PETRIFÍCADA

En manto terrenal por vestidura
que acaba en las alturas coronada,
se siente liberada de atadura
buscando en las alturas su morada.

En roques prominentes se aventura
clavando entre las nubes su estocada,
con raudo vendaval cielo conjura
en una tempestad petrificada.

El Nublo es el legado milenario
que en canto de oración que se acrecienta,
es núcleo y fundamento del santuario 

de al pueblo que orgulloso representa.
Custodio de los sueños del canario
que ungido en temporal se fundamenta.



PD: El "timple", típico y pequeño instrumento de cuerda de las Islas Canarias, traspasa la barrera del folklore y nos seduce con bellas baladas como ésta, del compositor y timplista lanzaroteño Benito Cabrera, "Nube de hielo"
El poema es de creación propia.

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